En el último sexenio, los asesinatos aumentaron 40% en la capital. Estos cuatro reportajes intentan quitarnos prejuicios y dar respuesta a las preguntas que todos nos hacemos: qué pasó y cómo llegamos a este punto. Para ello, tomamos cuatro historias particulares que explican el problema general.

En Coyoacán, los asesinatos han aumentado 126%, y una de las causas es la disputa de narcomenudistas por la UNAM. Analizamos por qué se mata tanto en San Bartolo Ameyalco, una colonia rodeada de zonas residenciales tranquilas en Álvaro Obregón. Explicamos por qué en Iztapalapa, una de las delegaciones con más homicidios, hay un conglomerado habitacional (casi) libre de crimen. Y abordamos la saña feminicida, un fenómeno desperdigado en todo tipo de barrios y demarcaciones.

cdmx / Disputa de narcomenudistas por la UNAM disparó asesinatos en Coyoacán

Era una de las delegaciones más pacíficas de CDMX, pero en este sexenio, Coyoacán registró un aumento de 126% en homicidios. El barrio que más lo ha resentido es Pedregal de Santo Domingo, a unos pasos de la UNAM

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Julio I. Hernández recuerda que cuando era niño, a principios de los 80, sus padres no lo dejaban salir a la calle por miedo a los “chavos banda”, las tribus urbanas con cientos de integrantes que solían enfrentarse “a pedradas o con palos” en el Pedregal de Santo Domingo. “A veces traían cuchillos o a lo mucho un calibre 22”, dice este promotor cultural de 42 años, cuyos abuelos fueron fundadores de un barrio que hoy es el más peligroso de la delegación Coyoacán.

Aquel recuerdo de violencia se queda en mera anécdota al compararlo con lo que ha ocurrido en el último sexenio. Hernández calcula que, solo en lo que va de este año, ha habido unos 10 asesinatos en la colonia y sus alrededores. La hemeroteca criminal de este año lo confirma: casi todas las víctimas fueron jóvenes, relacionados con el narcomenudeo y que pertenecen a pequeñas pandillas, muy diferentes a las de hace tres décadas.

“Hoy son más chicos, todos armados y sin miedo. El nivel de violencia ha aumentado bastante, los jóvenes andan vendiendo o haciendo algún negocio torcido y van con (armas) 9 milímetros, o calibres 45, 357, 38 o 38 especial”, dice Hernández, un hombre delgado y de cabello rizado.

Cada vez que hay un asesinato, Hernández se entera por las páginas de Facebook y grupos de Whatsapp, un fenómeno que ha crecido y que ha causado más morbo y alarma entre los vecinos, no solo de Santo Domingo, sino de la delegación en general.

Según páginas como Chisme Caliente Coyoacán, con 80 mil seguidores, hay al menos dos asesinatos al mes, casi siempre en Santo Domingo o CTM. “También hay asesinatos en colonias que antes eran tranquilas”, dijeron los encargados de esta web. Los más recientes en Santo Domingo fueron hace menos de un mes: una pareja de jóvenes, ultimados en la calle Copal el 20 de agosto, y seis días después, una mujer ejecutada en Toltecas.

Coyoacán no es la delegación más peligrosa de la ciudad. Sus cifras son considerablemente más bajas que Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero e Iztapalapa, donde el año pasado registraron 113, 200 y 230 homicidios, respectivamente, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Pero Coyoacán sí es donde los homicidios más han aumentado: un 126%, pasando de 19 en 2012, a 42 en 2017 —de 3.1 a 6.9 homicidios por cada 100 mil habitantes—. Casi uno por semana, solo en esta demarcación.

El Pedregal de Santo Domingo es, con diferencia, la colonia más afectada. Un estudio de México Evalúa, que geolocaliza calle por calle dónde se mató en Ciudad de México entre 2009 y 2016, muestra que en esta zona hubo 31 homicidios en este periodo, seguido por Culhuacán, que tuvo 12.

“Coyoacán es una zona poco problemática. Tiene pocos hotspots, no pasan de seis de puntos críticos en ocho años. Pero zonas como Santo Domingo son ejemplo de desarrollo urbano inequitativo y desigual (...) Los factores económicos y la población joven con falta de oportunidades son un caldo de cultivo para que surjan problemas con bandas y de ahí, es un paso muy cercano al narcomenudeo”, señala el investigador David Ramírez de Garay, coordinador del estudio 5013 Homicidios. Análisis espacial para la reducción de la violencia letal.

El especialista en sociología del crimen también considera que factores de desorganización social como el hacinamiento influyen en la alta tasa de homicidio en esta colonia.

La cercanía con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una de las mayores plazas del narcomenudeo en el sur de la ciudad, y la expansión de pequeños grupos delictivos a colonias como Pedregal de Santo Domingo, se considera una de las causas por las que ha aumentado la violencia letal en la zona. Los vecinos, por un lado, culpan a la oferta de drogas de la universidad, debido a que se han registrado varios asesinatos relacionados con el narcomenudeo en los últimos años. Por otro lado, un grupo de investigadores intenta entender qué pasa en Santo Domingo y qué se puede hacer para acabar con esta violencia.

Lorena Zamora estaba en su casa el pasado 3 de marzo cuando escuchó los disparos. No era la primera vez, pero en esa ocasión fueron demasiado cerca. Después oyó los gritos, el movimiento de la gente y las sirenas de las patrullas. Más tarde, se enteró que dos hombres habían sido asesinados mientras tomaban cervezas en un coche en su misma calle, Toltecas.

Cristian Olvera y Eduardo González, de 24 y 30 años, fueron asesinados y otros tres jóvenes resultaron heridos. Les dispararon más de 20 veces con balas de calibre 9 milímetros. Se hablaba de una riña familiar, de una pelea entre amigos, pero otros decían que esto tenía que ver con el asesinato de otros dos narcomenudistas un mes antes en Ciudad Universitaria.

“Fue un ajuste de cuentas”, comenta Zamora, quien insiste en que cada vez es más común escuchar balaceras y que en la zona hay varios puntos de venta de drogas. La policía detecta al menos seis centros de distribución en Santo Domingo y otros siete en la vecina Santa Úrsula.

Una semana antes, el 23 de febrero, dos narcomenudistas fueron asesinados en el área de frontones de la UNAM. La Procuraduría General de Justicia (PGJ) difundió un retrato hablado del supuesto homicida: “El Güero”, un hombre de unos 25 años, de entre 1.70 y 1.75 metros de altura, delgado, de barba y piel blanca. “Los Güeros”, según información la procuraduría, eran una pandilla dependiente del cártel del H, liderado por Héctor Hugo, alias el H —detenido en marzo—, quien controlaba a pequeños narcomenudistas de Ciudad Universitaria y operaba en Santo Domingo.

“Es probable que la UNAM y la incorporación de narcotiendas a la zonas cercanas aumente cierta violencia. Lo que sucede es que los homicidios aumentan porque aumenta la competencia por controlar los centros de distribución”, comenta Gustavo Fondevilla, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), quien acota que Coyoacán es una delegación heterogénea con zonas muy pacíficas.

Entre 2009 y 2016, la policía reportó siete asesinatos dentro de Ciudad Universitaria, según el análisis de México Evalúa. A esto se suman cuatro casos en 2017 y los dos homicidios de febrero de este año. Sobre estos últimos, el procurador capitalino, Edmundo Garrido, descartó que grupos criminales como el Cártel de Tláhuac o de Morelos operaran en la zona y dijo que se trataba de grupos narcomenudistas de colonias aledañas como San Francisco Coyoacán, Copilco Universidad y Santo Domingo.

Según la Policía de Investigación, 85% de las personas que venden drogas en la UNAM vive a uno o dos kilómetros de la zona universitaria.

“Se trata de gente que vive en la zona (Coyoacán), que su arraigo es en esa zona, que se dedican al narcomenudeo solamente ahí”, dijo el procurador en aquel momento.

Pedregal de Santo Domingo se construyó sobre piedra volcánica. Sus fundadores cuentan que llegaron en 1971 a limpiar piedra por piedra y quitar escorpiones y serpientes para construir sus casas. La organización social es muy importante y es una zona que además de la violencia, se resiste a la construcción de megaproyectos como Ciudad del futuro. Sufre constantemente de falta de agua y ha sido víctima del clientelismo político y la violencia política.

En 2016, el Sistema Penitenciario registró que Pedregal de Santo Domingo es la quinta colonia que más presos aporta a las cárceles capitalinas —318, 10 de ellos mujeres—, la mayoría por delitos contra la salud. También, según un informe de CIDAC, siete de los 13 principales delitos que se cometen en la zona son de alto impacto, principalmente, robo a transeúnte, robo de vehículo y homicidio, y es la número uno en delitos sexuales.

“¿Bastan estos datos para decir que es una colonia peligrosa?”, se pregunta Christian Ascensio, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas Sociales de la UNAM.

Hace un año, 10 investigadores de diferentes carreras de la facultad crearon el Observatorio Social Ciudadano para entender qué pasaba en Santo Domingo, tomando en cuenta su cercanía y que muchos profesores y alumnos viven ahí. “Creemos que hay un muro, como el de Trump, que divide a la universidad de la colonia. Más que peligrosa o violenta, es muy desfavorecida en términos de exclusión social, desigualdad y acceso a servicios”, cometa Ascensio, quien estudia la incidencia delictiva y percepción de la violencia en el barrio.

El proyecto investiga y hace estudios de campo para proponer alternativas para mejorar el entorno de la universidad. Ascensio considera que no se puede clasificar a la colonia como peligrosa por ciertas personas que viven ahí, pues el resto de sus habitantes sufren una estigmatización residencial que les afecta al moverse por distintas partes de la ciudad, al querer rentar en otra zona o buscar trabajo, entre otras cosas.

“Es innegable que hay algunos narcomenudistas que pertenecen a esa colonia, pero tenemos que verlo desde salud pública. ¿Por qué el mercado es viable, por qué ciertos estudiantes consumen y compran en esos mercados?”, dice.

Julio I. Hernández, quien también es colaborador del Centro de Artes y Oficios Escuelita Emiliano Zapata, un centro comunitario al que acuden unas 300 personas a diario, recuerda que siempre ha habido una disputa con la UNAM, en la que diferentes autoridades a lo largo de los años han acusado a Santo Domingo de ser el problema. “Sí lo es, pero es porque hay demanda. Los jóvenes dicen: ‘Vámonos a Santo Domingo’. Son consumidores de marihuana y eso ha generado un mercado. Pero esto es un problema conjunto”, comenta Hernández.

Si bien no hay grandes grupos criminales, Hernández diferencia entre los “buchones” y los "chakas”, que también podrían considerarse tribus urbanas. Los buchones escuchan banda, los chakas, reggaeton. Ambos consumen drogas. Los buchones, dice, cocaína y los chakas, crack. Algunos también venden estupefacientes.

“A ellos los controlan para la venta de drogas. Tenemos indicios de que hay personas muy poderosas que controlan el mercado aquí. Hay varios puntos de venta de droga y se ve la colaboración de las autoridades”, agrega.

En Santo Domingo, así como en otras zonas de la ciudad, hay pandillas. Pero, según Emilio Cunjama, especialista en delincuencia juvenil del Instituto Nacional de Ciencias Penales, no se trata de grandes estructuras de crimen organizado, sino de grupos pequeños; se trata de estructuras caseras, incluso familiares.

“En estas colonias, marcadas por índices delictivos altos, he sabido que hay mucha narcotiendita. Los grupos que dominan esa venta de droga empiezan a entrar en disputas. Lo podemos ver en CU”, apunta el experto, quien no obstante, considera que la venta de drogas en la UNAM ha existido desde siempre. El problema, según Cunjama, es que estos grupos ahora resuelven los conflictos a balazos. “La violencia se idolatra. Antes era una madriza, ahora es un descontrol en el uso de la violencia”.

Natalia Lara, de Vecinos Unidos por Coyoacán, considera que muchos de estos grupos tienen colusión con las autoridades delegaciones e incluso han sido usados en temporada electoral para ejercer presiones.

mexico.com pidió en varias ocasiones entrevistas con la Delegación Coyoacán sobre este tema pero se rehusó la administración a cargo de Édgar Jiménez, delegado sustituto de Valentín Maldonado, y ambos excolaboradores del diputado federal Mauricio Toledo.

La encargada de Comunicación Social, Ana Berenice Espinosa se comprometió a enviar una “tarjeta informativa” sobre el tema y tampoco lo hizo.

“Hay una inestabilidad en temas de seguridad. Hay pandillas que hacen presión política para que otros grupos no se manifiesten en contra”, comenta Lara, quien asegura que en noviembre del año pasado fue golpeada por grupos afines a la delegación por grabar una manifestación contra la escasez de agua en Santa Úrsula.

Natalia Lara habla en medio de un convivio por el 15 de septiembre en la plaza de la Solidaridad, un punto que hace frontera con Santa Úrsula, Ajusco y Ruiz Cortines. “Aquí viven muchos estudiantes y este un paso muy fácil para la droga, hay una gran oferta”, indica la líder vecinal.

Ahora, los vecinos comen tranquilos y los niños juegan en la calle. Pero por las noches, dice, las bandas juveniles se apropian de la plaza. Se juntan, beben, consumen drogas y, a veces, asaltan. Los vecinos, como los padres de Julio I. Hernández, tampoco dejan salir a sus hijos a la calle.

*Esta es la primera de cuatro entregas del especial ‘Homicidios en CDMX’, el cual se presenta en alianza con México Evalúa. Se trata de una iniciativa para visibilizar la violencia y proponer políticas públicas que ayuden a combatir la criminalidad, en la que también participaron otros medios como El País, The New York Times, Fusión y Dromómanos.