Antes de que los representantes de los 68 pueblos indígenas le dieran el bastón de mando al presidente Andrés Manuel López Obrador, el Zócalo de Ciudad de México enmudeció unos segundos.

Había comenzado la ceremonia de Xochitlalli, un ancestral ritual dedicado la madre Tierra y donde se hicieron plegarias a los dioses indígenas por la vida, la libertad, el alimento, los muertos, las raíces indígenas, así como la salud, la riqueza, el amor y la alegría de los mexicanos.

“Les voy a pedir que todos giremos hacia donde sale el sol, con la mano levantada”, pidió un sacerdote indígena a las miles de personas que asistieron al evento cultural por el inicio del nuevo gobierno de AMLO.

Mientras el ocaso se hacía y los caracoles sonaban, la gente reunida en el Zócalo seguía las instrucciones del ritual, que fue televisado y transmitido por los medios de comunicación de México y el mundo.

Mujeres, hombres, niños y ancianos. De todo llegó a la Plaza de la Constitución, en el Centro Histórico de Ciudad de México. Rostros esperanzados que se repetían. Gente harta de la inseguridad, de las desapariciones, de la corrupción. Otros tantos fervientes seguidores de López Obrador, quien llegó a la presidencia después de su tercer campaña electoral.

“Estamos muy esperanzados en la cuarta transformación y vamos a apoyar al presidente para que el país salga adelante, porque creo que México se va a hacer con los jóvenes, porque hemos sido muy desaprovechados e ignorados por gobiernos anteriores”, dijo Marisol Franco, de 26 años de edad, quien acudió al evento con sus amigos.

“Ojalá que a todos nos vaya bien, porque México está devastado. Quisiera que lo primero que hiciera el presidente sea lo de la Guardia Nacional para poner el orden y luego quisiera que hubiera generación de empleos porque está muy fea la situación”, declaró la señora Cecilia González Samaniego, una mujer de 50 años que también participó en el ritual.

“Espero justicia, espero democracia, espero pluralidad, inclusión, espero salvar a los pueblos indígenas, a las comunidades rurales, a los jóvenes, a los niños, a los adultos de la tercera edad, espero que el compromiso (que AMLO) hizo se cumpla, porque lo vamos a ayudar, no es un hombre solo, es una lucha de todos”, dijo Carolina Vázquez, otra de las asistentes.

Tras media hora de ritual, vino otro silencio en el Zócalo: Andrés Manuel López Obrador recibió un bastón de mando, cuya parte superior se encontraba una cabeza de Quetzalcóatl, una divinidad prehispánica.

"Presidente, reciba de nuestras manos y a nombre de nuestro pueblo, este símbolo que lo guiará. Y recuerde, los pueblos indígenas y el pueblo afromexicano le brindamos nuestra confianza y nuestro compromiso”, le dijo a AMLO la señora Carmen Santiago, originaria de los valles centrales de Oaxaca.

Después siguió la fiesta, el choque de los caracoles, los tambores y la música de viento que emula el sonido de las aves, así como el estallido de los cohetones en el cielo.

Nada que ver con el 1D (1 de diciembre) de 2012, cuando Enrique Peña Nieto asumió su cargo, mientras en las calles se escuchaba el estruendo de los petardos, los gritos de las personas que reclamaban la imposición del entonces presidente.

Aunque México tiene un Estado laico, este ritual indígena ha marcado la historia, al menos de los protocolos de la investidura presidencial, pues nunca antes un mandatario lo había hecho.