Hace casi tres décadas que el Partido del Trabajo está en la vida política mexicana. Tres décadas en las que ha tenido tiempo de estar con todos. Alimentado desde la sombras del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, posteriormente se convirtió en allegado de quien fuera: PRI, PAN, PRD y Morena. De estar a punto de morir en 2015, a subirse a la ola de Morena y ser ahora la tercera fuerza en la Cámara de Diputados. Una historia con más giros de guión que una telenovela.

El PT de México se fundó en 1990. De acuerdo con el politólogo Octavio Rodríguez Araujo en Los partidos políticos en México, origen y desarrollo, “el gobierno de Salinas apoyó de diversas maneras la formación de un nuevo partido con tintes izquierdistas y que, presumiblemente, le quitaría votos al PRD. Este nuevo partido fue el Partido del Trabajo, formado por antiguos amigos de Carlos y Raúl Salinas de Gortari y militantes de otras organizaciones de izquierda de influencia maoísta”.

El PT es un partido que se define como izquierdista. Tiene precedentes en corrientes caducas como la maoísta y la troskista, pero si uno analiza su trayectoria y aliados políticos, es más un camaleón. Un partido pragmático, preocupado por tener espacios de poder, nos explica el politólogo experto en sindicalismo e izquierda Aldo Muñoz Armenta.

“Pero el nombre del PT y sus siglas generan suficiente atracción en electores desinformados y nostálgicos de lo que fueron los partidos de izquierda cercanos a los trabajadores”, comenta. El PT comparte siglas y logo con otras agrupaciones genuinamente de izquierdas como el Partido dos Trabalhadores de Brasil y Lula da Silva.

“El gobierno de Salinas apoyó un nuevo partido que quitara votos al PRD”

Octavio Rodríguez Araujo en 'Los partidos políticos en México, origen y desarrollo'

Para entender cómo Carlos Salinas de Gortari llega a la conclusión de que es mejor tener dos partidos de izquierda que uno, merece la pena recordar uno de los momentos más polémicos de la historia política mexicana: las elecciones de 1988.

“A Salinas no le gustaba que el PRD cubriera todo el espacio de la izquierda mexicana. Con el propósito de dividirla, fomenta la creación del PT con liderazgos perdidos de la izquierda”, dice Muñoz, “desde el principio es un partido llamado a apoyar a los grandes, sin importar su ideología, no tiene ningún límite ni de principios ni de corte programático”.

El PT es lo que en ciencia política se llama partido franquicia o taxi. “Lo que hacen son pequeños viajes a los que se van subiendo personajes y luego se bajan, una vez que llegan al poder, lo usan como un instrumento”, nos explica Gustavo Pérez, coordinador del Diplomado en Gestión de Marketing Político en la Ibero y doctor en Procesos Políticos, “es lo mismo que el Partido Verde o Nueva Alianza, está dentro del argot político mexicano al que se llama la chiquillada: los partidos políticos satélites que buscan tener subsistencia y que el INE les dé su presupuesto”.

Si el PT es un taxi, el chofer es Alberto Anaya. “Él es el que recibe la instrucción del Gobierno de Salinas de hacer un instituto político para competir con el PRD. Es el líder total, el que negocia las curules. La verdad, no creo que ni sea de izquierdas y, si me preguntas por la ideología del partido, no sabría donde ponerlo”, dice Pérez.

Nacido en Aguascalientes, Anaya es presidente del partido desde 1990. En una nota de Proceso escrita en 1999 en la que aparecen antiguos compañeros suyos en la asociación Tierra y Libertad, no hablan bien de él. “Tiene una política de dos caras: por un lado, encabezando movimientos de izquierda comunista, y, por el otro, negociando con la gente del poder”, dicen en el texto, “ha cumplido su papel de neutralizador de movimientos populares”. Tener un doble juego es algo muy propio de las telenovelas.

Anaya, el neutralizador

Solo en las elecciones de 1994 el PT presentó un candidato presidencial, la feminista Cecilia Soto. En todas las siguientes fueron en coalición. Primero en el 2000, con Cuauhtémoc Cárdenas. Luego con AMLO y su partido del momento. En las elecciones a gobernador ha sido más variado, yendo con PRD, PAN, PRI, PVEM, PES y Panal a lo largo de su historia.

Su anterior gran hit mediático fue en las federales de 2015. El PT ganó seis diputados y 1 millón 134 mil votos. Pero perdió su registro, ya que no logró alcanzar el 3% del total de las votaciones. Abocado a la extinción electoral, comenzó un proceso judicial por el que logró salvarse.

Según se lee en la revista Nexos, en un texto elaborado por Bárbara Torres, abogada por la UNAM y asesora en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral, el PT primero se centró en impugnar actas. La intención era que al anular los votos se redujera el padrón y subiera su porcentaje sobre el total. No funcionó, pero quedó cerca de su objetivo. De sacar un 2.87% en el PREP inicial, su argucia le llevó a solo necesitar un 0.0042% más, unos mil 500 votos, para seguir vivo.

En medio de las grillas legales, al PT le fue retirado dos veces su registro, pero logró que el INE les dejase participar en las elecciones extraordinarias del distrito 1 de Aguascalientes. Se jugaban su futuro. Si lograban los votos necesarios, salvarían su existencia política.

El PT debió poner toda la carne en el asador, ya que logró 14 mil y logró superar el 3%, salvándose de la extinción. Los dos expertos consultados ven estas circunstancias, al menos, como sospechosas.

Tras superar la muerte con magia negra y hacer un acuerdo de coalición con Morena, lograron surfear en el tsunami AMLO. La ola que ha hundido al PES les ha llevado a su mayor éxito político en 30 años: tercera fuerza política con más de 60 diputados. Como casi todas las telenovelas, la del PT ha tenido un final feliz. Por ahora...