Si caminas con frecuencia por la zona que rodea el Monumento a la Revolución, en el centro de la Ciudad de México, seguro has visto a decenas de personas, en su mayoría jóvenes, que platican entre sí con un inglés fluido. Habrás notado también la presencia de pequeños locales de comida en los alrededores que lo mismo te atienden en inglés que en español. Y tal vez has escuchado que algunos ya conocen el lugar como el Little L.A. (el Pequeño Los Ángeles).

La causa de este curioso fenómeno en el corazón de la capital se halla en un edificio de mediano tamaño, de un color entre café y gris, ubicado a un costado de la Plaza de la República, ya que ahí se encuentran las oficinas de un call center, uno de los sectores que contratan a los miles de mexicanos que cada año son deportados de Estados Unidos por su condición de indocumentados.

Regresar a México fue para muchos una experiencia más bien traumática. Y es que aunque son mexicanos, sus padres se los llevaron cuando apenas eran niños, o incluso bebés, por lo que en el mejor de los casos guardan un recuerdo vago de su lugar de origen. Algunos ni siquiera hablan bien el español. Prácticamente crecieron e hicieron toda su vida en Estados Unidos hasta el día que los expulsaron, y al llegar al país que los vio nacer se encuentran con que aquí también les cierran las puertas para seguir estudiando o conseguir un empleo, salvo en sitios como ese edificio aledaño al Monumento a la Revolución.

Entre enero de 2013 y abril de 2018 fueron repatriados 1 millón 244 mil 552 mexicanos provenientes de Estados Unidos, según datos del Instituto Nacional de Migración. Y lo que es más grave, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca aumentó la cantidad de migrantes detenidos en territorio de EE.UU. para luego ser expulsados (de 65 mil 332 a 81 mil 603 entre 2016 y 2017).

En otras palabras, el perfil del migrante retornado en la era Trump es cada vez más el de alguien que ya había hecho una vida en el país vecino y no del que apenas intentaba cruzar la frontera. La mayoría, por cierto, son mexicanos, de acuerdo con cifras del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).

Frente a este panorama, Andrés Manuel López Obrador señala en su proyecto de nación que, de ganar las elecciones, apoyará “la inserción digna de los migrantes mexicanos de retorno al mercado de trabajo”. Su plan propone destinar 144 millones de pesos anuales para ayudar a 2 mil repatriados con un apoyo económico de 6 mil pesos mensuales.

Pero no todo es dinero

La propuesta de AMLO incluye fortalecer un subprograma federal llamado “Repatriados trabajando”, dependiente del Servicio Nacional de Empleo de la Secretaría del Trabajo (STPS), que actualmente apoya a mexicanos retornados en los distintos cruces fronterizos del norte del país con mil 500 pesos para buscar empleo en esa región y otra cantidad similar para alimentación y hospedaje. O bien, si decide regresar a su lugar de residencia, con mil 500 para la compra de boletos del viaje y de 500 a mil para la búsqueda de trabajo en su estado de origen.

Marco Castillo, director de la Red de Pueblos Trasnacionales en Nueva York, opina que repartir dinero sirve de algo pero como solución al problema migratorio es “incompleto e insuficiente”. Lo que se necesita es un acompañamiento integral para que estas personas puedan reiniciar su vida.

Una buena política pública de reinserción tendría que pasar por muchas dependencias del gobierno e ir desde facilitar a los migrantes el acceso, revalidación y apostillamiento de sus documentos oficiales (lo cual muchas veces se torna en un laberinto legal y burocrático que cuesta dinero, tiempo y esfuerzo) hasta cerrar las brechas salariales que existen entre nuestro país y Estados Unidos.

El nuevo gobierno tendría además que trabajar en sensibilizar a la sociedad para evitar prácticas discriminatorias. “Lo mexicanos muchas veces no estamos preparados para recibir a una persona que viene de una cultura distinta, ya sea extranjero o un mexicano retornado; la discriminación sigue siendo algo presente”, opina el experto.

También es fundamental atender su salud mental porque los repatriados regresan con un fuerte nivel de estrés y de trauma producto de la detención y separación familiar.

“La salud mental es esencial para la construcción de un plan de vida y sigue sin existir un programa específico para atender a los migrantes retornados en superar la crisis del retorno. Si eso no sucede, los migrantes difícilmente podrán inscribirse en una nueva realidad”

Marco Castillo, Red de Pueblos Trasnacionales

Así que más que programas asistenciales, lo que debe crecer es el presupuesto para fortalecer las capacidades oficiales del Estado mexicano en atender integralmente el fenómeno migratorio. El puntero en las encuestas sí habla de una estrategia integral para reincorporar a los migrantes de retorno en el ámbito social y laboral, pero no detalla en qué consistirá.

Hasta ahora, opina Castillo, “todos los candidatos están llenos de buenas intenciones, pero pocos son los que han propuesto algún contenido o propuesta de política pública que sea contundente y clara al respecto”.

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