Desde niña y hasta la adolescencia María fue fanática de Hello Kitty; los ahorros que tenía los gastaba en comprar lápices, estuches o libretas con su imagen. Cierto día, su hermano le reveló un “secreto” sobre esta gatita blanca: “¿Sabías que Hello Kitty se llama así por Ana Frank? En su diario, Ana le escribe siempre a Kitty, quien guardó sus confesiones en papel. Es la misma razón por la que la gatita no tiene boca, pues es para no revelar los secretos”.

Para ella, todo esto tenía mucho sentido hasta que años después, ya de adultos, su hermano reveló a María que todo esto fue un invento. No obstante, al leer un poco más sobre el origen de Hello Kitty, es posible saber que esa coincidencia de nombres va más allá. Es decir, existe una relación entre este personaje ícono del kawaii y el oscuro pasado bélico que Japón desea tapar con personajes adorables y enternecedores.

Borrar lo feo con algo tierno y hermoso

La palabra japonesa kawaii en inglés se traduce como cute, lindo o tierno en español. Ahora este término va más allá de una traducción idiomática, representa una cultura que distingue una parte de Japón y, a la par, toda una industria que ha dado no solo dinero sino identidad a este país. No obstante, el origen del kawaii no se basó solo en hacer dinero o crear personajes enternecedores y lindos para niñas y niños.

De acuerdo con el libro de Manami Okasaki, Kawaii!: Japan’s Culture of Cute, kawaii es cualquier cosa que despierta sentimientos de amor, cuidado y protección. Se basa en las características físicas adorables de niños y animales bebés, pero también tiene una fuerte influencia occidental. “Los ojos grandes y redondos que se consideran lindos son una importación de Occidente”, expone Kinsella, en Women, Media, and Consumption in Japan.

Como es sabido, Japón atacó Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Después del bombardeo a Pearl Harbor, los americanos decidieron unirse al conflicto armado y desde ese momento, la relación entre ambos países no fue buena, todo terminó en tragedias como las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945. Se calcula que murieron entre 105 mil y 120 mil personas, mientras que al rededor de 130 mil resultaron heridas.

El kawaii, como lo conocemos hoy, fue algo así como el resultado de la nueva interacción entre Japón y Estados Unidos después de lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial. Y si alguien pudo encabezar ese mundo de lo lindo, esa es Hello Kitty, que junto con personajes similares a ella, son un resultado del largo enfoque de Japón en la asimetría y la simplicidad, pero también una imagen menos dura, más amigable y amena hacia el mundo.

“En los últimos años, Japón ha desarrollado un mecanismo para evitar enfrentarse a su historia de guerra: se han neutralizado los problemas que son demasiado dolorosos para tratar haciéndolos puramente estéticos e inofensivos, haciéndolos ‘lindos’”, explica Norihiro Kato, profesor de la Universidad de Waseda y columnista de The New York Times.

El propio artista Takashi Murakami ha explicado que ese arte pop que él hace, junto con la cultura kawaii, “tiene su raíz en la reacción con la que su país decidió responder a la condición de Japón en el mundo tras su derrota bélica”. Él, como otros artistas japoneses han optado por disminuir el peso de la historia transformándola en un juego de colores que anestesia el dolor del pasado. En palabras de Murakami, constituyen “el reflejo de un Estado a la deriva y apolítico”.

Learning the Magic of Painting, de Takashi Murakami
Learning the Magic of Painting, de Takashi Murakami


Kitty, la embajadora social, cultural y de paz

El origen del kawaii nos lleva a la década de 1960, con la aparición de juguetes en forma de animales de peluche. Para 1967, la muñeca Rika-chan hizo su aparición con esa apariencia tierna que capturó la atención de las niñas. Hello Kitty, de la compañía Sanrio, nació en 1974 gracias a Yuko Shimizu, llegó a Estados Unidos dos años después y tuvo cierta popularidad hasta 1977.

Fue hasta 1980 cuando un rediseño de esta gatita logró encantar a los consumidores de los productos que tenían su imagen. Claro, esto en Japón, pues en Estados Unidos no logró encajar en el gusto sino hasta los años 90, pues junto con el ánime (Pokémon y Sailor Moon) comenzó ese culto masivo a la cultura pop japonesa. Con el antiguo enemigo conquistado con este tipo de personajes tan amistosos, la imagen de Japón era otra hacia el país americano... y hacia el mundo.

Y de ser solo un personaje, Helo Kitty pasó a ser una gran industria. En 2010, Sanrio había preparado a Hello Kitty para convertirse en un fenómeno de marketing global que valía 6 mil millones de dólares al año. Para 2014, en el cumpleaños 40 de Hello Kitty, se valuó en 8 mil millones de dólares anuales. A partir de 2018, Hello Kitty es la segunda franquicia más taquillera de todos los tiempos, con un ingreso estimado de más de 50 mil millones de dólares. Solo por debajo de Pokémon, que vale 59.1 mil millones de billetes verdes.

Actualmente, para Japón, Hello Kitty es un motivo de orgullo nacional, la imagen de la gatita está en coladeras, aviones, calles, señales de tránsito, entre otros. De hecho, cada una de las 47 oficinas gubernamentales de Japón tiene su propia mascota kawaii, algo que suma y refuerza esa imagen amigable que el gobierno ha decidido proyectar. Incluso se declaró a Hello Kityy embajadora de turismo en Hong Kong y China (con quien tuvo el mayor conflicto bélico durante la Segunda Guerra Mundial).

Volviendo a Norihiro Kato, en su texto Goodbye Godzilla, Hello Kitty, explica que “hay una buena razón por la que Hello Kitty apareció cuando lo hizo, después de que Japón había experimentado casi medio siglo de ‘democratización’". Con el pasó de las décadas, con la conquista de la lindura japonesa, Kitty se volvió todo un producto de globalización. Del Japón que ya no es bélico.

El 28 de abril de 1952, casi siete años después del final de la guerra, la ocupación estadounidense terminó y Japón recuperó formalmente su independencia. Sin embargo, casi nadie en Japón recuerda esa fecha. Esto es natural, porque como resultado del Tratado de Seguridad Japón-EU, que entró en vigencia el día en que terminó la ocupación, las fuerzas estadounidenses continuaron estacionadas en todo Japón y la nación permaneció en lo que era sustancialmente un estado de subordinación política a los Estados Unidos. Teniendo en cuenta que el ejército estadounidense todavía tiene bases en Japón, uno podría decir que la ocupación y la democratización de Japón todavía no han terminado.

Norihiro Kato, "Goodbye Gozdilla, Hello Kitty"

Dato curioso: Ana Frank es una figura popular en Japón

Parece irónico pensar que Ana Frank, la niña que se convirtió probablemente en la víctima más famosa del mundo de la Segunda Guerra Mundial, ha hecho que Japón se enamore de ella durante décadas. Pero así es. De hecho, muchos japoneses se identifican con ella por considerarse a sí mismos como las últimas víctimas de dicha guerra, pues las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki dieron fin al conflicto.

Sin embargo, “con esto se deja de lado a las innumerables Ana Frank que sus tropas crearon en Corea y China durante los mismos años, o que su ejército luchó junto con la Alemania nazi”, explica Alain Lewkowicz, periodista judío francés que investigó el fenómeno de Ana Frank en Japón.

Libro de El diario de Ana Frank en japonés
Libro de El diario de Ana Frank en japonés

Añade que la razón por la que Japón identifica tanto con Anne Frank tiene que ver con un problema de negación. La historia de esta chica que escribió en su diario los meses que vivió escondida de los nazis ha sido presentada de muchas maneras en Japón, incluyendo historietas, caricaturas, exhibiciones de museos e iniciativas educativas, mientras que al menos cuatro populares comics de manga sobre ella y tres películas animadas fueron lanzados en Japón hasta el momento.

En cuanto a la capacidad de Japón para enfrentar la verdad histórica, Lewkowicz no es demasiado optimista: “Japón no está listo. Puede parecer desde el exterior como una sociedad ultraliberal, pero esta es una impresión falsa y fantástica”.

Y sí, tal vez la broma del hermano de María suena a una coincidencia bastante extraña entre Ana Frank y la gatita blanca, pero cierra este círculo que vincula al kawaii y Hello Kitty con uno de los momentos más dolorosos en la historia del mundo.