Ted Bundy ha sido el centro de atención del mundo del entretenimiento durante un par de semanas. Entre el documental en Netflix y el estreno en Sundance de la película protagonizada por Zac Efron, es obvio que el público sigue fascinado con las películas de asesinos seriales.

Además de los títulos sobre Bundy, se mantienen vigentes series televisivas que suelen tocar este tema, como Criminal Minds, True Detective y Mindhunter. Durante 2019 llegará al cine Once Upon a Time in Hollywood de Quentin Tarantino acerca de los asesinatos perpetrados por la familia Manson. ¿A qué se debe este interés continuo por consumir películas y series de asesinos seriales, muchas veces inspirados en hechos reales?

De acuerdo con el neurofisiólogo mexicano Eduardo Calixto, doctor en neurociencias por la UNAM, hay factores tanto sociales como biológicos que hacen que nos interesemos en las historias de asesinos seriales. “Estos individuos tienen conductas que pueden generar desde admiración por lo que hacen, sabiendo que no se comete en un plano real, hasta la sensación placentera de saber que serán castigados”, explica en entrevista.

Zac Efron durante la filmación de la película del asesino serial Ted Bundy
Zac Efron durante la filmación de la película del asesino serial Ted Bundy

Entre las aristas que generan un interés magnético para el público puede estar el morbo por entender las motivaciones del asesino o incluso el querer conocer la forma en la que un heroico equipo de investigación descubre su identidad y le aplica un castigo. “Hay un determinante de control sobre lo malo y eso genera cierto tipo de admiración ante la posibilidad de castigar a otra persona que actúa mal”, agrega.

A esto se suma la posibilidad de compartir las sensaciones que se ven en pantalla sin el riesgo de vivir el daño relacionado con ellas. “Al cerebro le son sumamente atractivas ciertas emociones en condiciones de control”, dice Calixto. “En una montaña rusa tienes una gran cantidad de adrenalina y de emoción desproporcionada; al bajar sabes que no te pasó nada y puedes volver a intentar. El mensaje claro es que el cerebro entre más condición de peligro controlado tiene, más disfruta la situación”.

El auge de los asesinos seriales

La figura del asesino serial surge en el Estados Unidos de los años setenta y pronto se expande al cine y la televisión. Según el criminólogo Scott Bonn, en un artículo de 2017 para la revista Psychology Today, los asesinos seriales “fueron transformados en celebridades monstruosas a través de los esfuerzos combinados de las autoridades policiacas y de los medios de información y entretenimiento que alimentan el apetito del público por lo macabro”.

Pero ¿de dónde viene ese apetito? De acuerdo con Bonn, tiene que ver con el instinto básico de supervivencia: “El desprecio absoluto por la vida y el sufrimiento de los otros que exhiben los asesinos seriales asombra a nuestro sentido de humanidad y nos hace cuestionarnos nuestra propia seguridad”.

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Mujeres, las fans más intensas de los asesinos seriales

Uno de los podcasts sobre crimen más famosos de Estados Unidos es My Favorite Murder, en el que las anfitrionas Georgia Hardstark y Karen Kilgariff conversan entre otros temas criminales, acerca de asesinos seriales. El show tiene alrededor de 19 millones de descargas mensuales y la gran mayoría de su audiencia son mujeres.

El doctor Eduardo Calixto ofrece una explicación científica para esta fascinación femenina: “Desde un punto de vista biológico, las mujeres tienen más neuronas especulares o espejo, que son las responsables del apego y de la empatía. Por otro lado están factores hormonales como la mayor liberación de oxitocina, que hacer que una mujer desarrolle apegos patológicos con mayor facilidad”.

Esto, según explica el neurofisiólogo, puede provocar que una mujer se involucre emocionalmente no solo con las víctimas, sino con el victimario. “Sin llegar a ser determinista, una mujer puede tener la capacidad de entender al asesino aún sabiendo que ha hecho tantas cosas malas, incluso puede perdonarlo o defenderlo”, agrega. “Esto difícilmente se da entre varones”.

Los factores biológicos masculinos en este caso están más relacionados con la posibilidad de replicar los patrones aprendidos del agresor. “Hay muchas personas que se sienten atraídas por estas condiciones”, cuenta. “En particular los hombres con más altos niveles de testosterona aman el riesgo y al mismo tiempo conductas violentas relacionadas con el control y la sexualidad. Estos patrones son sumamente atractivos para sus cerebros violentos”.

A fin de cuentas, como explica el doctor Calixto, es la misma sociedad la que impulsa el consumo de películas e historias de asesinos seriales: “En una comunidad violenta hay un determinismo que ayuda mucho a normalizar los niveles de violencia”. Scott Bonn expresa una idea similar: “El asesino serial representa una figura espeluznante, compleja y atractiva en el entorno social… Desde una perspectiva sociológica, nos ofrece una salida segura para nuestros pensamientos, sentimientos y deseos más oscuros”.

El ser humano es el único depredador de su propia especie, ningún mamífero genera placer o le satisface matar a sus propios congéneres

– Dr. Eduardo Calixto

Bajo estas condiciones, es un ciclo de nunca acabar: Hollywood produce una pelícua sobre asesinos seriales y el público la consume; una y otra vez.