El azul es el color con el que año con año, desde 2010, se da visibilidad al autismo y a las personas que lo padecen. El azul también es un color que para el novelista e ilustrador mexicano Bernardo Fernández Bef simboliza melancolía y engloba los hechos que lo llevaron a escribir y publicar su más reciente novela gráfica, Habla María, donde narra la vida de su hija alrededor del momento en el que fue diagnosticada con autismo.

Publicada por Océano Historias Gráficas, esta novela es un recorrido muy personal por varios años en las vidas de Bef, Rebeca (su exesposa) y María, mientras aprendían a navegar el diagnóstico de Trastorno del Espectro del Autismo. “Es una exposición personal que además te deja en una posición muy vulnerable”, dice el autor en entrevista con mexico.com acerca de lo complejo que fue llevar estas vivencias al papel.

Habían pasado siete años desde que recibimos el diagnóstico y cuatro desde el divorcio, entonces consideré que era un tiempo suficiente para ver, si no con objetividad, sí con distancia todos los hechos y poderlos contar bien.

— Bef

En Habla María, el azul es un leit motiv que acompaña gran parte de la historia, desde la portada hasta un momento clave en que la zozobra y la desesperanza desaparecen con las palabras casi mágicas de un especialista: “Hay todo por hacer”. Sobre esta elección de color, Bef explica: “Todo es en monocromía azul pensando en los colores que se relacionan con el autismo; además el azul porque me parecía que le daba un aire muy melancólico”.

¿Qué es y cómo se vive el autismo?

El Trastorno del Espectro del Autismo es un conjunto de condiciones que afectan el desarrollo neurológico y el funcionamiento cerebral. También conocido como TEA, provoca dificultades en la comunicación e interacción social de la persona que lo padece, así como en qué tan flexibles son sus pensamientos y su conducta.

El autismo no es considerado una enfermedad, sino un síndrome o condición que afecta al 1% de la población mundial. Durante años se han construido mitos a su alrededor, como que vacunar a los bebés causa autismo (¡falso!) o que el autismo es una forma de retraso mental (¡también falso!). Una de las razones por las que se crean y replican estas falacias es por un estigma general en torno a la salud mental, incluida la depresión, que es otro tema recurrente en Habla María. Abrumado por la salud de su hija, el propio autor se retrata en sus momentos más oscuros como una criatura amorfa, difusa, a quien vivir le pesa tanto que parece ver el mundo en una monocromía melancólica.

Bef espera que este libro ayude a derribar algunos de los muros que impiden dar luz a personas que como él y su exesposa vivieron (o viven) procesos tan complejos como el de recibir un diagnóstico de autismo: “Hay un estigma que debemos combatir, respecto a eso”, cuenta. “La salud mental por un lado es muy frágil. Por el otro, justo creo que lo peor es no tratarlo, no hablarlo, no combatir cuando te hace daño”.

Todo por hacer

Desdeñada por años, la novela gráfica está cada día más lejos del estigma que la señalaba como un medio meramente ocioso. Novelas como Habla María y María y yo, del ilustrador español Miguel Gallardo (amigo de Bef y una de sus inspiraciones para este volumen), refuerzan la noción de que este formato permite también narrar historias profundas que conmuevan al lector.

“Creo que la apuesta es a la complejidad, porque si nos quedáramos haciendo entretenimiento adolescente podría ser muy lindo, muy ameno, pero creo que no alcanzaríamos una madurez”, dice Bef sobre las historias que pueden contarse mediante la novela gráfica. “Hay un montón de voces muy diversas contando todo tipo de temas”.

Escribir esta novela ayudó a Bef a mirar el pasado desde una perspectiva más fresca, sabiendo ya hacia dónde los llevaría a él y a su familia aquel diagnóstico. “Una de las cosas para las que funciona la palabra es para la reflexión, para explicarnos qué pasó”, dice. “Convertí a la página en mi diván y para mí fue un proceso de sanación al final muy luminoso”.

Una de las motivaciones de Bef fue la posibilidad de, a través de la novela, acompañar a otras familias en el mismo camino. “No hay mucha bibliografía respecto al momento en que recibes el diagnóstico,” explica. “Hay muchas cosas intentando explicar qué es el autismo, cómo se manifiesta, cómo convivir o tratar o lidiar con la condición, pero no hay cosas así y menos en cómic”.

“Quiero que sirva para las personas que han estado en la misma situación”, agrega el novelista, que el año pasado publicó la novela gráfica El instante amarillo, un homenaje a Mary Shelley, autora de Frankenstein. “Del mismo modo en que mi libro anterior era una carta de amor para los niños frikis, esta es una carta de amor para los papás de niños con cualquier forma de reto intelectual o físico. Cada uno tiene dificultades muy específicas pero nos une esta zozobra de recibir el diagnóstico y estar en la oscuridad y no saber qué va a pasar. El mensaje central del libro es hay todo por hacer”, concluye.