Cuando este año Ciudad del Cabo estuvo a un paso de quedarse sin agua al abrir la llave, Ciudad de México se vio ante el espejo. La mala planificación urbana, la sobrepoblación de la zona y la sobreexplotación de los acuíferos son algunos de los factores en común; y de hecho cuando se enumeraron otras ciudades que podrían sufrir el mismo destino, la CDMX estuvo entre ellas. El problema es que el resto del país tampoco está mucho mejor.

Basta con ver algunos datos recopilados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. En todo el país hay 8 millones de hogares que no reciben agua corriente de forma regular. Son la cuarta parte del total. De los 280 acuíferos más importantes del país, 105 están sobreexplotados. Los segundos suministran agua a más 60% de la población del país. El artículo Four billion people facing severe water scarcity cifra en 20 millones a los habitantes de México que enfrentan grandes problemas por la falta de agua en periodos que van de cuatro a seis meses al año.

No hay que ser un experto para darse cuenta que esto es un verdadero problema y cualquiera que aspire a gobernar el país durante los próximos seis años debería tener un plan para atajar la situación. AMLO, Morena y sus aliados llevan en su programa revisar en profundidad las políticas y actores en temas de agua y “fomentar ecotécnicas para la captación de agua de lluvia y el manejo integral del agua”.

La principal entrada de agua dulce a los acuíferos y ríos son las lluvias, que en un 67% se concentran de junio a septiembre. Durante el año 2012, según datos de la Semarnat, de los mil 488 kilómetros cúbicos que cayeron sobre México, se evaporaron sobre el 70%, por lo que quedaron 471 kilómetros cúbicos. Estos se repartieron de forma muy desigual. Por ejemplo, en la región Frontera Sur cayeron más de un tercio del total, mientras que en el Valle de México, se quedaron menos de 1%.

Si se considera a la Ciudad de México el laboratorio del resto del país en este tema, Iztapalapa sería uno de los mejores campos de pruebas. El análisis La gestión del agua potable en la Ciudad de México de 2017 cifra en 400 mil los iztapalapenses que padecen escasez de agua.

En esa delegación es donde el investigador Juan José Santibañez, un sociólogo reconvertido en cosechador de agua, lleva años instalando en escuelas sistemas de captación de agua de lluvia y pozos de infiltración de agua para facilitar su vuelta al acuífero. Su concepto es que así se benefician miles de niños a la vez que aprenden sobre cómo aprovechar mejor el agua que cae del cielo.

¿Cómo deberían cambiar las políticas sobre el agua?

“Toda el agua que usamos es agua de lluvia, pues la que cae en las montañas de Michoacán, Guerrero o Edomex se transporta con un gasto energético colosal y construir los sistemas de presas, represas, plantas de potabilización ha supuesto enormes montos financieros”, cuenta el investigador vía correo electrónico.

Santibañez explica que a lo que se llama captación de lluvia es aprovechar el agua que cae en el espacio urbano para atender el déficit que se padece en lugares como CDMX y así poder evitar buscar agua en otras cuencas. Poco a poco, la idea es reemplazar la importación de agua de cuencas lejanas por el autoabasto desde la cuenca sobre la que se asiente la urbe. Aclara que no se trata de recolectar agua de lluvia, sino de cambiar totalmente el paradigma.

“Lo central es que sea un sistema de abasto local hecho posible por mecanismos de colecta, almacenamiento, uso y reciclado en un modelo sustentable”, continúa, “esto requiere no solo ecotécnicas como unas herramientas, sino algo mucho más fino”.

Para ejemplificar elige, como no, Ciudad de México. “Primero deberían identificar el volumen de escurrimiento del agua de lluvia desde las partes altas, las montañas que cierran la ciudad, calculando las pendientes, las variaciones de las tasas de lluvia por el cambio climático, los sistemas de almacenamiento...”, enumera, “y requerimos sistemas que permitan al agua de lluvia atravesar la pavimentación de las calles y recargar el acuífero

Santibañez defiende una política sistemática de pozos de infiltración. Esto mataría dos pájaros de un tiro: se recargaría el acuífero y se evitarían las inundaciones en las zonas bajas de la ciudad. También habría que reparar las fugas de tuberías y demás partes del sistema, ya que en CDMX el 40% del agua que sale del acuífero se pierde en el camino a las casas; y establecer protocolos de reciclamiento de agua tanto potable como de uso agrícola o industrial.

“Todo esto requiere una política pública, de unos planes detallados, algo que no se logrará de un día para otro”, finaliza, “el vínculo de la política con la ciencia no es un tema en las campañas. No parece muy urgente a los partidos políticos en esta coyuntura, ya que se trata por encima de todo de la conquista del poder gubernamental”.

Mientras, el pasado viernes, las autoridades de CDMX anunciaron una contingencia por falta de agua.

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