Discusiones, rupturas y hasta estados de shock… a eso y más puede llevarnos la defensa de nuestra posición política, la simpatía o aversión hacia candidatos y gobernantes, así como la tensión generada por un suceso tan relevante para el país como una elección presidencial.

Si tu candidato no ganó las elecciones, o si sí ganó y tu familia no te habla; si tienes confrontaciones —cara a cara o en redes sociales— con personas cercanas e incluso con gente desconocida, a causa de estas situaciones, esto te interesa.

Te presentamos una guía para entender y manejar las emociones causadas por estos desencuentros.

¿Qué es la frustración?

“Es un malestar emocional producto de las expectativas no cumplidas”. Así define Tere Díaz Sendra —psicoterapeuta, docente y autora de artículos y libros— a la frustración, en entrevista con mexico.com.

A nivel físico, puede manifestarse como una sensación de incomodidad en la garganta, como tener un pequeño hueso atorado que no sabemos cómo llegó ahí, pero queremos deshacernos de él. Sin embargo, a veces en ese intento, el malestar se acrecenta en lugar de desaparecer.

Si tu tía o tus primos te ven feo porque siempre estuviste a favor de un candidato te pidieron que dejaras de poner propaganda política en el chat familiar, seguramente alguno de ustedes terminó frustrado en este proceso electoral.

La especialista explica que este tipo de diferencias se origina como “producto de una sociedad competitiva” en la que se busca convencer a los demás, pero también en la que hay una intención de “ganar” frente a otras personas.

“Lo que está en la base es una necesidad de ganar y una necesidad de adquirir seguridad sintiendo que los otros están de acuerdo conmigo, como si necesitara aliados para validarme y para sentirme seguro de lo que pienso; una dificultad a tolerar las diferencias, una creencia de que tenemos que pensar igual porque, si no, no podemos convivir”, explica la especialista.

“Si yo solo pongo visión y foco a una parte de realidad, puedo dejar de ver otras cosas que también están pasando”, ejemplifica.

¿Qué hacer?

Aquí algunas respuestas de la doctora Díaz Sendra:

Aceptar la realidad. Pensar que lo único que puedo controlar es la actitud, la respuesta que doy ante lo que está pasando. No me refiero a una sobreadaptación conformista, pero sí a una aceptación de la realidad. Muchas veces, una actitud de no aceptación y de rigidez me va a generar más malestar que la situación misma que estoy enfrentando.

Asumir las diferencias. Manifestar las convicciones propias con libertad, pero sin la necesidad de fusión con los demás o de evitar las diferencias. Decir ante alguien que piensa diferente: “estemos de acuerdo en que estamos en desacuerdo”.

Evitar convencer a los demás. Dejar a un lado actitudes competitivas y adoptar una postura de curiosidad. ¿Cuál sería el propósito de querer convencer? Quizá sea mejor aceptar: “Este tema no lo vamos a manejar”, o “No lo vamos a manejar de esta forma”, o “Sí lo vamos a hablar, pero expositivamente y sin emitir juicios personales como: ‘tú eres ignorante’, ‘tú eres conformista’”.

Tomar distancia. La psicoterapeuta considera que para apaciguar las emociones ante la frustración electoral también es útil observar la realidad política y social del país desde “cierta distancia para observar un proceso” de cambio lento y gradual.

“Quienes los estaban construyendo era obvio que no los iban a ver concluidos. Vivimos en un mundo en el que queremos ver los efectos de todas nuestras acciones y hay algunas que sí regresan, pero más por beneficios concretos personales, o por el sentido de congruencia y de significado que le dan a nuestra vida, que porque veamos los resultados cabales”.

¿Y si mi candidato perdió?

La especialista recomienda asumir el shock después de la “derrota” de nuestro personaje predilecto, o tras el triunfo de alguien que nos provoca rechazo, como si se tratara de un proceso de duelo después de una pérdida.

“Primero, asumiendo que unos días me voy a sentir en shock y en cierto estado de desánimo, por no decir de depresión, de temor, de frustración. Hay un genuino duelo. Hablar de duelo es hablar de pérdida y de perder. Se tiene que asumir, porque genera tal adrenalina la expectativa del momento anterior que luego viene el bajonazo.

“Luego viene una cosa de enojo y que habría que ser cuidadoso qué hace uno con el enojo, porque se puede prestar a cosas de agresión, de pleitos, rupturas, medio separaciones familiares, de discusiones, de insultos”.