En el último sexenio, los asesinatos aumentaron 40% en la capital. Estos cuatro reportajes intentan quitarnos prejuicios y dar respuesta a las preguntas que todos nos hacemos: qué pasó y cómo llegamos a este punto. Para ello, tomamos cuatro historias particulares que explican el problema general.

En Coyoacán, los asesinatos han aumentado 126%, y una de las causas es la disputa de narcomenudistas por la UNAM. Analizamos por qué se mata tanto en San Bartolo Ameyalco, una colonia rodeada de zonas residenciales tranquilas en Álvaro Obregón. Explicamos por qué en Iztapalapa, una de las delegaciones con más homicidios, hay un conglomerado habitacional (casi) libre de crimen. Y abordamos la saña feminicida, un fenómeno desperdigado en todo tipo de barrios y demarcaciones.

cdmx / Este es el ‘oasis’ de Iztapalapa donde hubo solo un homicidio en 8 años

Al oriente de CDMX existen tres unidades habitacionales convertidas en una especie de fortaleza, pero afuera de este polígono, las colonias suman decenas de asesinatos y narcotienditas

Comparte tu emoción
Las fronteras del oasis lo han mantenido lejos de la violencia letal de las colonias vecinas.
Las fronteras del oasis lo han mantenido lejos de la violencia letal de las colonias vecinas.

Existe un conglomerado habitacional en la delegación Iztapalapa, al oriente de Ciudad de México, donde viven 5 mil 309 personas. Dentro de este polígono de cerca de 130 edificios del Infonavit, los policías rara vez hacen rondines. Las cámaras y alarmas de seguridad colocadas por los vecinos llevan más de 15 años descompuestas y los residentes viven con zozobra, pero nada se compara con lo que pasa afuera de su “fortaleza”.

“Está muy cabrón afuera. En esas colonias (de alrededor) te matan por quedártele viendo a alguien. Afuera de la unidad pasa de todo. Escuchas sobre muertos, baleados y malvivientes”, dice Daniel Santos, de 32 años, quien llegó a vivir ahí con su familia cuando apenas era un niño.

Esta “fortaleza” está compuesta por tres unidades habitacionales: Solidaridad El Salado, Fuentes de Zaragoza y Concordia Zaragoza, todas cercanas a la estación del Metro Acatitla. Ahí dentro la gente apenas si recuerda asesinatos.

Y no es que les falle la memoria, el estudio 5013 homicidios en CDMX: análisis espacial para la reducción de la violencia letal realizado por México Evalúa refiere que este polígono es un oasis en el que solo se reportó un homicidio a lo largo de ocho años (2009-2016), rodeado de colonias en donde los asesinatos se han dado por decenas.

Según el informe, en ese mismo periodo se reportaron 54 homicidios en colonias vecinas como La Colmena, Ermita Zaragoza, Santa Martha Acatitla o Las Águilas, esta última ubicada ya en el Estado de México.

Al este del oasis está uno de lo puntos más críticos de la zona, la Unidad Habitacional Ermita Zaragoza, donde el pasado 25 de julio fue abandonado el cuerpo decapitado de un hombre junto a un mensaje supuestamente firmado por el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Al sur está la colonia Santa Martha Acatitla, la cual se convirtió en noticia internacional cuando la madrugada del 19 octubre de 2015 apareció un hombre sin vida colgado de un puente vehicular. Casi un año más tarde, en ese mismo sitio fue abandonado en bolsas negras un cadáver desmembrado.

El oasis está rodeado de colonias violentas. En 2015 un cadáver fue colgado de un puente vial en Santa Martha Acatitla. Arte: Adán Vega.
El oasis está rodeado de colonias violentas. En 2015 un cadáver fue colgado de un puente vial en Santa Martha Acatitla. Arte: Adán Vega.

Y al norte se encuentra la colonia Las Águilas, ya perteneciente a Nezahualcóyotl, Estado de México, considerado en 2017 como uno de los municipios más peligrosos de esa entidad, según datos del Secretariado Ejecutivo Nacional. En este punto, la madrugada del 19 de abril de 2017 cuatro mujeres fueron ejecutadas mientras se encontraban en un bar.

Según reportes oficiales, a los que tuvo acceso mexico.com, los puntos de venta de droga abundan en estas colonias, y operan frente a los ojos de los estudiantes menores de edad. Como el que existe en Ermita Zaragoza, junto a la Secundaria Diurna 293. Otro punto es el que está en la colonia Santa Martha Acatitla, en la calle Emiliano Zapata, esquina de con Benito Juárez, justo a unos pasos de la de la Escuela Primaria Luis M. Martínez, la Secundaria Técnica 70 y el Colegio Sor Juana Inés de la Cruz, este último de índole privado que incluye de preescolar hasta secundaria, según su página de Internet.

Pero a pesar de estar rodeado de todos estos puntos, el oasis habitacional está aislado. Una de sus mayores fortunas es que cuenta con cuatro barreras que lo “protegen” de las colonias cercanas. Del lado este hay un enorme contenedor de agua que evita las inundaciones en la zona; al oeste está el centro cultural Faro de Oriente; al sur cruza la Calzada Zaragoza y la Línea 1 del Metro; y finalmente al norte se encuentra Avenida Texcoco, una vialidad que forma una frontera con el Estado de México.

“Sí, este tipo de fronteras pueden inhibir la oportunidad criminal, la cual está influenciada en cómo la estructura urbana está desarrollada”, nos explica David Ramírez, coordinador del Programa de Seguridad en México Evalúa y coordinador del estudio.

Ramírez detalla que el Faro de Oriente y el Metro pueden influir en mayor flujo de personas, con lo cual se reducen los espacios de oportunidad para llevar a cabo un homicidio. También puede ser que en esta “fortaleza” los vecinos estén más conectados vía organizaciones con lo cual pueden tener más recursos para reaccionar ante problemas en la zona.

México Evalúa utilizó una metodología hiperlocal basada en un ejercicio estadístico que les permitió descubrir fenómenos como los oasis, que son un conjunto de manzanas donde se presentan menos homicidios respecto a la media de estos crímenes de las zonas vecinas.

Fue así como detectaron las tres unidades habitacionales que se han mantenido alejadas de los homicidios en Iztapalapa, la delegación con más asesinatos de toda la capital: mil 150 homicidios de 2009 a 2016, lo que representa el 23% de todos los asesinatos de la CDMX.

La Troya de Iztapalapa

Pero en el oasis conformado por las unidades habitacionales Solidaridad El Salado, Fuentes de Zaragoza y Concordia Zaragoza, no todo es un remanso de paz. En este espacio conformado por mil 358 departamentos, según un estimado de México Evalúa, la gente guarda sus coches en jaulas de metal con la esperanza de que no se los roben.

Los vecinos han puesto barrotes a las ventanas y a las puertas intentado proteger su patrimonio, y entre calle y calle también han colocado canceles metálicos para controlar los accesos. Así hasta ir construyendo al paso de los años un enorme cerco de hierro que han convertido a esta unidad en una especie de Troya enrejada. Pero esto tampoco la salva del narcomenudeo, de los robos a mano armada, de las agresiones vecinales e intentos de extorsión.

En la la unidad habitacional Concordia los accesos están restringidos con rejas metálicas. Foto: Sergio Rincón
En la la unidad habitacional Concordia los accesos están restringidos con rejas metálicas. Foto: Sergio Rincón

Son las 9 de la mañana del jueves 13 de septiembre, nos encontramos en la unidad Solidaridad El Salado. Ahí un joven de unos 19 años, vestido con una sudadera roja, pants, tenis y gorra está afuera de su casa vendiendo droga. Mientras despacha su mercancía su madre se asoma por la ventana para regañarlo, pero no por la transacción, sino por el reggaetón que tiene a todo volumen. El joven opera con total libertad mientras cuenta un delgado fajo billetes. En esta unidad se vende marihuana, piedra y cocaína, según los testimonios vecinales.

Escenas como la anterior no ocurrieron siempre, hubo una época en que los habitantes de esta unidad se sentían lejos de la violencia y la inseguridad.

Daniel Santos, vive con su padres y su hermano en un departamento de la unidad Solidaridad El Salado, la cual forma parte del oasis. “Antes era más bonito. Recuerdo que todos los niños salíamos a jugar futbol a la calle y no pasaba nada, era muy seguro”, narra.

Su padre, quien trabajó en la compañía envasadora Crown de México, adquirió su vivienda con un crédito Infonavit en 1992, desde entonces toda la familia se mudó a su nuevo hogar.

Como los Santos, muchas de las familias que viven en el oasis lo habitaron en la década de los noventa. Eran trabajadores de grandes compañías, también llegaron policías, abogados y todo tipo de profesionistas.

Mónica Navarro, de 23 años, asegura que sus vecinos eran maestros, abogados y contadores. “Yo creo que por eso era menos insegura la unidad, por el tipo de personas que viven aquí”.

Datos del Sistema de Información de Desarrollo Social de Ciudad de México refieren que en el oasis sus habitantes tienen mayor grado de estudios que las colonias aledañas, además presenta menor grado de marginación e índices más altos de ocupación laboral, servicios e infraestructura.

Estas cifras también pueden ayudar a comprender por qué este lugar se ha mantenido “a salvo”. David Ramírez explica que es posible que el comportamiento criminal sea menor debido a que existe un mayor desarrollo de infraestructura, más espacios de recreación y deporte, así como niveles más altos de estudios e incluso influye el hecho que los habitantes están más organizados en comparación con las colonias aledañas.

"Estos factores de índole socioeconómica, por ejemplo el grado de hacinamiento, o grado educativo, te permite plantear preguntas sobre cómo el desarrollo urbano desigual influye en la relación vecinal y en lo que puede derivar en una conducta criminal”, explica el experto.

Este contraste es evidente en la unidad habitacional Ermita Zaragoza, uno de los puntos críticos que rodea el oasis, la cual está llena de callejones desordenados y banquetas dañadas. Ahí vive, desde hace cuatro décadas, la señora Cristina Morales, de 70 años. Ella recuerda que su unidad fue fundada por comerciantes de Tepito y boleros de calzado.

La mujer de cabello cano ha sido testigo del incremento de la inseguridad, y comenta que la situación empeoró cuando llegaron “paracaidistas”, quienes se establecieron tras invadir ilegalmente un predio. “Aquí había de todo, gente trabajadora, claro que sí, pero también gente que se trajo las mañas. Y ahora ese es el problema, la inseguridad. Hay familias enteras que se dedican al crimen”, dice.

En la unidad habitacional Ermita Zaragoza, que es un punto crítico, existe mayor violencia que en el oasis. Foto: Sergio Rincón
En la unidad habitacional Ermita Zaragoza, que es un punto crítico, existe mayor violencia que en el oasis. Foto: Sergio Rincón

Ángel Alcántara, también vecino de Ermita Zaragoza, de 33 años de edad, explica que otro elemento que eleva el nivel de violencia es la forma como está construida la propia unidad, la cual tiene un circuito de angostos callejones que sirven de escondite a los ladrones. A esto se suma que los miércoles se coloca un tianguis donde se “mueve” toda la mercancía robada.

“No puedo decir que esta unidad ha sido tranquila, pero de unos años para acá ha sido muy violenta, sobre todo por niños (adolescentes), que tienen su arma y ya quieren robar, matar a quien sea, aunque uno sea de aquí. No importa que sea de día o de noche, se sienten libres porque la misma gente los encubre, su propia familia, porque son familias grandes que se dedican a lo mismo. Además los policías no entran o en algunos casos tardan mucho en llegar”, narra Alcantara.

Las fronteras del oasis lo han mantenido lejos de la violencia letal de las colonias vecinas, y sus habitantes lo saben, pero narran que eso no significa que se sienten seguros del todo, pues los asaltos, dicen, han aumentando y cada vez es más común ver jóvenes que operan en motonetas, como si poco a poco el crimen se les estuviera metiendo, como un caballo de Troya.

*Esta es la tercera de cuatro entregas del especial ‘Homicidios en CDMX’, el cual se presenta en alianza con México Evalúa. Se trata de una iniciativa para visibilizar la violencia y proponer políticas públicas que ayuden a combatir la criminalidad, en la que también participaron otros medios como El País, The New York Times, Fusión y Dromómanos.