El primer empleo que tuvo Juan Sant cuando llegó a vivir a Ciudad de México fue de ayudante en una tortillería. Tenía 15 años, venía de una pequeña comunidad totonaca en la sierra de Puebla y todavía no hablaba muy bien español. “Había palabras que no conocía y mis compañeros me lo hacían notar resaltando mis rasgos indígenas. Desde entonces experimenté la discriminación”, recuerda el músico de 33 años, que ahora tiene un álbum de estudio, otro en proceso y que ha representado a México en Brasil con sus rimas.

El rap se convirtió en su refugio y en un antídoto contra el sentimiento de inferioridad. Conoció el estilo de música gracias a sus vecinos del barrio, en Ecatepec, que se juntaban en las esquinas a escuchar algo que él no había escuchado jamás. Sus nuevos amigos lo introdujeron poco a poco a la cultura del hip-hop. Juan Sant asegura que allí encontró una aceptación sin restricciones que no había experimentado hasta entonces: “Los cholos están muy orgullosos de ser morenos y dije ’de aquí soy”.

Las costumbres en su nuevo grupo incluían el abuso de drogas. Juan lo cuenta porque fue precisamente el deseo de abandonar ese estilo de vida lo que lo impulsó a poner sus sentimientos en canciones. Primero solo en español, después alternando con totonaco.

“Mis primeras letras eran crudas, reflejaban lo que yo estaba viviendo y siempre salía a relucir el indigenismo”, relata el rapero. Al poco tiempo comprendió que su historia debía escucharse también en su primer idioma. “La cultura hip-hop te permite ser tal cual eres, ser original. Y a mí lo que me hace original es mi lengua”, dice el músico en una entrevista con mexico.com que se realizó en las calles del centro de la capital mexicana.

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Junto con un pequeño equipo, el poblano grabó en 2013 su primer álbum, al que llamó El ego de un indio. “Quería gritarle a todos los que alguna vez me llamaron así que un indio podía hacer esto [un disco], que no siempre iba a estar con la cabeza agachada”, explica Juan. “Puedes llamarlo ego u orgullo. Quise resaltar mis raíces y dejar de avergonzarme de lo que muchas veces me dijeron que estaba mal”.

Juan Sant describe su rap como autobiográfico. En sus letras cuenta lo que vivió en su pueblo y lo que vive ahora en la ciudad, incluyendo el ser discriminado por su origen étnico. “Siento que cuando un indígena escucha mi música, de inmediato se identifica. Si está en la ciudad, obviamente ha sufrido discriminación”.

Rap de la sierra de Puebla

Juan Santiago Téllez nació y creció en El Terrero, Pantepec, una comunidad en la sierra norte de Puebla. Sus primeros años vivió en totonaco, hasta que entró a la escuela primaria y un maestro comenzó a hablarle en otro idioma. Tampoco le era completamente ajeno, cuenta. Su padre sabía un poco de español por las canciones que escuchaba: “Música huasteca, Antonio Aguilar, Vicente Fernández, Las Jilguerillas y Los Alegres de Terán”.

Otro de sus grandes maestros de español fue Kalimán y sus aventuras narradas en radio, que se escuchaban como un ritual en la familia del rapero. “Nos sentábamos mi papá, mi hermano y yo, todos en silencio", recuerda. "No teníamos electricidad, pero mi papá tenía una grabadora con pilas y ahí escuchábamos la radionovela”.

Buena parte de los 15 años que vivió en la sierra, Juan ayudó a sus padres con el trabajo en el campo. Su jornada comenzaba a las cuatro de la mañana, en las siembras de maíz y frijol. “Era bonito el paisaje, lamentablemente el sueldo es mínimo”, dice. Para apoyar a su familia económicamente tuvo que emigrar a la ciudad, donde ha tenido distintos empleos.

Actualmente trabaja en una empacadora de ropa además de hacer su propia música. “Juan Santiago Téllez trabaja para que Juan Sant siga creando y produciendo”, explica. "Si a un artista en español le cuesta trabajo, a un artista totonaco le cuesta el doble".


Totonaco con actitud

La camiseta que lleva el rapero durante la entrevista está estampada con las leyenda I.W.A: Indigenous with attitude (indígenas con actitud), en un guiño a la banda estadounidense N.W.A, Niggaz With Attitude, que fue pionera en el subgénero del gangsta rap. Más abajo, en la playera, se ven los rostros de la Comandanta Ramona, Nezahualcóyotl, Emiliano Zapata, María Sabina y un campesino. Luego se lee en inglés: “El grupo más discriminado del mundo”.

Juan Sant rapea para nuestra cámara frente a varios murales de grafiti, primero en español y luego en totonaco, como suele hacer en sus conciertos. Ambas versiones de su canción, que aún no está grabada, se pueden escuchar en el video. El fragmento que canta en su lengua materna se traduce así:

Juan es un niño serrano / como ollas de barro crudo / como el tepetate. / Es mejor que te apartes. / ¿No sabes quién soy? / Soy fuerte como mis hermanos, mi madre, mi padre, mi hermana, mi abuelo, mi abuela y mi gente. / Vengo del cerro / y si te preguntas de dónde salió este fuego / presioné el corazón y de la sangre que salió se llenó el tintero / para tatuar el cuaderno. / Juan viene del cielo. / Como el sol, la luna, estrellas y el trueno de nubes oscuras. / Antes de la lluvia.

Las traducciones de sus letras no siempre son literales porque las palabras tienen que adaptarse para crear rimas. Para su público, dice Juan Sant, el rap en totonaco es una sensación y en español pueden "sentir el mensaje de lleno". El rapero afirma que ser bilingüe es un privilegio: "Los que hablamos dos lenguas soñamos en dos idiomas, amamos en dos idiomas, vemos y sentimos en dos idiomas: todo lo que vemos lo sentimos dos veces".