A finales de marzo e inicios de abril, la ciencia ficción mexicana recibió dos grandes noticias en forma de reconocimiento internacional para un par de escritoras que además son grandes amigas entre ellas. La poblana Libia Brenda quedó como finalista en los Premios Hugo por editora la antología The Mexicanx Initiative, que reúne el trabajo de más de una decena de autores de origen mexicano y se presentó en la Worldcon 2018, en San José, California. Por otra parte, Gabriela Damián Miravete recibió el premio James Triptree Jr. a trabajos de ciencia ficción o fantasía que expandan el horizonte de los roles de género.

Estos reconocimientos rompen paradigmas para la literatura mexicana y su proyección internacional. “Es muy importante no solamente pensar que podemos llegar a un mercado angloparlante. Nosotros mismos nos estamos viendo de otra manera, estamos viendo en la práctica que nuestra obra puede llegar a otras lenguas y otro público al cual nunca pensamos que pudiéramos pertenecer pues culturalmente hay barreras que no sabíamos que podíamos cruzar”, cuenta en entrevista Libia Brenda, quien lleva su vocación literaria a todo tipo de trabajos relacionados con el tema: es articulista, editora, correctora de estilo y, desde luego, creadora.

Tanto la nominación al Hugo (los premios más importantes de ciencia ficción y fantasía a nivel internacional) como el premio Triptree son especialmente significativos para la representación de la mujer mexicana y latinoamericana en estos géneros literarios. “Tiene mucho impacto para nosotras estar donde estamos porque eso quiere decir que las cosas pueden cambiar para mejorar”, agrega Libia Brenda. “Quiere decir que sí podemos hacer algo para abrir más caminos y tender más puentes para que se llegue a conocer el trabajo de más chavas, más gente joven”.

La avanzada mexicanx

Para terminar de apreciar el significado de un proyecto como The Mexicanx Initiative debe tomarse en consideración el trabajo que tuvo detrás. Esta iniciativa tuvo su origen en la mente del artista estadounidense John Picacio, quien fue anfitrión de la 76ª edición de la Convención Mundial de Ciencia Ficción Worldcon en 2018. A través de una convocatoria en línea, Picacio seleccionó a 50 escritores y artistas mexicanos o mexicoamericanos para patrocinar su asistencia a la convención e impulsar la diversidad de la misma.

Entre los seleccionados estuvieron Libia y Gabriela, además de otros como Alberto Chimal, José Luis Zárate, David Bowles, Raquel Castro y Pepe Rojo. Para no llegar “con las manos vacías”, Libia Brenda propuso la creación de un libro que reuniera historias de algunos de los invitados y darle así más difusión a su trabajo. El volumen se logró de manera colaborativa (incluso se fondeó por medio de una campaña en Kickstarter) y causó tal impacto que es finalista para los Hugo en la categoría Mejor Obra Afín de Fantasía y Ciencia Ficción.

“El proceso fue muy bonito y entrañable porque era ver qué podíamos hacer para ayudar”, agrega Damián Miravete, quien para la antología aportó el cuento La música de los pétalos, donde escribe una forma de horror tangible y cotidiana. “Para mí es tremendo porque tiene mucha violencia, cosa que prácticamente no escribo. Es un cuento de horror por esa violencia y no tanto porque contenga una presencia sobrenatural. Es un cuento sobre violencia hacia las mujeres que es un poco la sombra del que ganó el Triptree Award”.

“Todavía me cuesta trabajo dimensionar la importancia del premio, porque es un reconocimiento que me importa mucho por lo que implica”, cuenta Damián sobre el premio James Triptree, que ha sido entregado a escritoras como Úrsula K. LeGuin. “Es un premio de ciencia ficción feminista que tiene la misma intención que tengo política y estéticamente, que es dialogar sobre cómo mejorar la condición de vida de las mujeres en el presente y en el futuro y reflexionar cómo fue en el pasado”.

Esto se conecta con un mito prevalente alrededor de la ciencia ficción: que es un mundo de hombres en el que las mujeres no tienen cabida. “Durante muchos años, en Puebla, yo era esta chica rara a la que le gustaba la ciencia ficción y para mí era normal porque siempre estuve rodeada de hombres, pero más bien no es que sea raro, es una cultura hegemónica”, explica Libia Brenda. “Esta cúpula ha sido tradicional y visiblemente de señores blancos, pero mucha de la labor que incluso ha llevado a esos señores a tener visibilidad ha sido hecha por mujeres. Cuando una entiende y se da cuenta del trabajo que una ha hecho, y que no es reconocido igual porque no tengo la misma trayectoria aprobada por la hegemonía, dices ‘Esto no está bien y no puede seguir así’”.

Otros futuros posibles

Una de las formas en las que esa hegemonía puede cambiar es a través del trabajo de escritoras como Libia y Gabriela, además de las que participaron en la iniciativa y de todas las mujeres que forman parte de la comunidad literaria. “Son cosas que una va descubriendo y construyendo, pero en cuanto las absorbes y las incorporas en tu vida, también empiezas a trabajar de manera diferente”, agrega Libia, quien construyó el equipo de la antología con esto en mente.

“Está hecha en su mayoría por mujeres: traductoras, autoras, la diseñadora y las correctoras de pruebas... como editora sé toda la gente que participó, sobre todo la que es casi invisible y la mayoría fuimos mujeres”, explica. “No estoy descubriendo ningún hilo negro, más bien estoy tratando de incorporar a mi trabajo y a mis propuestas de trabajo para el mundo estas cosas que he aprendido 20 años después de que era la única muchachita en un mundo de hombres”.

“No hay que perder de vista que la ciencia ficción fue un género inaugurado por una mujer o por mujeres”, complementa Gabriela, en referencia a Mary Shelley, autora de Frankenstein.

Como le ha pasado a mujeres durante siglos y en todos los ámbitos, su presencia ha sido sistemáticamente suprimida en la historia. Sin embargo, Libia Brenda y Gabriela Damián son muestra de que a las escritoras mexicanas ya no las detiene nadie. “Somos muy creativas y podemos inventar espacios y formas de trabajo y de llevarlo a otra gente”, dice Libia. “En el momento en que me di cuenta que no necesitaba la medallita de aprobación de ese grupo y que de todas maneras había seguido trabajando aún a contracorriente, fue muy liberador, ya nada me importó”.

Ahora, estas autoras están en otra posición, con una visión más amplia y con una proyección internacional compartida que quieren que alcance a tantas escritoras y artistas como se pueda. “Me parece que es muy importante para las autoras de nuestra lengua y no solo a las de nuestra lengua, sino todas las de origen latinoamericano, de origen mexicano que tengan interés por escribir en estos géneros”, agrega Gabriela Damián. “Estoy muy contenta y espero que sirva para inspirar a muchas mujeres que tienen estas inquietudes literarias a que se animen, que vean que es posible. Ojalá sirvan para que seamos muchas más”.