Hay equipos que parecen predestinados a ciertos torneos, da igual lo bien o mal que estén, que si llegan a la fase final necesitan una dosis extra de respeto aunque sólo sea por su historia y experiencia. Hace unos días era el seleccionador de Bélgica quien reconocía lo importante de “hacer que Brasil no se sienta la Brasil de los Mundiales”. Aunque en 2018 suene casi a una broma pesada, pocas naciones tienen tanta historia con este torneo como Hungría y Holanda. Y aún así su marcador está a cero.

Los magiares mágicos y el milagro alemán

La selección húngara era un potencia que asustaba a toda Europa. Su fútbol alegre, siempre cerca de la portería rival, les convertía en el equipo más temido de todos. En 1952 se alzaron con el oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1953 humillaron a los ingleses en Wembley con un 3-6 que les llevó al estrellato y si quedaban dudas de que 1954 era su Mundial, las despejaron en la fase de grupos: 9-0 a Corea del Sur y 8-3 a Alemania Federal. Kocsis, Púskas y Czibor destrozaban rivales sin piedad. En los cruces eliminaron a Brasil y Uruguay, finalistas en 1950, en dos choques duros y de mucha tensión ya que la superioridad húngara tuvo que enfrentarse a la dureza americana. Y en la final volvían a medirse a Alemania, aquel equipo al que anotaron ocho tantos en a fase de grupos.

La selección húngara de 1953 que derrotó 3-6 a Inglaterra en Wembley.
La selección húngara de 1953 que derrotó 3-6 a Inglaterra en Wembley.

Antes del minuto 9 los magiares ya vencían por dos goles y todo el mundo esperaba que el título fuera suyo hasta que comenzó lo que se conoció como el Milagro de Berna. Comenzó a diluviar y los alemanes hicieron valer sus innovadoras botas Adidas. Los húngaros apenas podían controlar el balón y sus rivales fueron creciendo y creciendo hasta que en el minuto 84 se completó la remontada. No era la primera final que perdía Hungría (1938) pero en esta eran los favoritos. Aquella fue la única derrota que sufrió Hungría entre 1948 y 1956. El día decisivo. Desde aquella tarde el futbol de los magiares comenzó una cuesta abajo que se completó con el exilio de varios futbolistas tras estallar la Revolución Húngara en 1956. Sólo se han vuelto a clasificar para seis Mundiales –ninguno desde México 1986- y jamás han vuelto a superar la fase de grupos. Una deuda pendiente que parece imposible de saldar.

Holanda: tres finales, cero triunfos

Era el minuto 91 y Holanda busca con un balón largo a Rob Rensenbrink que remata superando al meta argentino. El balón bota y el estadio Monumental de Buenos Aires se queda en silencio. Cuando el palo repele el esférico, Argentina vuelve a tomar aire, llegaba la prórroga. Finalmente Kempes sí supo anotar y Holanda se marchaba de vacío a casa pese a ser el conjunto que mejor futbol realizó en el Mundial de 1978. Cuatro años antes de la mano de Cruyff habían corrido la misma suerte. Un estilo innovador que sentó las bases del futbol de las décadas posteriores, un legado imborrable pero sin copa.

No volvieron a estar entre los mejores hasta 1998 cuando Bergkamp, Stam, Cocu y compañía maravillaron con velocidad y talento ofensivo alzándose hasta semifinales donde los penaltis ante Brasil prolongaron la agonía. Poco a poco el futbol holandés fue perdiendo peso hasta que cambiaron el libreto y volvieron a toparse con una derrota en la final: en 2010 su estilo agresivo, ordenado y dependiente de Robben y Sneijder acarició el Mundial. Sí, lo acarició en dos manos a manos de Robben ante Iker Casillas. Todos los años de lamentos por no tener premio a su futbol brillante en los 70 casi se cobran un Mundial con un estilo diametralmente opuesto en 2010 pero apareció Andrés Iniesta a cinco minutos del final. Incluso la renovación de Louis van Gaal en 2014 estuvo cerca del éxito con un tercer puesto pero desde entonces los neerlandeses no han clasificado para torneos internacionales.

En este caso es fácil pensar que volverán y quizás con un cambio de estilo puedan aspirar al triunfo que se les resiste pero el Mundial no ha sido benévolo con ellos. Como tampoco lo fue con la mejor generación húngara. La historia de los Mundiales también se puede explicar desde las derrotas.