Representantes de la sociedad civil con VIH solicitaron al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y al Sistema Nacional de Salud evitar la compra de medicamentos de alternativa terapéutica para personas con VIH, pues no han demostrado efectividad y seguridad.

El coordinador general de la organización Derechohabientes Viviendo con VIH del IMSS (DVVIMSS), Luis Adrián Quiroz, señaló que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) autorizó el registro de claves de los medicamentos Succinato y Darunavir, con la finalidad de sustituir al antirretroviral actual, aun cuando éste ha demostrado su eficacia durante años.

“Hay una norma 177 (NOM-177) que te dice que para que un medicamento sea genérico intercambiable tiene que tener la misma estructura, nombre y apellido igual, y en este caso no son iguales”, recalcó.

El pasado 28 de septiembre, el comisionado de Autorización Sanitaria de Cofepris, José Antonio Romero Delgado señaló que el medicamento Tenofovir Disoproxil Succinato/Emtricitabina “cumple con la misma seguridad, eficacia y calidad que el medicamento de referencia”.

En el documento firmado, agregó que el medicamento fue evaluado como una alternativa farmacéutica al ser una sustancia activa igual, pero con una sal diferente, por lo que el medicamento es considerado como genérico.

Sin embargo, Luis Adrián Quiroz indicó que organizaciones de personas con VIH se reunieron con expertos en farmacología, quienes aseguraron que no se trata de un medicamento genérico, sino de un medicamento alternativo, cuya efectividad y seguridad no ha sido probada en protocolos de investigación con pacientes mexicanos.

En conferencia de prensa, los representantes de la sociedad civil de personas con VIH y LGBT aseguraron que han mantenido acercamientos con los integrantes de las comisiones de salud en la Cámara de Diputados y en el Senado para evitar que los antirretrovirales puedan ser sustituidos en la próxima licitación de medicamentos que tendrá lugar la próxima semana.

Subrayaron que su principal preocupación es que las alternativas terapéuticas puedan mantener efectos adversos y perder la calidad y sobrevida de 45 años o más que brinda el tratamiento actual a los 96 mil pacientes que reciben antirretrovirales en el sector salud.