El pescado que comiste el fin de semana pidas en algún restaurante tal vez no sea el que compraste y, en su lugar, haya sido sustituido por otro de menor valor sin que te hayas dado cuenta.

El informe “GatoXLiebre”, realizado por la organización Oceana México, reveló que el 31% de las pescaderías, supermercados y restaurantes en Ciudad de México; Mazatlán, Sinaloa; y Cancún, Quintana Roo, entregan al cliente un pescado diferente al que compró.

De manera individual, de acuerdo con el informe, los resultados sobre los comercios que dieron otro producto fueron los siguientes:

  • 16.5% de supermercados
  • 36.5% de pescaderías
  • 33.5% de restaurantes

Las especies que más se cambiaron fueron:

  • El pez dorado en 85% de los casos
  • El huachinango en 78% de los casos
  • El marlin en 83% de los casos
  • El mero en 100% de los casos
  • El robalo en 50% de los casos

Algunos ejemplos de los pescados que compras y los que se entregan:

  • El marlin es sustituido regularmente por atún aleta amarilla, pero 20% de las ocasiones también por tiburón
  • El huachinango fue cambiado casi siempre por pescado de menor valor, incluso por especies muy distintas, como la raya látigo
  • La mitad del robalo fue sustituido por pescado marino de buena calidad, que suele ser desconocido para la mayoría de las personas, como conejo, corvina o esmedregal.

Las causas

El estudio explica que “el engaño y fraude” en la comida del mar se da en medio de una compleja cadena de comercialización en la que participan muchos intermediarios. La sustitución puede darse en el barco, desembarque, transporte, lugar de procesamiento o punto de venta final.

Señala que pese a que México exige documentos que acrediten la procedencia legal del producto y se contemplan acciones de inspección y vigilancia para determinar la inocuidad del pescado y marisco, aún carece de requerimientos de trazabilidad que permitan rastrear el pescado hasta la mesa.

El costo

La publicación resalta que pese a que no siempre la sustitución de especies es motivada por una ganancia económica, siempre hay un costo por la sustitución: a veces lo paga el consumidor, otras el mar y muchas otras los pescadores, comercializadores y restauranteros. Es decir, la competencia se vuelve desleal.

El impacto no sólo es económico, también en la salud de los mares. El informe señala que la mejor forma que tenemos quienes no somos pescadores ni autoridades pesqueras de conocer cómo están las poblaciones de pescado es a partir de los menús y las etiquetas. “Según observemos la disponibilidad de nuestros pescados favoritos, sabremos si continúan en abundancia o no. Sin embargo, la constante presencia de los pescados en los menús nos puede dar una falsa idea de abundancia en los mares, la cual no corresponde siempre con la realidad”.