Desde el viernes pasado, las partículas de contaminación de 2.5 micras cubren la Ciudad de México. Pero no fue hasta este martes que las autoridades decretaron una Contingencia Ambiental Extraordinaria ya que, en los protocolos actuales de la ciudad, las contingencias solo pueden decretarse por ozono o partículas PM 10, pero no por las PM 2.5, que son las que ahora llenan la capital. Esta es la quinta Contingencia Ambiental de 2019.

Durante 2017, según el último estudio gubernamental de Calidad del aire en la Ciudad de México, “las concentraciones de ozono, partículas menores a 10 μm (PM10) y a 2.5 μm (PM2.5) continuaron superando los valores recomendados para la protección de la salud pública”.

De acuerdo con Fátima Masse, autora de varios artículos sobre la problemática de la contaminación y las contingencias para el Instituto Mexicano de la Competencia, las autoridades actúan de forma reactiva. “Es asombroso que dejaran que esta situación se prolongara durante días cuando ya era muy grave”, explica.

Las contingencias ambientales se decretan cuando alguna de las estaciones de la red de monitoreo supera los 150 puntos IMECA en ozono o PM 10. Masse se pregunta cómo es que no hubo suficientes razones para decretar una alerta si los niveles de la mayoría de las estaciones ya triplicaban los máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud, aunque no rebasaran esos 150 puntos.

También se cuestiona cómo es posible que, aunque las partículas PM 2.5 se miden desde hace más de 15 años y son mucho más peligrosas que el resto de contaminantes, no exista un protocolo de contingencia ambiental exclusivo para ellas.

¿Cuáles con las consecuencias para los ciudadanos?

De acuerdo a un estudio realizado en 2015 por Masse para el Instituto Mexicano de la Competencia, en la Zona del Valle de México, la contaminación del aire causó mil 823 muertes prematuras, 4 mil 494 hospitalizaciones y más de 247 mil 729 consultas médicas.

“Usamos una fórmula de la Organización Mundial de la Salud que calcula qué fracción de las muertes naturales en general y por causas respiratorias y cardiovasculares y algunos tipos de cáncer está asociada con la mala calidad del aire, ya que no existe un certificado de defunción por mala calidad del aire”, nos explica la autora.

Estos datos se complementan con los del estudio No apto para los pulmones, publicado por REDIM y Greenpeace México. Según este texto, “más de 17 mil de las muertes que ocurren anualmente en el país están asociadas con la calidad del aire”, y cifra unos costos asociados al año de 577 mil 698 millones de pesos.

“A nivel de salud, sus impactos son los padecimientos que genera como crisis respiratorias, de asma, alérgicas, y problemas sobre el sistema cardiovascular...”, nos explica Masse. Estos afectan a la economía, tanto por sus costes médicos como por las mermas en la productividad.

De acuerdo con los registros de la ciudad, desde 1988 y sin contar la de hoy, ha habido 69 contingencias ambientales: 61 por ozono y 8 por partículas PM 10. En marzo de 1992 se dio la mayor concentración de ozono desde que la ciudad tiene registros, 398 puntos máximos, y en enero de 2000, la de partículas PM 10, 385 puntos máximos. Fue 1993, con 12 contingencias ambientales, el año que se activó más veces este mecanismo, seguido de 2016, con 10.

“Al Gobierno de la ciudad no le gusta prevenir. Tiene los mecanismos para controlar las emisiones, pero solo actúa de forma reactiva. Se deja que la ciudad vaya al límite y, cuando hay situaciones extremas, como ahora o en 2016, la cosa siempre truena” . Y se lamenta Masse: “Nos hemos acostumbrado demasiado a este tipo de eventos”.