Francisco I. Madero también le hacía a eso que llaman amor. Un par de cartas a Sara Pérez Romero poco antes de la boda que los unió para la historia muestra el lado enamorado y erótico del hombre que encendió la mecha de la Revolución, hoy icono del nuevo gobierno.

El Apóstol de la Democracia llamaba “palomita” a la joven Sara, tres años mayor que él, se inquietaba como cualquier enamorado porque no recibía carta de ella, se acongojaba por el trato que daban a su novia en casa de una tía, reclamaba noticias minuciosas sobre su salud.

También reportaba a su futura cónyuge los avances en “su casita”, donde le promete que tendrá el trato que merece como esposa. “Por eso te he dicho que tú no sabes defenderte”, le dice a Sarita su enamorado, quien asumió la presidencia de México ocho años después… y que ahora no bajarían de machista por decir algo así.

Ambas cartas están fechadas en diciembre de 1902, la primera en San Pedro, Coahuila, a 51 días de la boda religiosa en la capilla del Palacio Arzobispal, el 27 de enero de 1903 (un día después de la ceremonia civil); y la segunda, la víspera de ese Año Nuevo, en Monterrey.

Ambas terminan con el envío vía postal de “ardientísimos besos” de Madero a su amada, a quien refrenda la entrega de su amor y su alma, él, que creía desde joven en el espiritismo.

Sara Pérez Romero y Francisco I. Madero
Sara Pérez Romero y Francisco I. Madero

Una vida enamorados

Madero nació en Parras de la Fuente, Coahuila, el 30 de octubre de 1873 y murió asesinado junto con José María Pino Suárez en Ciudad de México, el 22 de febrero de 1913. Pérez Romero nació el 19 de junio de 1870, en San Juan del Río, Querétaro, y murió el 31 de julio de 1952 en la capital, adonde volvió en 1921 tras un exilio en Cuba y Estados Unidos.

El noviazgo entre ambos se inició en 1897 y su boda llegó seis largos años después. No obstante, puede suponerse a partir de estas cartas el afecto que el prócer sentía por su novia.

“Cuando pienso que muy prontito vamos a ser tan felices, me pasa lo que a ti, que me parece todo un sueño y se me hace eterno el poco tiempo que nos falta, pero hay que tener paciencia que 51 días como quiera se pasan y ya nomás esos nos faltarían”, escribe a Sarita Madero, entonces de 29 años.

Sara Pérez Romero residió hasta su muerte en la calle de Zacatecas 8, colonia Roma. Incluso José Emilio Pacheco cuenta en Las batallas en el desierto (Sábado, de unomasuno, 1980; Era, 1981) cuando su protagonista la miraba y la describía como una “viejecita frágil, dignísima, siempre de luto por su marido asesinado”. En la adaptación de la novela al cine (1986), Alberto Isaac pone a Carlitos y su amigo Jim jugándole una broma a la anciana, por lo que ambos son reprendidos por el portero del edificio donde vive el estadounidense y les explica quién es ella, la esposa del prócer.

Los restos de Sarita fueron sepultados junto los de Madero en una tumba del Panteón Francés, aunque luego los del prócer fueron exhumados y trasladados al mausoleo del Monumento a la Revolución, el 20 de noviembre de 1960, en el 50 aniversario del inicio de la Revolución.

Francisco I. Madero con su esposa Sara Pérez de Madero y un grupo de amigos
Francisco I. Madero con su esposa Sara Pérez de Madero y un grupo de amigos

Cartas a subasta

Las cartas forman parte de una nueva edición de la subasta de libros y documentos históricos de historia de México, que la casa Morton Subastas sacará al mejor postor el próximo 22 de enero.

Su precio de salida va de 18 mil a 22 mil pesos. Morton Galerías ya había vendido ambas piezas curiosas sobre el prócer mexicano hace 18 años en Ciudad de México, a un precio de 650 dólares.

La subasta tendrá lugar en Cerro de Mayka 115, esquina Sierra Paracaima, Lomas de Chapultepec, donde estarán en exhibición hasta el día de la puja.

Aquí las transcripciones de ambas cartas, que se reproducen en el catálogo de Morton para la subasta. Se respeta la ortografía original.

Transcripción

Primera carta:

San Pedro (Coahuila). Diciembre/902.

"Mi muy amada Sarita: Como te dije ayer no recibí carta tuya y hoy en la mañana. Con eso me puse un poco inquieto y yo mismo fui esta tarde al correo y tuve el gusto de recoger tu amable cartita del 2-3 actual--

Te aseguro que no puedo ni quitarme lo que me desagrada con tu tía que te deje toda la carga hasta de cosas que no te corresponde hacer cómo atar los bultos y demás quehaceres tan pesados - y luego maltratarte, comer tarde y todo, más que si fueras su ama de llaves. No sé ni que decirte en este caso, pero la verdad es que tú no deberías de ser tan demasiado servicial, porque tu tía se aprovecha y no tiene en consideración que te perjudica en tu condición, la prueba es que estuviste con el dolor…

Yo formalmente no quiero que vuelvas a hacer eso…

Te aseguro que cuando me acordaba de ti (antes de volver) es una de las cosa que más tristeza me daba, pensar que te había dejado en una casa en que se aprovechaban… y te hacían hacer cuánto se les antojaba… que tú fueras un ama de llaves.

Por eso te he dicho que tú no sabes defenderte y ya muero de deseos de llevarte a mi casa para entonces será muy destino porque yo haré que te den el trato que mereces y que… la que va a ser mi esposa.

Ya no quiero hablar más de esto que me desagrada tanto. Te suplico contestes mis cartas minuciosamente sobre todo las preguntas que te hago respecto a tu salud, por la que me intereso como no tienes idea.

Hoy estaba pensando que quizá salga el jueves o el domingo para mi rancho de la Merced y solo me falta saber si papá quiere ir también para lo cual mañana mismo le voy a preguntar.

Me he resuelto a emprender ese viaje, porque en estos días puedo aun hacer lo que estoy haciendo en nuestra casita…

Cuando pienso que muy prontito vamos a ser tan felices, me pasa lo que a ti, que me parece todo un sueño y se me hace eterno el poco tiempo que nos falta, pero hay que tener paciencia que 51 días como quiera se pasan y ya nomás esos nos faltarían.

Yo a cada rato voy a nuestra casita pues me encanta estar allí, tanto para activar todos los trabajos, como para pensar lo contento que estaré allí cuando me traiga a mi encantadora palomita. Para el lunes próximo van a trabajar más albañiles, pero se me hace que no avanzan bastante a prisa y yo quería si es posible que todo estuviera listo para cuando yo me fuera pero eso me parece algo difícil…

Ojala y mañana reciba una carta larga tuya.

Reciba mi vida un ardientísimo beso y el amor que le tiene su… Francisco I. Madero". Firma.

Segunda carta:

Monterey (Nuevo León). Diciembre 31/902.

"Mi adorada Sarita: Esta mañana me levanté temprano para ir a encontrar un pariente mío que venía a pasar unos días con nosotros.

Pero el caso es que no llegó, quien sabe que le pasaría.

De la estación me fui casa de un primo hermano mío (el que vive en Torreón) que llegó esta mañana, almorzé con él y me vine pronto a casa, pues ya me esperaba a recibir su linda cartita del 28 actual que leí con el gusto de siempre.

Luego tuve que ir a comprar el mosaico de que te hablé pues quiero poner de esa clase de piso el pasillo de entrada en el corredor…

De ahí fui al casino por más invitaciones que pedí para mi hermano y un primo que no son socios y luego fui a casa de mi tío… como te dije ayer salió el médico homeópata…

Todo se nos va allanando y espero en Dios que no tendremos ningún inconveniente para reunirnos el 27 del entrante como hemos pensado y como tanto lo deseamos.

Te aseguro que ni quiero pensar en ese día que va a ser tan feliz para nosotros porque entre más pienso, más largo se me hace el tiempo que me falta.

Espero que ya me estarás dirigiendo las cartas a San Pedro.

Ya es tarde y tengo que escribir unas cartas de mamá. Recibe un ardentísimo beso de quien te ama con toda su alma… Francisco I. Madero".