Pedro no se complica y viste de negro mientras da una plática a empleados de BanRegio en Monterrey. Es su look cada vez que aparece en público. Usa frases cortas e ideas sencillas. Cuenta, por ejemplo, una breve historia sobre una ardilla a la que vio un día mientras estaba con sus amigos. El roedor se detuvo a observarlos y después continuó su camino. Pedro se preguntó entonces por qué no podía vivir así, de manera simple, y platica esta anécdota en una charla que solo dura 20 minutos. Es un hombre simple aparentemente para todo.

Vive con su esposa en Monterrey, Nuevo León, desde hace 6 años. Tiene 34 y nació en Mexicali, Baja California.

Cuando viajó a finales de agosto a Ciudad de México para promocionar su libro, La Vida Minimal, lo hizo ligero y no llevó ni su computadora. Cuando conversa es breve, no echa rollo. A una pregunta extensa, da una respuesta concisa.

Pero esa simpleza tiene una explicación: es un modo de vida que ha puesto en práctica en los últimos años, sin embargo, también es su modo de subsistir, basado en “quitar lo que estorba” y quedarse con lo esencial, criterio que aplica tanto en su casa como en sus actividades.

En la plática con trabajadores de BanRegio relata cómo su esposa y él depuraron su vivienda para quedarse solo con aquellas pertenencias que eran realmente útiles.

“Cuando nos casamos, teníamos ciertos objetos materiales en la casa y nos dimos cuenta que muchos de ellos estaban ahí sin ninguna razón, eran objetos que no usábamos, que nos estorbaban, objetos que a lo mejor eran nuevos, pero no les dábamos uso y no tenían valor”, explica.

De hecho, la mayoría de los muebles de su casa son de reuso, pues pertenecían a familiares de ella.

Para trabajar, Pedro Campos no usa un escritorio: su área de trabajo es el comedor, porque es el lugar donde se siente más cómodo.

“Desde mi punto de vista, el minimalismo como estilo de vida no requiere que los espacios luzcan de tal o cual manera. No necesitamos muebles blancos, ni espacios ultralimpios, sino que cada quien debe encontrar lo que más le guste. Además, ponerse a comprar muebles minimalistas para ser minimalista es una contradicción”, dice Pedro a mexico.com.

Proyectos

Primero fue un blog, después una página de Facebook y una en Instagram, y ahora es un libro. Pedro Campos se considera un freelancer y se dedica a difundir sus propias ideas sobre la Vida Minimal —una manera de ser feliz con menos pertenencias y ambiciones— también a través de cursos en línea, talleres y podcasts.

Pero no solo eso: también es músico y sus canciones evocan la simpleza que lo caracteriza, con títulos como Tómate una cheve conmigo, Este amor no es reggaetón y Cucharita disponibles en Spotify—. Sobre esta faceta de su vida, afirma: “siempre me ha gustado ser muy austero con mi música; me gusta grabar aquí en mi casa y trato de no usar muchos efectos ni instrumentos”.

Si el concepto de vida que promueve fuera una novela, él sin duda sería el personaje principal, porque cada día busca personificar sus propias ideas.

De hecho, una vez tuvo un proyecto musical que consistía en componer canciones bajo pedido, pero decidió dejarlo porque le quitaba tiempo para sus actividades prioritarias. Estar abierto a lo que suceda es uno de sus principios.

“Si llega una enfermedad, si llega un despido de un trabajo, si llega una gran oportunidad, también; cualquier cosa buena o mala, hay que recibirla, hay que aceptarla y darle la bienvenida a nuestra vida y estar bien con eso”, asegura en la plática en BanRegio, que se puede ver en YouTube.

Para escribir su libro, La Vida Minimal, tampoco se complicó. Entonces trabajaba en una agencia de publicidad y pidió dos semanas libres —sin goce de sueldo— para escribir la primera versión del texto.

Este ejemplar, ya disponible en librerías desde julio pasado, es fiel al estilo de Pedro: los textos son breves y fáciles de entender, y además están acompañados de gráficos e ilustraciones. “Hice un libro que me gustaría que alguien más hubiera hecho”, explica.

No es raro que ahora se pregunte si sería buena idea deshacerse del primer borrador.

Caos siempre habrá.

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