El 2 de febrero es el día en el que se saldan las deudas adquiridas el Día de Reyes, es cuando las personas que se encontraron la figura del niño Dios en su rebana de Rosca de Reyes tienen que invitar los tamales. Pero es más que eso.

El Día de la Candelaria es la excusa perfecta para que las familias se reúnan a convivir. En esta fecha los católicos acuden a su parroquia de confianza con la figura del niño Dios que pusieron en el nacimiento en diciembre, pero ahora esta representación de Jesús va vestida como algún santo o incluso con ropa hecha por los mismos fieles.

Esta tradición es muy común en el centro del país y este es su origen.

¿Por qué la gente tiene un niño Dios en casa?

La tradición de tener un niño Dios en casa tiene que ver con la evangelización durante los tiempos de la Colonia, principalmente por parte de los sacerdotes de la orden de Santa Teresa de Jesús quienes llegaron a la Nueva España y representaron al hijo de Dios como un símbolo similar al Sol, por lo que los indígenas lo relacionaron con Huitzilopochtli.

En el Objetario de la Ciudad de México, el Doctor en Historia y Etnohistoria Alberto Peralta de Legarreta, narra que “el día 2 de febrero era precisamente el día en que comenzaba el calendario solar de los habitantes de Tenochtitlan (el sol se filtraba al atardecer de ese día entre las casas de Tláloc y Huitzilopochtli, en lo alto del Templo Mayor)” por lo que el simbolismo del dios del Sol prehispánico y de Jesús se conjuntaron para, finalmente, convertirse en la figura del niño Dios “que nace y da inicio a la petición de buenas cosechas”.

Los niños Dios generalmente son de yeso, pasta o resina —y los más antiguos de madera—; sus rasgos y fisionomía son prácticamente iguales: están diseñados para estar acostados en el pesebre del nacimiento (o Belén) y también para permanecer sentados durante el resto del año. En mercados, romerías y en lugares especializados como la calle de Talavera, en el centro de CDMX, se puede encontrar rubios, trigueños, negros e incluso de sexo femenino a los que llaman infanta o niña divina.

Existen niños Dios de todos tamaños, colores e incluso la gente empieza a llevarse figuras femeninas a casa.
Existen niños Dios de todos tamaños, colores e incluso la gente empieza a llevarse figuras femeninas a casa.

¿Por qué se viste al niño Dios?

Una pregunta común entre las personas es cómo vestir al niño Dios en el primer año y lo más común es hacerlo de color blanco, de ahí que en los mercados recomienden el vestido del Niño de la Paloma. Este color representa es luz y “claridad de juicio de Dios y la verdad”, según Peralta de Legarreta.

El niño Dios ha dejado el pesebre y es por ello que necesita vestirse. En el libro Mi Niño Dios, Katia Perdigón Castañeda —doctora en antropología social e investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)— comenta que esta costumbre se popularizó en los años 70 cuando Saúl Uribe y su esposa tenían un puesto ambulante en La Merced donde se dedicaban a la labor de confeccionar vestidos para las figuras del niños Dios.

El Ángel de la Guarda, el Niño de Juquila y el Niño de la Abundacia con algunos de los muchos vestidos confeccionados en Niños Uribe.
El Ángel de la Guarda, el Niño de Juquila y el Niño de la Abundacia con algunos de los muchos vestidos confeccionados en Niños Uribe.

En 1985 fundaron Niños Uribe, una tienda dedicada exclusivamente a confeccionar vestidos para niños Dios y vender figurillas y accesorios que, actualmente, ocupa varios locales de la calle de Talavera que desde 2011 es conocido como el Corredor del Niño Dios. En fechas como el 2 de febrero, ahí se instala una romería en donde las personas pueden llevar a sus niños —de todos tamaños— a vestir y restaurar.

El oficio de restaurar figuras del niño Dios se lleva a cabo durante todo el año.
El oficio de restaurar figuras del niño Dios se lleva a cabo durante todo el año.

El niño Dios se puede vestir de cualquier santo, pero durante los inicios de esta tradición se adoptó como referencia al Santo Niño de Atocha. Actualmente esta tradición ha ido desapegándose un poco de lo católico y hay vestimentas diversas como doctor, futbolista e incluso se ha rumorado que existe un niño Dios huachicolero, lo cual han desmentido los comerciales de la calle de Talavera.

Lo cierto es que las representaciones del niño Jesús —como quiera que a este se le vista— son un pequeño altar para la devoción de muchos católicos en México.