Es muy difícil que todo cuadre para tener una generación ganadora. Muchas son las plantillas con grandes cualidades y nombres importantes que no han dado con con la tecla y el equilibrio para conseguir un equipo aspirante a un Mundial.

España sabe de sobra lo que es la frustración, estuvo acostumbrada a ver talentos relevantes que fallaban y fallaban a la hora de la verdad.

Los árbitros, los errores de novato, la mala suerte o un disparo al palo que se marcha fuera. Lo que fuera, una sensación de angustia y sentimiento de víctima perpetuo.

Tras 2008 todo cambió, la Eurocopa de aquel verano permitió el paso al frente, ese triunfo se notó en los momentos más duros en el título mundial de 2010.

Todo ello desembocó en un paseo triunfal en 2012 y la falta de regeneración posterior. Julen Lopetegui encauzó todo, la herencia ganadora y lo que necesita modernizarse.

En sólo dos años dio la vuelta a esta situación introduciendo la dosis justa de jóvenes talentos y adecuando el estilo a los rivales. Más táctica, más trabajo grupal y mejor bloque. Un conjunto llamado a repetir cetro Mundial hasta que la propia federación lo evitó.

Manteniendo la columna vertebral, añadiendo jóvenes talentos y preparando tácticamente mejor los partidos. Lopetegui supo leer los problemas de España. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP
Manteniendo la columna vertebral, añadiendo jóvenes talentos y preparando tácticamente mejor los partidos. Lopetegui supo leer los problemas de España. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Primer acto (17 de mayo): Luis Rubiales, nuevo presidente de la federación

Los más altos despachos del futbol español eran un espacio cerrado a intrusos. Casi tres décadas de Miguel Ángel Villar que acabaron sepultadas en investigaciones, contratos irregulares y un operativo con muchas ansias económicas y pocas deportivas. Luis Rubiales llegaba para lavar la cara a todo eso.

El exjugador del Levante, entre otros, hizo valer su perfil más comprometido en su etapa como Presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales dando voz a numerosos casos de impagos. La vacante en el puesto federativo tras la salida de Villar y ser la cara más reconocible de cuantos intentaron asaltar ese puesto le proporcionaron el éxito.

Menos de un mes como presidente de la federación y Luis Rubiales ya ha tomado la decisión que marcará su carrera. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP
Menos de un mes como presidente de la federación y Luis Rubiales ya ha tomado la decisión que marcará su carrera. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Segundo acto (22 de mayo): Julen Lopetegui renueva como seleccionador hasta 2020

Todo se desarrollaba con tranquilidad en el seno de la selección. La labor de Lopetegui había sido sobresaliente y su contrato finalizaba tras el Mundial así que fuera quien fuera el presidente, ese movimiento se iba a realizar.

Paradójicamente, fue la primera acción concreta que realizó Rubiales y la primera foto para su galería. A un lado, el presidente; en el medio, Lopetegui y, en el otro, el director deportivo Fernando Hierro. En ese momento, a Zidane le quedaban todavía diez días al cargo del Real Madrid y una Champions por ganar.

Tercer acto (12 y 13 de junio): España colapsa

Salta la sorpresa, el Real Madrid anuncia a Julen Lopetegui como nuevo entrenador tras el Mundial. El club blanco conseguía un relevo para Zidane casi dos semanas después de la marcha del técnico francés. Se desconoce desde cuando sabían la noticia los jugadores. Pese a la sorpresa, el entorno de la selección cambia poco o nada ya que no altera los planes para el Mundial.

Menos de 24 horas después, Luis Rubiales actúa sintiéndose engañado por las negociaciones del seleccionador a espaldas de la federación. Julen Lopetegui se marcha por la puerta de atrás sin hacer declaraciones y Rubiales nombra seleccionador a Fernando Hierro, director deportivo de la selección, quien ya tuvo ese cargo en el Mundial de 2010.

El nuevo seleccionador español para el Mundial. AFP
El nuevo seleccionador español para el Mundial. AFP

Un buque insignia en busca del iceberg

¿Qué cambiaba para España el anuncio de Lopetegui? La realidad es que nada. Esto se ha tratado de una guerra de egos. El Real Madrid iba a contrarreloj en la planificación y Lopetegui no quiso avisar a la federación de que las negociaciones iban a buen puerto obligando a aceptar o hacer una locura que parecía impensable.

Y el autor principal de este escándalo es un Luis Rubiales ciego de poder con intención de dar un golpe en la mesa en sus primeros días que ha decidido con más rabia que lógica.

Faltó cabeza fría y lo va a pagar una generación ganadora que corre el riesgo de desperdiciarse como si fuera tan sencillo crear otra. La revolución tranquila que hizo Lopetegui ha saltado por los aires con una federación que, incluso en otro tiempo y con otros presidentes, sigue lejos de nivel requerido y pidiendo una dosis de protagonismo para justificar su puesto.

¿Se entiende que Lopetegui acepte? Sí. ¿Es comprensible el enfado de Rubiales por estas negociaciones? Claro. ¿Tiene sentido actuar como Rubiales? Ninguno. Un gigante poniéndose zancadillas a sí mismo. Un trasatlántico intentando chocar con el iceberg.