En un restaurante de la colonia Roma, tres músicos tocan sus instrumentos iluminados por una luz roja. El del centro es inconfundible, aunque su característico cabello chino ahora tiene algunas canas. Es Alejandro Flores, el músico que tocó el enérgico y alegre violín de Ojalá que llueva café con Café Tacvba.

Pero hoy es el líder de Extráñame María, un grupo experimental cuya base es la música tradicional mexicana. El nombre surgió de una frase que Alejandro le decía a su esposa cuando no podía llevar suficiente dinero a casa: “Extráñame, María”. Porque para él la música, antes que un negocio, es una fuente de placer.

“Siempre he regalado mi trabajo, yo estoy acostumbrado a las malas”, dice Alejandro Flores afuera del restaurante La Chicha, en la Roma, para mexico.com.

Ojalá

Suenan el requinto jarocho, la jarana y el órgano bajo las mismas luces rojas. Es el sonido del son mexicano tradicional que recuerda a la música veracruzana, ese rasgueo armónico de cuerdas. Sin embargo, esta música tiene un toque renovado.

“No pretendo nada, y si me la paso bien y a la gente le late, pues eso está perfecto”, comenta.

Casi al final de la tocada, Extráñame María interpreta Ojalá que llueva café, en la que el violín de Alejandro Flores toma un rol protagónico y, por momentos, es el eje principal. Cuando empieza la canción se escuchan gritos de los comensales y de inmediato cantan el primer verso: “Ojalá que llueva café en el campo, que caiga un aguacero de yuca y té"...

Pero Alejandro también es su voz. En un momento de la canción —originalmente de Juan Luis Guerra—, suena un solo de requinto. También es Alejandro. Después, entra un solo de voz con falsete. Es su voz, esa que junto con la de Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacvba, desataba la euforia del público durante los conciertos, cuando se escuchaba:

Aaay, ojalá que llueva café en el campo

Sembrar un alto cerro de trigo y magüey

Bajar por la colina de arroz grañado

Y continúe el arado con tu querer, aaay

Recolector de música

Nació en 1959 en el municipio de Emiliano Zapata, Morelos, pero a los 12 años se mudó a Ciudad de México. A los 16 años, casi por casualidad, su tío le compró una guitarra. Él quería una bicicleta marca Vagabundo, pero estaba muy cara y su tío decidió comprarle el instrumento cuando un señor pasó vendiendo guitarras en la calle donde tenía una tienda de abarrotes.

“Yo aprendí con la Página Blanca (M. Kuri y G. Lepe) a tocar guitarra, siempre me gustaron las percusiones y comencé a juntarme con gente que estaba en el movimiento de la música latinoamericana, del folclor latinoamericano”, relata.

Le gustaba ir a las peñas —espacios donde tocan trova y otros géneros— y de este modo se fue involucrando en el ambiente musical.

A sus 17 años, comenzó una labor que le permitiría conocer y aprender de la música regional de diferentes zonas del país: grababa las interpretaciones de músicos locales, como si fuera un recolector de sonidos y estilos.

Salto a lo tradicional mexicano

En los años ochenta conoció al hoy etnomusicólogo —disciplina dedicada al estudio de la música a partir de la antropología, la psicología, entre otras áreas— José Luis Sagredo.

“Me comenzó a enseñar parte de las rítmicas tradicionales latinoamericanas: las zambas, las chacareras (argentinas), me comencé a iniciar ahí, medio a tocar la quena”, cuenta.

Formó el proyecto Painani, de música argentina y chilena. Después participó en un grupo de ritmos andinos, hasta que se cuestionó junto con sus colegas por qué no se dedicaban a la música tradicional mexicana.

Así fue como más adelante se conformó el grupo Zazhil, agrupación que acompañó en el escenario durante 10 años a la cantautora de folclor mexicano y boleros Amparo Ochoa. Incluso grabaron un disco en Holanda, durante una gira por ese país. De hecho, Zazhil todavía existe, aunque él ya no toca con ellos.

En esa época, Alejandro hizo los primeros arreglos musicales, con aportaciones para las canciones que interpretaba Amparo Ochoa.

Más tarde, con exmiembros de Zazhil, Alejandro realizó giras por todo el país llevando la música tradicional mexicana a planteles de CETIS y CBTIS, contratados por la Secretaría de Educación Pública.

Él aprovechaba el tiempo libre para seguir aprendiendo de diferentes estilos de música de las regiones. Buscaba a los músicos y los grababa.

“Lo más maravilloso para mí fue haber convivido con músicos de mucha altura, músicos que nunca fueron a la escuela y que su familia, sus papás, les enseñaron lo que sabían, la tradición oral”, narra.

“Nosotros cuando nos hicimos como músicos éramos muy puristas. Nuestra labor era hacerlo lo mejor posible, éramos mimetistas, imitadores, todo lo copiábamos… de oído, todo era de oído, viendo y escuchando”.

Las Flores

El video de la canción Las Flores del MTV Unplugged de Café Tacvba, grabado en 1995 en Miami, Florida, acumula en YouTube más de 9 millones de visualizaciones.

En él se observa a Rubén, Joselo, Meme y Quique —los integrantes del grupo— más jóvenes que hoy, después de haber grabado sus primeros dos discos (Café Tacvba, de 1992, y Re, de 1994).

Desde que inicia la melodía, un hombre de complexión gruesa, manos anchas y de pelo chino y negro espera sobre el escenario su participación, mientras sostiene un violín. Es Alejandro Flores en su primera aparición con el grupo. De pronto, casi a la mitad de la canción, comienza a hacer “chillar” ese instrumento con un estilo tradicional del huapango y luego canta:

Ay lalalá

Ay lalalá

Ay lalaaa

Ay laralá

Cuando estoy en mis excesos

Contigo en gran emoción

Quisiera con embeleso arrancarte el corazón

Arrancarte el corazón y comérmelo a besos

Es La Huasanga, un huapango que de inmediato despierta los gritos del público y es también el inicio de un largo acompañamiento del músico morelense con Café Tacvba. Incluso, se le llegó a nombrar “el quinto tacubo”.

En 2004, Rubén Albarrán presentó a Alejandro Flores en el Palacio de los Deportes con estas palabras:

Esta noche aquí, la presencia del mejor conocido como el Profesor Holocausto. La música de los últimos días, los acordes de las últimas cosas, las enseñanzas, la tradición oral. Les pediría un fuerte aplauso para el maestro Alejandro Flores.

Una llamada

Cuando vio por primera vez al grupo, pensó que era “una aberración” que usaran sombreros de campesino.

“Te lo digo porque yo lo viví, con la gente del campo, sabía qué significaba el sombrero para ellos: el sol, el trabajo, decía yo, pues está grave el asunto”.

A pesar de esa impresión, pensó que podía aportarles ideas musicales y decidió ponerse en contacto con ellos.

“(Los busqué) por teléfono. En el disco de Re venía un teléfono y así fue como los busqué. Ellos no me buscaron. Yo llegué y decía, seguramente ellos necesitan a alguien… porque tenían un rollo como mexicano".

“Yo creo que yo los vine a asentar como rocanroleros mexicanos. Para mí la parte más importante siempre fue la difusión, porque para mí la música tradicional me parecía hermosísima”, afirma.

Su etapa con los tacubos terminó hace ocho años.

Internacional

Quizá uno de los falsetes más conmovedores que haya grabado Alejandro Flores es el de la canción El llorar, con el cuarteto de cuerdas estadounidense Kronos Quartet, uno de los vínculos musicales surgidos de la época en que esta agrupación grabó para el disco Revés, de Café Tacuba.

Flores también ha tocado con Los Lobos —banda de rock chicano—, con Incubus —de rock alternativo—, ambas de Estados Unidos, así como con Mexrrissey, agrupación mexicana inspirada en la música del cantante británico Morrissey.

A pesar de que estas agrupaciones no están basadas en el estilo de la música tradicional mexicana, Alejandro ha encontrado una manera de combinar su estilo con el de ellos, en los dos primeros casos a través de Café Tacvba.

“En general, la música son las mismas notas, de todos los géneros. Para mí no hay música mala, todo está en función a los conocimientos del músico, porque está hecha con las mismas notas. Todo está en función a las ideas, al creador”, explica.

Independiente

Ahora tiene una carrera como músico independiente y experimental, y ha grabado tres discos: Urraca (2008), Adicción Auditiva (2015) y Mi Universo (2017). Este último contiene 53 canciones. Todos están disponibles en Spotify.

A su agrupación actual, Extráñame María, la describe así: “Es un proyecto creativo, usando parte de mi experiencia, relacionado con el son tradicional, de acuerdo a mi visión personal, sin querer faltarle el respeto a la música en lo más mínimo”.

Los otros dos músicos que conforman el grupo son Ricardo Vargas, en los teclados y los coros, y David Hernández, ‘El Cardenal’, quien toca instrumentos de cuerda y canta.

Como una serie

Envuelto en esa luz roja de La Chicha, Alejandro deja los instrumentos acústicos y se coloca la guitarra eléctrica. ¿Cómo definir lo que se escucha? Es una mezcla de géneros. Lo tradicional mexicano con el rock, con lo electrónico, en una música alegre.

Es como ver Better Call Saul (la serie): sabes que estás en el universo de Breaking Bad, sin embargo, en realidad no estás ahí. Del mismo modo que, al escuchar a Alejandro Flores, crees que te encuentras en el universo de Café Tacvba, pero en realidad estás en otro sitio.

Él afirma que ayudó a que Café Tacvba asentara su estilo, pero también es cierto que Café Tacvba se le metió al oído.

Hilos

¿Cómo es la experiencia de tocar un instrumento para él?

“Yo estoy mal del cerebro, ¿por qué razón? Porque todo lo baso en el placer, en los gustos, sobre todo en los gustos que les llaman paganos, mundanos… Para mí, siempre la música ha sido gusto, placer”.

“Imagínate tocar para 170 mil personas. Es algo bien grueso, porque dices: ¡cabrón!.

“Es una cuestión que al final de cuentas tiras hacia fuera lo que sabes hacer, pero tú en sí te olvidas de lo que está sucediendo afuera. Lo único que quiero es tirar unos hilos imaginarios para involucrar a toda la banda”.

Probablemente con esos hilos Alejandro Flores ha hecho realidad la lluvia de café imaginada por Juan Luis Guerra.