No hay una única razón por la cual se denomine Pueblo Mágico a una localidad, aunque generalmente cuentan con algún valor simbólico que puede venir de su pasado indígena, legado colonial, preservación de tradiciones o relación directa con algún acontecimiento histórico.

El 11 de octubre, la Secretaría de Turismo (Sectur) seleccionó una decena de nuevos Pueblos Mágicos para sumarse a los 111 que tenían en registro. De esta manera, se busca proteger y promueve la riqueza cultural de destinos que de otra manera serían menos atractivos para el turismo nacional e internacional.

La designación de Pueblo Mágico fue implementada en 2001 por el subsecretario de operación turística, Eduardo Barroso Alarcón. Los primeros sitios en ser incluidos en esta categoría fueron Huasca de Ocampo (Hidalgo), Mexcaltitlán (Nayarit), Tepoztlán (Morelos) y Real de Catorce (San Luis Potosí).

¿Por qué querría una localidad convertirse en Pueblo Mágico?

En primera instancia, este programa se creó para dar estructura a una oferta turística más diversa al interior del país, además de promocionar las particularidades de cada lugar, como su artesanía, tradiciones, fiestas y gastronomía. También busca generar productos turísticos complementarios que ayuden a revalorar el atractivo de la localidad y sus alrededores.

La magia detrás del pueblo

Ser un Pueblo Mágico no es cosa fácil e involucra una serie de lineamientos que tienen mucho que ver con trámites burocráticos y poco con la magia que emana la localidad. Estos criterios deben cumplirse primero para recibir el nombramiento y después para mantenerlo.

La localidad que busca convertirse en Pueblo Mágico debe tener una población de 20 mil habitantes y estar a dos horas en carro (o autobús) de un destino turístico. Para convertirse en Pueblo Mágico hay que solicitarlo a la Secretaría de Turismo y constituir un comité que se encargue de los trámites, como realizar un Acta de cabildo (el acuerdo para solicitar el ingreso al programa) y lograr un punto de acuerdo del Congreso del Estado.

Otros criterios burocráticos a considerar son que haya aportación económica directa para el desarrollo turístico de la localidad derivados de programas turísticos, que el programa de desarrollo turístico municipal esté actualizado con planes a futuro de al menos tres años y que la administración actual de la comunidad haya propuesto ordenamientos actualizados con enfoque turístico.

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Desde luego, deben demostrar la magia del pueblo y presentar evidencia del atractivo simbólico de la localidad. Como esta denominación está pensada para incrementar el flujo de turistas a la región, el pueblo aspirante debe demostrar que cuenta con servicios de salud y seguridad pública suficientes para atender a los visitantes en situaciones de emergencia. La localidad también debe demostrar que cuenta con inversión privada y social para el desarrollo turístico, así como distinciones y sellos de calidad.

Para permanecer en el programa de Pueblos Mágicos, el Comité debe mantenerse activo y seguir los acuerdos establecidos. También deben cumplir con los planes, programas y normatividad de la categoría, así como fortalecer e innovar sus productos turísticos. La renovación de la categoría es anual y no siempre se logra, así que cada localidad debe evaluar si el programa está teniendo resultados positivos y aplicar para la renovación.

Algunos Pueblos Mágicos a los que se les retiró el nombramiento son: San Miguel de Allende (lo perdió al ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO), Tepoztlán (lo perdió en 2007 y lo recuperó en 2010), Papantla (se lo quitaron en 2009 y recuperó la etiqueta en 2012), entre otros.