Cuatro generaciones de Xochimilco vivieron seis meses bajo un techo de lona junto a una montaña de escombros. Alejandro Barrios, su esposa, su suegra, uno de sus hijos y un nieto —todos damnificados del 19s— improvisaron este refugio después de pasar medio año en una casa de campaña.

Con un colchón y un anafre para cocinar a la intemperie resistieron el invierno, el calor y las lluvias. Al no tener drenaje, asumieron que su espacio quedaría inundado con cada tormenta. Tres personas de la tercera edad y un niño se acostumbraron a pedir el baño a sus vecinos cada vez que lo necesitaban. “Está un poco crítico todavía esto”, dice Barrios con la voz entrecortada a un año del terremoto.

El piso de tierra es el mismo donde alguna vez estuvo su antigua casa, que sufrió daños severos y tuvo que ser demolida. También es el terreno donde la Fundación Carlos Slim les construyó una casa nueva. El miércoles 12 de septiembre lucía terminada: pintada color salmón y con un boiler instalado, pero sus nuevos dueños no la habían estrenado porque no tenían las llaves. Solo podían ver el primero de dos pisos a través de la ventana. El herrero y su familia esperaban noticias en el albergue que inventaron en el patio trasero. Hacía tiempo que no veían por allí ni a los trabajadores ni a las autoridades.

La casa se les entregó finalmente el viernes 14 de septiembre, dos días después de la visita de mexico.com al pueblo de San Gregorio Atlapulco. Pero la situación que vivieron hasta ese día es la de muchos habitantes de la delegación Xochimilco, una de las más afectadas por el temblor de 7.1 grados que el año pasado sacudió el centro de México.

Este pueblo del sur de la capital mexicana quedó devastado “por la cercanía del epicentro, las características del suelo y los errores típicos de la autoconstrucción”, dice Carmen Saldaña, presidenta de la asociación de damnificados 19 de septiembre San Gregorio Atlapulco.

Ella fue una de las líderes vecinales que surgieron ante la emergencia. Dos días después del terremoto, se organizó con otros damnificados como ella para hacer un registro general que fue creciendo con los días. Según sus cifras, en San Gregorio colapsaron 158 casas el día del sismo y más de 300 tuvieron daños estructurales severos, por lo que tuvieron que demolerse. Solo en este pueblo, más de 450 familias se quedaron sin casa.

Trabajos de construcción en las calles de San Gregorio
Trabajos de construcción en las calles de San Gregorio

Un año después, Carmen Saldaña estima que más del 70% de las personas han hecho arreglos por su cuenta, ya sea por medio de préstamos o de créditos hipotecarios. Otros han sido beneficiados con una casa por parte de la Fundación Slim, que el 29 de diciembre de 2017 firmó un convenio con el Gobierno de Ciudad de México para la reconstrucción de viviendas a través de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso), a cargo de Alejandro Piña. Se estableció que la meta era construir 400 casas en Xochimilco, Tláhuac e Iztapalapa.

Renato Flores, un representante de la Fundación Slim, dijo a mexico.com que hasta la fecha han entregado 60 casas en San Gregorio, 32 están en proceso y 14 comienzan a construirse esta semana, un año después del sismo. Los recursos provienen del Fondo Unidos por México, creado con las contribuciones de más de 217 mil donadores y de la propia Fundación, que por cada peso donado aportó cinco. En total se reunieron más de 2 mil 400 millones para distintos propósitos en seis estados: ayuda humanitaria, reconstrucción de casas, escuelas y hospitales y restauración del patrimonio cultural.

Las fachadas que llevan una placa con el nombre del hombre más rico de México son fácilmente reconocibles en un recorrido por San Gregorio. Pero entre las calles cubiertas de tierra —debido a la cantidad de construcciones y a los restos de escombros— también vive mucha gente que este miércoles 19 de septiembre cumple un año sin casa.

María Elena

María Elena González muestra su certificado de residencia
María Elena González muestra su certificado de residencia

María Elena González Páez es una aficionada de los árboles frutales. Antes de que demolieran su casa por hundimiento y daños en la estructura, logró trasladar la mayoría de sus plantas a macetas de plástico. A un año del temblor, su terreno luce desnivelado, con algunos escombros y más de veinte árboles de limones, aguacates, naranjas, ciruelas, duraznos y otros frutos.

Pero no hay casa ni noticias de una próxima construcción. González Páez cree que esto se debe a que su vivienda fue una las últimas en ser demolida. “Se supone que estoy en la lista de espera”, dice. “Ya vinieron a hacer los estudios de suelo, que es el último paso para construir, pero ha pasado más de un mes y medio y no han vuelto ni me han avisado nada”.

Sus ojos se humedecen al recordar a su padre fallecido, con quien vivía hasta antes del sismo. María Elena dice que la suya era una casa chica, de un solo piso y con un patio lleno de plantas. “Yo solo quiero que me ayuden a construir una casa: no quiero un casota. Tampoco considero justo que me hagan una casa grande cuando la mía era pequeña".

Las autoridades, dice, le han pedido que espere su turno: “Fui a preguntar pero me dijeron que tenga paciencia. Solo me dicen que tenga paciencia...”.

El representante de la Fundación Carlos Slim explica que la organización no cuenta con un padrón de damnificados ni una lista de espera. Y que es responsabilidad del gobierno indicar cuáles casas se construyen, una vez que las autoridades correspondientes hacen los estudios de suelo y los trámites legales.

En mexico.com solicitamos información y una postura a la Sedeso pero no hemos obtenido respuesta. En agosto, Claudia Sheinbaum dijo en un recorrido por Xochimilco que su equipo comenzará su propio censo de damnificados. La jefa de gobierno electa aseguró que actualmente no existe uno, y que los apoyos “se han dado de manera clientelar”.

Mientras espera noticias y una casa, María Elena González Páez vive con su hermana y su familia en el lote contiguo. “Me siento muy agradecida con ella y no me tratan mal, pero no es lo mismo: estamos un poco amontonados”, dice la mujer, que todos los días cruza a su terreno para cuidar de sus árboles.

Leticia

Leticia Saavedra cuenta que su casa se fue de lado después del terremoto: “Las puertas y ventanas se apretaron y ya no podíamos entrar”. Ella y su marido lograron rescatar algunas de sus cosas y se fueron con un familiar. Después acamparon un tiempo en su terreno, hasta que un Director Responsable de Obra (DRO) les dijo que el riesgo era alto y que debían desalojar.

“Mi esposo cayó en depresión. Cuando empezaron a tirar la casa lo encontré llorando sentado en un bote, enfermo. Sufrió una falla orgánica múltiple e iba saliendo de su malestar. Yo le decía ‘vamos a juntar dinero para irnos a un cuarto’, pero él no me hablaba”.

Hace poco operaron al esposo de Leticia, que está mejor de salud, y en su terreno hay una casa en obra negra. Pero los trabajos no avanzan al ritmo que ellos quisieran. La pareja denuncia que ha habido múltiples errores de construcción y que suelen ver distintas cuadrillas de trabajadores muy jóvenes —incluso menores de edad— que se presentan unos días y regresan semanas después.

Saavedra cuenta que unos albañiles deshacían el trabajo de los otros, argumentando que estaba mal hecho. La mujer, que trabaja como secretaria en una secundaria, intentó pedir informes al gobierno para saber quién supervisaba a la ingeniera responsable. Le respondieron que su solicitud era incorrecta. Ella asegura que en su colonia hay otras 13 casas en proceso con problemas similares.

Cuestionada al respecto, la Fundación Carlos Slim respondió que hay diversas empresas subcontratadas para trabajar en las obras de reconstrucción, y que en todos los casos “ofrecen los mejores precios y máxima eficiencia”. También afirmó que en sus políticas "es inaceptable el trabajo infantil”.

Una lona hace de muro en la cocina improvisada de Saavedra y su familia, ubicada en otro predio que rentan en la misma privada donde está su terreno, en la calle Belisario Domínguez. Al entrar hay que tener cuidado con un hueco de alrededor de un metro de profundidad que recorre un costado completo del cuarto, y que se produjo, según explican, cuando se cayó el muro contiguo.

“Estamos viviendo en condiciones muy deplorables para nuestra familia”, dice Leticia. “Y no somos solo nosotros, somos muchas familias de aquí del pueblo”.

María del Carmen

El terreno de María del Carmen Saldaña es uno de los más grandes de su calle. Allí estaba la casa que originalmente fue de sus abuelos y que ella heredó. Cuenta que tenía forma de ele con un patio en medio, y que ella y su esposo le construyeron una segunda planta. Las fotos que tomó después del sismo muestran una casa en ruinas.

La presidenta de la asociación de damnificados duerme desde hace apenas cuatro días en la nueva vivienda que le construyó la Fundación Slim, pintada de un amarillo similar al de su antigua casa. El miércoles 12 de septiembre, cuando la encontramos en su terreno de Lázaro Cárdenas, todavía no se la habían entregado y no sabía decir por qué. Según sus cálculos, hacía más de un mes que ningún trabajador ingresaba.

El viernes 14 le llamaron para informarle que en 30 minutos le entregarían sus llaves, igual que a siete de sus vecinos. Saldaña dejó la casa de sus padres en San Gregorio —donde vivía con su esposo— para mudarse al nuevo hogar. Por teléfono confirma que todos los servicios —eléctricos e hidráulicos— funcionan correctamente.

Lo que todavía no tiene son los papeles que certifican que ella es la propietaria de la casa al fondo de su terreno. Y dice que tampoco lo tienen sus vecinos: “Hace como dos meses nos hicieron firmar alrededor de 80 planos y documentos. Nos dijeron que posteriormente se nos entregarían para tener un respaldo denuestra vivienda. Pero no nos han avisado cuándo”.

La Fundación Slim confirma que el Gobierno de Ciudad de México es el responsable de todos los procedimientos jurídicos.

Saldaña cuenta que nunca había sido “ni presidenta de manzana” hasta que vio a su pueblo destruido. Ella es maestra, contadora y estaba estudiando una maestría en sistemas, con beca de la Fundación Telmex. Hace 17 años trabaja en la empresa de cosméticos Mary Kay, donde ahora es directora de ventas.

Con ayuda de su hija, que trabaja en una notaría, registró la asociación civil 19s, una de varias que funcionaron como puentes entre las autoridades y los vecinos. “Gestionamos y presionamos pero nunca se nos dio ningún recurso”, afirma.

Al hacer un balance, Saldaña reconoce que en San Gregorio ha habido avances importantes, pero que aún falta mucho por hacer allí y en otros pueblos originarios de Xochimilco. En su opinión, la razón principal por la que muchas familias siguen sin casa es la negligencia e irresponsabilidad de la función pública. “Ojalá que la transición no sea un pretexto para que las autoridades no hagan su trabajo”.

Alejandro

Atrás de Alejandro Barrios aparece su mujer y su nieto
Atrás de Alejandro Barrios aparece su mujer y su nieto

Alejandro Barrios es herrero y en estos días trabaja instalando el nuevo portón de la casa de su vecina, María del Carmen Saldaña. El miércoles 12 de septiembre, cuando lo encontramos, dejó su actividad para mostrarnos el refugio improvisado donde vivía en ese momento con su mujer, su suegra, un hijo y un nieto.

El niño de seis años jugaba con un muñeco de plástico entre las mesas repletas de utensilios de cocina, y solo parcialmente cubiertas por su techo de lona. Una de las dos mujeres de la tercera edad preparaba un arroz a la intemperie. La otra estaba sentada con la mirada perdida.

Ellos se instalaron en ese espacio, detrás de la casa con placa de la Fundación Slim, poco después de que inició la construcción, debido a los múltiples saqueos que se vivieron en el pueblo a partir del terremoto. “Unos vecinos nos prestaban un cuarto pero todos nos recomendaron mucho que nos quedáramos en el terreno porque se robaban todo lo que podían”, dijo el herrero.

Él consideró que la construcción de su casa fue un proceso lento e intermitente. “Si la hubieran hecho de golpe, la terminaban en dos meses, porque trabajan muy rápido las constructoras”.

La espera terminó para ellos este viernes 14 de septiembre, según confirmó la presidenta de la asociación de damnificados, María del Carmen Saldaña. Barrios y su familia entraron ese día a su nueva casa de 70 metros cuadrados, con dos recámaras, un baño y medio, y pintada color salmón.

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