Si alguna vez te preguntaste ¿quiénes son los Reyes Magos? Te decimos que son algo más que los entes que traen juguetes a los niños cada 6 de enero, también van más allá de las tres estrellas del Cinturón de Orión o de los Melchor, Gaspar y Baltasar que se ponen en alguna plaza pública para que te tomes fotos con ellos.

Bueno, pues si todo eso no son (o no solo son), ¿entonces quiénes son los Reyes Magos?

Por años hemos creído que los Reyes Magos son Melchor (un hombre rubio), Gaspar (un hombre de tez blanca) y Baltasar (un hombre negro) y aleatoriamente les colocan los presentes que llevan al bebé Jesús: oro, mirra e incienso. Ok, sí, a Baltasar jamás le ponen el oro y si bien el incienso sabemos qué es, sobre la mirra sí tendríamos que ir a la Wikipedia a buscar el significado.

La leyenda a grandes rasgos que conocemos es que son unos señores bienintencionados provenientes del Oriente, que siguieron una estrella, llevan regalos a un bebé que va a ser el nuevo profeta o “rey de los judíos”. Y... más o menos es todo.

Para tener la historia un poco más completa, investigamos quiénes son los Reyes Magos. Una fuente certera para encontrar el origen de esta historia es la Biblia, el Nuevo Testamento para ser exactos porque es donde ya aparece Jesús. En el Evangelio de San Mateo hay una referencia a estos hombres magos, pero no se precisa cuántos son (ni que sean tres) ni raza ni sexo, aunque sí se habla de los regalos ya conocidos.

Pero ¿por qué magos? La palabra “mago”, proviene del persa ma-gu-u-sha, que significa sacerdote. Este término llegó al griego como magoi, sinónimo de adivino y astrólogo o astrónomo, de ahí que supieran seguir el camino marcado por la estrella de Belén para encontrar al hijo de Dios. En español quedó simplemente como “mago” (que poco tiene que ver con lo que hacen Merlín o Harry Potter).

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”.

Evangelio de Mateo (2, 1-2), versión Reina-Valera, 1960
Herrad de Landsberg: Los tres Reyes Magos, ilustración del Hortus deliciarum (siglo XII)
Herrad de Landsberg: Los tres Reyes Magos, ilustración del Hortus deliciarum (siglo XII)

¿Por qué reyes?

En el siglo III se estableció que pudieran ser reyes, pues por sus regalos y las iconografías que los representaban, se consideró que eran personas pudientes y por lo tanto de las pocas que podrían obsequiar este tipo de cosas.

¿Por qué tres?

La idea de que fueran tres se limitó a los presentes que sí estaba determinado que fueran tres. Al principio había representaciones con dos, tres o cuatro magos, e incluso la Iglesia ortodoxa siria y la Iglesia apostólica armenia aseguraban que eran doce, como los apóstoles y las doce tribus de Israel. Sin embargo, lo dejaron en tres para la posteridad.

¿Por qué entonces solo eligieron a Melchor, Gaspar y Baltasar?

Los nombres actuales de los tres reyes magos aparecieron por primera vez en el mosaico de San Apollinaire Nuovo (Rávena) —que puedes ver aquí abajo— del siglo VI, en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres encima y representando distintas edades. Aquí incluso se pueden leer los nombres de los reyes.

Caso aparte, en el siglo V, el Papa León I el Magno estableció oficialmente su número en tres para toda la cristiandad. A mediados del siglo VI, en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) les asignaron los nombres de “Melchor”, “Gaspar” y “Baltasar”. Según una leyenda, sus restos se encuentran en la Catedral de Colonia, Alemania, donde está el Relicario de los Tres Reyes Magos.​

Los tres magos, mosaico bizantino c. 565, Basílica de Sant'Apollinare Nuovo, Ravenna, Italia (restaurada durante el siglo XVIII)
Los tres magos, mosaico bizantino c. 565, Basílica de Sant'Apollinare Nuovo, Ravenna, Italia (restaurada durante el siglo XVIII)

Pero aquí Baltasar no luce tez negra. El asociar a este rey mago con alguien de raza negra ocurrió hasta el siglo XV, cuando ya se pensaba más en la inclusión racial (sí, aún en esa época). Se hizo representar las edades y además las tres razas de la Edad Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos. Tal como puede verse en esta pintura de El Greco del siglo XVI.

La Adoración de los Reyes Magos por El Greco, 1568
La Adoración de los Reyes Magos por El Greco, 1568

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Evangelio de Mateo (2, 11), versión Reina-Valera, 1960

La elección de los regalos también es simbólica, pues el oro representa la naturaleza real del “rey de los Judíos”, era un presente conferido a los reyes. El incienso representa su naturaleza divina, pues se usa para hacer culto. Y la mirra es un un compuesto embalsamador para los muertos, y simbolizaba el sufrimiento y muerte futura de Jesús.

¿Y qué querían los Reyes Magos con el bebé Jesús?

Estos reyes magos eran algo así como diplomáticos, entonces, en el camino hacia ver a Jesús —siguiendo la estrella de Belén—, hicieron una visita al rey Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén. Ahí le preguntaron por el nacimiento del “rey de los judíos”. El monarca solo les dijo que sabía que nacería en la pequeña ciudad de Belén, como establecía la profecía de Miqueas. Muy listillo les dijo que cuando fueran de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho bebé; y, así, poder ir él también a adorarle. Aunque su verdadera intención era matarlo.

Los reyes magos no solo no eran gente de bien, sino nada ingenuos. Ya se olían mal que Herodes estuviera tan interesado en saber la ubicación exacta donde estaban María, José y Jesús con los borreguitos. Entonces, de tontos volvían a Jerusalén a decirle.

Herodes, furioso por no tener información, ordenó dar muerte a todos los niños menores de dos años residentes en Belén (a esto se le conoció como la matanza de los inocentes). Y como José y María tenían de vez en vez avisos celestiales —como eso de la paloma le que dijo que estaba embarazada de Dios y no de José— les llegó uno de esos que les advirtió de esta matanza, por lo que huyeron a Egipto.

Aquí termina esta historia, pero empieza otra más sabrosa: la de la rosca de reyes. Un delicioso pan que se hace en alusión a esa búsqueda de Herodes por Jesús. Y quien lo encuentra, pues se convierte en un ser que algo debe pagar, como los tamales el Día de la Candelaria.