Los derrames permanentes de crudo en el Río Coatzacoalcos de Veracruz lo convierten en un destino ideal “para practicar snorkel y buceo”. Ahora, si lo que buscas es un “paseo en familia” ahí está el Parque Sabinal de Aguascalientes, donde podrás disfrutar de “las aguas químicas del río San Pedro”. Pero las posibilidades no se acaban ahí, hay una opción de viaje que no puede faltar, por aquello de tenerlo todo al mismo tiempo: “paisaje de espuma tóxica, amanecer químico visto desde El Salto, y una experiencia de sol y espuma”. Esta “maravilla” es, sin duda, el Río Santiago en Jalisco. De esta manera Greenpeace nos invita a dar una vuelta por algunos de los “destinos más tóxicos de México”, a través de su web ToxicTours.

Para ayudarnos a entender si el estado de los ríos mexicanos es tan malo como parece, buscamos a Laura Dávalos-Lind, una profesora e investigadora del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana y coordinadora de Estudios en México del Center for Reservoir and Aquatic Systems de la Baylor University de Texas.

La causa principal de la contaminación de los ríos del país es la falta de regulación. La normativa es inadecuada. Tal vez fue adecuada cuando la generaron, pero ya tiene bastante tiempo y ahora hay muchos contaminantes, que se llaman emergentes, que vienen de medicamentos, cosméticos y otros elementos que entonces no se contemplaban”, nos dice vía Skype desde Texas Laura Dávalos. “Es difícil en realidad saber con precisión cuántos ríos y lagos están contaminados en el país, ya que no se han efectuado estudios en todos los lugares, por eso no estamos seguros de la cifra, pero sabemos que muchos están mal”.

La legislación hídrica en México, al ser un recurso que afecta a tantos sectores, es compleja, dispersa y abundante. La principal es la Ley de Aguas Nacionales, redactada en 1992 y con algunas reformas posteriores. Pero también tocan el tema del cambio climático, de desarrollo forestal sustentable, la ley general del equilibrio ecológico y protección al ambiente, la ley minera… “esto dificulta terriblemente la aplicación efectiva de las mismas”, apunta un análisis de la ONG Pronatura.

Los ríos y arroyos de México juntan más de 663 mil kilómetros de longitud. Hay 51 que son los principales, por donde va el 87% de las aguas superficiales, según datos del documento Visión general del Agua en México, elaborado por la organización Agua.Org, un portal interactivo que pretende mejorar la gestión del agua. Para controlar estos miles y miles de kilómetros, hay en todo el país 2 mil 700 puntos de monitoreo.

Estos miden variables como demanda bioquímica de oxígeno, que indica las descargas municipales, y la demanda química de oxígeno, que indica la contaminación ocasionada por descargas no municipales. Las municipales corresponden a las de los núcleos de población y son colectadas en los sistemas de alcantarillado, mientras que las no municipales son aquellas generadas por otros usos, como puede ser la industria. Según los datos contenidos en El Atlas del agua 2016, elaborado por la Semarnat y la Conagua, el 31% de los puntos de monitoreo de las aguas no residuales estaban contaminados o muy contaminados.

El estudio Determinantes socioeconómicos de la calidad del agua superficial en México, elaborado en 2015 por tres profesores de la Universidad de Puebla, recopila estudios de la calidad de 14 grandes ríos de México, incluyendo el Bravo, el Colorado, el Balsas, San Pedro o el Atoyac. De éstos, cuatro tienen calidad ‘Aceptable’, cuatro están ‘Poco Contaminados’, tres son ‘Contaminados’, uno ‘Fuertemente Contaminado’ y dos son directamente ‘Tóxicos’. La cuenca del Río Lerma-Santiago-Pacífico, donde está el arroyo llamado El Ahogado, aparece tres veces en la lista.

“Esa cuenca es una de las más complejas de México. El Lerma viene desde Toluca en el centro de México, donde la actividad industrial es muy alta y existe un gran porcentaje de industrias que tiran sus vertidos al río sin tratamiento”, nos explica Laura Dávalos-Lind, “luego llegas a la parte media de la cuenca, que es enorme, y ahí tienes las descargas agrícolas, que se suman a las industriales y después viene la parte urbana de los núcleos de Michoacán y Jalisco”. El agua del Lerma—dice— es una mezcla compleja de químicos que se ha estudiado poco.

Un tótum revolútum de la contaminación que llega al Lago de Chapala, en Jalisco. De ahí nace el Río Santiago, con toda una carga de contaminantes que viene desde el Estado de México y desemboca en el Pacífico. “Cuando llega al océano es una mezcla desconocida, ya que los contaminantes no se conservan tal cual, sino que por sinergias alguno puede neutralizarse, pero muchos se potencian y si tenías una cosa que no era tan peligrosa, puede convertirse en algo que sí”, dice Dávalos-Lind, quien ha estudiado los cuerpos de agua en estados como Jalisco, Veracruz y Michoacán, y es recomendada por Agua.Org como una de las personas que pueden dar un panorama general de México sin caer en el amarillismo.

¿Qué pasa en otros ríos del mundo?

Como ejemplo para tratar esta problemática, el estudio Determinantes socioeconómicos de la calidad del agua superficial en México analiza las medidas que se tomaron con éxito en varios ríos de todo el mundo. Concretamente se fija en el Ganges en India, el Rhin en Alemania, el Sena en Francia y el Rimac en Perú.

“En todos los casos aquí descritos, primero se identificaron los problemas por atender, se establecieron metas concretas de mejora, se diseñaron acciones ligadas a los problemas y a las metas, y se fijaron mecanismos de verificación de su cumplimiento”, reza el texto, “en la mayoría de ellos se optó por construir obras para el tratamiento de aguas residuales; las inversiones son muy costosas y sus efectos se ven a largo plazo”.

De acuerdo al documento, el Ganges, por ejemplo, tenía una problemática de desechos de centros industriales, extracciones enormes de agua para riego y falta de autodepuración. Para mitigarlo, se identificaron primero las fuentes principales de contaminación y luego se realizaron obras de intercepción, desvío y tratamiento de aguas. En el Rhin, considerado durante un tiempo el más contaminado de Europa, se invirtieron 50 millones de dólares en los últimos 25 años.

Las acciones, dicen, tardan en tener efecto completo medio siglo. Este mismo escrito contempla que la construcción de plantas de tratamiento de agua no suele ser suficiente para mejorar la calidad de la misma. “La construcción de las plantas no garantiza su operación”, explican, “cuando éstas operan, no hay seguridad de que el agua tratada cumpla con las normas estipuladas, de ahí que el agua se puede tratar de manera insuficiente y, por lo tanto, no mejorar su calidad”.

Mientras, los peligros para la población permanecen. “Metales pesados, tóxicos químicos, plásticos, refinerías, petróleo... la parte agrícola de herbicidas e insecticidas... todos los contaminantes emergentes de la parte urbana, como medicinas para el corazón o psicológicas”, enumera la experta Dávalos-Lind, “son muchos”. Que se lo digan a los que viven a la orilla de los cauces.