En el último sexenio, los asesinatos aumentaron 40% en la capital. Estos cuatro reportajes intentan quitarnos prejuicios y dar respuesta a las preguntas que todos nos hacemos: qué pasó y cómo llegamos a este punto. Para ello, tomamos cuatro historias particulares que explican el problema general.

En Coyoacán, los asesinatos han aumentado 126%, y una de las causas es la disputa de narcomenudistas por la UNAM. Analizamos por qué se mata tanto en San Bartolo Ameyalco, una colonia rodeada de zonas residenciales tranquilas en Álvaro Obregón. Explicamos por qué en Iztapalapa, una de las delegaciones con más homicidios, hay un conglomerado habitacional (casi) libre de crimen. Y abordamos la saña feminicida, un fenómeno desperdigado en todo tipo de barrios y demarcaciones.

cdmx / San Bartolo, un pueblo peligroso entre residenciales pacíficos de CDMX

En medio de vigilados barrios ricos de la delegación Álvaro Obregón, como Villa Verdún y Rancho San Francisco, existe un violento antioasis abandonado por la policía

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En San Bartolo Ameyalco no hay policía o cuando viene ya nos dieron en la madre”: así resume Vicencia Silva el desamparo del lugar en el que ha vivido por casi cinco décadas.

Poco importa que la academia donde se forman los cuerpos policiacos quede apenas a dos kilómetros de distancia o que los pobladores tengan miedo a ser víctimas del próximo asalto, secuestro u homicidio: aquí no hay autoridad que garantice su seguridad.

Vicencia es una mujer de complexión delgada que siempre carga consigo un palo por si es necesario usarlo en defensa propia, y no es la única. Hace un par de años, vecinos intentaron linchar a un supuesto ladrón de autos en el centro de la comunidad. Ese día sí llegó la policía... para rescatar al presunto delincuente.

Lo que la mujer relata coincide con más de una decena de testimonios de habitantes y comerciantes de San Bartolo Ameyalco recopilados por mexico.com y que corroboramos en distintos recorridos durante el día y la noche en los que jamás vimos una patrulla.

Solo existe un módulo de policía al sur de San Bartolo, pero es un cascarón vacío. Junto a esa infraestructura abandonada, el bachillerato público (CETIS 52) fue saqueado hace dos semanas.

Apenas salimos del centro de este pueblo de la delegación Álvaro Obregón, en Ciudad de México, y en un santiamén parece que llegamos a otro mundo. Dejamos atrás las casitas pintadas en su mayoría de amarillo —algunas incluso con techos de lámina— para ver ahora residencias lujosas repletas de seguridad privada.

Los callejones sin alumbrado se convierten en caminos pavimentados o empedrados de adoquines que sirven de entrada a esas casas de ensueño. No hay que avanzar ni cinco minutos para notar el contraste.

Acaso lo único que estas zonas comparten, además de la geografía, es el caos vial que ha dejado el desorden inmobiliario en los vecindarios ricos, pero aun en ese caos hay diferencias entre los ‘vochos’ que recorren las angostas calles del pueblo y las camionetas último modelo que circulan en los alrededores.

En varios recorridos por las calles angostas de San Bartolo Ameyalco comprobamos la ausencia de patrullas o elementos de seguridad pública
En varios recorridos por las calles angostas de San Bartolo Ameyalco comprobamos la ausencia de patrullas o elementos de seguridad pública

Sin seguridad pública, la gente de San Bartolo vive siempre alerta. Tan pronto entra un extraño, la mirada de la comunidad se clava en él intentando descifrar si se trata de una persona de bien o un maleante. La desconfianza está a flor de piel, más ahora que hasta aquí ha llegado el rumor de que se están robando niños. Y no es para menos: el gobierno capitalino ha abandonado al pueblo a su suerte, como si estuviera condenado a ser un infierno de violencia en medio del paraíso residencial.

“Aquí sufrimos secuestros, robos, agresiones sexuales… hay un narcomenudeo terrible que está perdiendo a nuestra juventud y las autoridades no hacen nada”, denuncia Guadalupe Sánchez González, miembro del Consejo del Pueblo de San Bartolo Ameyalco.

El elemento que detonó la violencia fue la llegada de una organización de narcomenudistas conocida como ‘Los Oaxacos’, a la que los pobladores temen. Desconcierta ver que en este pueblo con fama de aguerrido pocos se atrevan a hablar de ellos.

Quienes lo hacen voltean nerviosos a todos lados para cerciorarse de que nadie los ve, como si la banda tuviera ojos y oídos en cada rincón. Y casi susurrando, cual si contaran un secreto, señalan que se trata de “gente muy violenta”, en su mayoría jóvenes, que distribuyen la droga en camionetas tipo Van.

Se les puede encontrar en los callejones de Xaxalpa, Torres de Tepito y Prolongación San Diego, al interior del pueblo, y se les vincula a los asesinatos más recientes. La policía de la ciudad incluso tiene detectado un punto de venta de droga en el primer andador de Xaxalpa, justo en el lugar donde los pobladores señalan que es el centro de operaciones de este grupo delictivo. Según los reportes oficiales, en ese lugar se venden estupefacientes todos los días, las 24 horas.

Sobre ‘Los Oaxacos’ se sabe poco públicamente. En febrero pasado, el diario Reforma publicó que este grupo mantiene una lucha contra el “Cártel del H” por el control de la venta de droga al sur de la ciudad, según investigaciones de la Procuraduría capitalina y la Secretaría de Seguridad Pública local.

“Según los documentos, ‘El Cartel del H’ tiene su base de operaciones en las colonias San Francisco Culhuacán y Santo Domingo, en Coyoacán, mientras que ‘Los Oaxacos’ están al poniente de la ciudad, en Álvaro Obregón y Cuajimalpa”, dice la nota periodística.

En medio de esta lucha apareció hace ocho meses una narcomanta en Periférico Sur con la que presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación anunciaron su llegada para luchar contra Héctor Hugo N, alias “El H” y líder de la organización que rivaliza con ‘Los Oaxacos’. Este último fue arrestado en un operativo un mes después.

Los callejones de Xaxalpa son usados por 'Los Oaxacos' como puntos de venta de droga
Los callejones de Xaxalpa son usados por 'Los Oaxacos' como puntos de venta de droga

Un antioasis olvidado

La madrugada del 31 de octubre de 2016, un joven de 29 años y su novia de 22 fueron acribillados dentro de su auto estacionado entre las calles Segunda Cerrada de la Hera y Callejón Torres de Tepito: él recibió 17 impactos de bala y, ella, cuatro.

No muy lejos de allí, en el cruce de Cerrada Torres de Tepito y Camino Viejo a Mixcoac, un hombre conocido como El Pícoro fue baleado el 21 de agosto de 2017. Tras escuchar los disparos, los vecinos salieron para encontrar su cuerpo sin vida tendido sobre la banqueta. Los primeros reportes apuntaban a una riña.

El último homicidio en el pueblo ocurrió en agosto pasado, cuando otro hombre fue asesinado de un balazo en el cuello cuando dejaba a una mujer afuera de su domicilio. Los reportes de prensa señalan que ella sostenía una relación extramarital con la víctima, motivo por el cual el esposo cobró venganza.

De acuerdo con el estudio 5013 Homicidios en CDMX: análisis espacial para la reducción de la violencia letal que presenta esta semana la organización México Evalúa —y que geolocaliza calle por calle cada homicidio cometido en la capital entre 2009 y 2016— el centro de San Bartolo Ameyalco se ha convertido en una especie de antioasis en los últimos años.

La paradoja es esta: mientras que aquí la violencia homicida supera la media de la ciudad, en las zonas aledañas es bastante baja o incluso inexistente. Se trata, pues, de un sitio violento enclavado en un área pacífica.

La investigación basada en más de 5 mil reportes policiacos arrojó que en este lugar se han cometido siete asesinatos entre 2009 y 2016 mientras que en las seis áreas colindantes se registraron de cero a un máximo de tres asesinatos en el mismo lapso. La información no contempla los años 2017 y 2018, cuando la violencia en la capital creció con más fuerza.

El fenómeno no es fortuito. Este antioasis colinda al norte y al oriente con las exclusivas colonias de Villa Verdún, Alcantarilla, Olivar de los Padres y Rancho San Francisco. Cerca se ubica una escuela de élite, la Universidad Anáhuac del Sur. Y también está la Universidad de la Policía de la Ciudad de México, en donde los elementos de seguridad pública reciben su formación.

Quien entre al pueblo por el oriente tendrá que cruzar una frontera —la que divide el lujoso Rancho San Francisco de la entrada al pueblo— para comenzar a escuchar las primeras historias de crimen.

Guadalupe Mora vende productos de abarrotes justo en esa división. Si mira a un lado ve el muro de entrada al fraccionamiento de lujo, mientras que al otro hay un callejón sin alumbrado ni pavimentación llamado Cerrada de Hidalgo, donde constantemente asaltan. También hay una casona en demolición que ha sido blanco de la rapiña: se han robado hasta el cable de las paredes. Pero al menos por esta intersección la policía pasa dos veces al día.

Las casas pobres de San Bartolo Ameyalco contrastan con los fraccionamientos lujosos de alrededor, como el Rancho San Francisco que cuenta con club de tenis y hasta capilla
Las casas pobres de San Bartolo Ameyalco contrastan con los fraccionamientos lujosos de alrededor, como el Rancho San Francisco que cuenta con club de tenis y hasta capilla

La frontera oeste la delimita el Camino Viejo a Mixcoac: cruzando la avenida lo que hay son caballerizas, un campo de golf y dos de Gotcha.

Mientras eso existe fuera de la frontera, al interior del pueblo nace una avenida que colinda con una red de pequeños callejones sin salida conocidos como Cerradas Torres de Tepito, uno de los lugares más peligrosos del pueblo, especialmente si se entra de noche. De día se pueden ver autos desvalijados y casas de materiales precarios asentadas junto a torres de alta tensión.

Finalmente está la frontera sur, que divide el centro del sur del pueblo mediante calles como la Era y Miguel Hidalgo. Colindantes a estas se localizan los callejones de Xaxalpa, Prolongación San Diego y Segunda Cerrada de La Era, lugares señalados por ser importantes puntos de venta de droga.

En esa última calle, dos agentes capitalinos detuvieron a un niño de 12 años por portar más de 150 grapas de cocaína dentro de una mochila. Era mayo de 2017. De acuerdo con reportes de prensa, el menor amenazó a los uniformados diciendo que su jefe los iba a matar. Al ser cuestionado sobre la identidad del jefe, el niño prefirió callar.

David Ramírez de Garay, coordinador del Programa de Seguridad en México Evalúa y uno de los autores del estudio, explica a mexico.com que el desarrollo urbano desigual influye en los niveles de violencia tan contrastantes en sitios que están prácticamente uno junto a otro, lo que hace que se formen antioasis como San Bartolo.

“Es mucho más fácil que un grupo de vecinos de una colonia de mayor nivel socioeconómico vaya a tener acceso a las autoridades que la gente que ha sido tradicionalmente ignorada en infraestructura urbana”, señala el experto.

No solo se trata de falta de policías. A San Bartolo le hace falta mucha infraestructura, y la diferencia es abismal si se le compara con las colonias vecinas. El pueblo tiene una red de callejones cerrados, carentes de alumbrado, que se convierten en bocas de lobo tan pronto cae la noche.

Tampoco hay espacios deportivos o culturales en donde los jóvenes puedan pasar su tiempo libre y apenas una secundaria y un bachillerato públicos atienden la demanda educativa. Este último fue saqueado hace dos semanas.

Se trata de un lugar ideal para que grupos como ‘Los Oaxacos’ operen con total libertad y hasta se den el lujo de engrosar sus filas.

mexico.com buscó vía telefónica y por correo electrónico a Miguel Ángel Viveros García, coordinador de Comunicación Social de Álvaro Obregón, para tener una postura de la delegación sobre el tema, pero no se tuvo respuesta.

San Bartolo Ameyalco no es el único antioasis en la Ciudad de México. Según el estudio de México Evalúa, las zonas con tasas altas de reportes de homicidio que están rodeadas de zonas libres de este tipo de violencia aumentaron en 33% entre 2009 y 2016.

Entrada a la Tercera Cerrada Torres de Tepito, en la frontera oeste del pueblo de San Bartolo
Entrada a la Tercera Cerrada Torres de Tepito, en la frontera oeste del pueblo de San Bartolo

El origen de la violencia

La mayoría de la gente en San Bartolo Ameyalco tiene claro que la violencia recrudeció a partir del 21 de mayo de 2014. Ese día, habitantes del pueblo se enfrentaron a un ejército de mil 500 granaderos con piedras, palos, botellas y hasta bombas molotov en una batalla campal que duró más de cinco horas y dejó un saldo de 101 heridos. Un proyecto hidráulico desató la gresca.

Para los manifestantes se trataba de una obra que se llevaría el agua de su manantial a los exclusivos condominios de Santa Fe, en tanto que para las autoridades la trifulca fue alentada por los piperos del pueblo que vieron en riesgo su negocio de distribución de agua.

Sea cual haya sido la razón, a partir de ese día la policía abandonó al pueblo, según los testimonios de los vecinos.

Desde entonces —añade Guadalupe Sánchez, consejera de la asamblea popular del lugar— “hubo una migración tremenda de gente, no sabemos de dónde llegó, cómo llegó o quién la trajo, pero era gente con muy mala reputación, con muy malas intenciones”.

Hoy los habitantes de San Bartolo exigen la intervención de las autoridades que tomarán las riendas de la ciudad y de la delegación a partir de diciembre próximo.

“Nosotros queremos que el gobierno que viene cumpla con lo prometido porque estamos hartos ya de tanta delincuencia, ya no podemos andar en la calle”, señala Rogelio Martínez Ramírez, coordinador del Comité Ciudadano del Pueblo de San Bartolo Ameyalco.

“Necesitamos un módulo (de policía) que esté continuamente en el centro del pueblo, hoy no lo hay… Que exista la autoridad siempre, las 24 horas, para que la delincuencia baje sobre todo en el centro del pueblo”.

Rogelio nos comparte que tienen un proyecto para construir un casa de cultura en un predio de mil 504 metros cuadrados que además contará con viveros, gimnasio, alberca y otras instalaciones deportivas para que los jóvenes no caigan en las redes criminales.

Comprar el predio costará 7 millones de pesos, dinero que el Comité ya consiguió del Fideicomiso Santa Fe, un fondo privado constituido por las empresas dueñas de las nuevas construcciones para compensar los daños ocasionados por las obras, explica Rogelio. Lo que les falta ahora es el recurso para la edificación del centro y esperan que la nueva administración los apoye con eso.

Torres de Tepito es una red de callejones sin salida y sin alumbrado público. Las casas en esta zona se encuentran a un costado de torres de alta tensión
Torres de Tepito es una red de callejones sin salida y sin alumbrado público. Las casas en esta zona se encuentran a un costado de torres de alta tensión

Entre 2012 y 2017, el homicidio doloso en la capital del país se incrementó 40%, de acuerdo con el estudio de México Evalúa. El documento cataloga a la delegación Álvaro Obregón como un “caso alarmante” ya que ahí el delito se disparó 96%.

Ahora es la cuarta demarcación con más incidencia de asesinatos, solo por debajo de Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Cuauhtémoc. Lo que sucede en San Bartolo Ameyalco es apenas la punta del iceberg.

*Esta es la segunda de cuatro entregas del especial ‘Homicidios en CDMX’, el cual se presenta en alianza con México Evalúa. Se trata de una iniciativa para visibilizar la violencia y proponer políticas públicas que ayuden a combatir la criminalidad, en la que también participaron otros medios como El País, The New York Times, Fusión y Dromómanos.