Cuando llegó a Estados Unidos, Miguel Villegas Ventura tenía 7 años y solo hablaba mixteco, pues nació en el pueblo San Miguel Cuevas, en Juxtlahuaca, Oaxaca, donde el español y el inglés no formaban parte de su día a día, pero viviendo del otro lado de la frontera norte, tuvo que aprender ambos idiomas y entonces ser trilingüe. La música fue un lenguaje que le ayudó a introducirse en ese nuevo mundo.

“Yo crecí en un vecindario donde mis primos y los demás jóvenes tenían un ambiente con actividades de pandilla. Ellos me introdujeron a la música del rap, escuchábamos el llamado ‘chicano rap’, con historias del barrio que hablan de lo que hacen ahí. A mí me gustaba mucho cómo se expresaban y los comencé a imitar memorizando sus letras en inglés. Después empecé a escribir mis propias letras”, cuenta en entrevista para mexico.com Miguel Villegas Ventura, mejor conocido como Una Isu.

“Creo que era muy fácil hacer rap porque no tenía que tener una buena voz, instrumentos, buscábamos una pista; solo combinábamos con nuestras letras y rimas y ya podíamos hacer una canción”, recuerda entre risas este hombre de piel morena y cabello casi a rape salvo por un mechón que tiene en la cima de esta, donde se desprende una trenza delgada que le cuelga por debajo de los hombros.

Este rapero llegó a la Ciudad de México para participar en el Festival Poesía en Voz Alta, organizado por la UNAM dentro de las actividades de la Casa del Lago “Juan José Arreola”.

Nace un guerrero del rap

Miguel Villegas Ventura no siempre fue Una Isu —ni viceversa—, antes de hacerse llamar así tuvo otros nombres, otras identidades: “Porque era un rapero en inglés, luego en español, que solo hablaba de cosas personales, temas de amor (algo que hacemos mucho los raperos cuando comenzamos, algo típico de los adolescentes), pero al yo darme cuenta de que se necesita fortalecer la identidad indígena en el contexto migratorio, decidí cambiar un poco los temas de los que hablo”.

Como cualquier joven, sobre todo uno que se siente ajeno donde vive (por su idioma, por su tono de piel, por su cultura y costumbres), Miguel transitó por una crisis de identidad. “Dudaba de quién era, de dónde venía, sentía pena o me sentía mal porque ser indígena representaba que me miraran como algo menor”.

El concepto de Una Isu nació por el querer preservar su cultura a través del deseo de motivar a otros jóvenes, a sentirse orgullosos de donde nacieron. “Una Isu viene de los códices mixtecos. Algo que nosotros no sabíamos que existía, y al conocer a un personaje que se llamaba Ocho venado garra de jaguar, quise apropiarme de ese nombre pero en mixteco, de ahí el nombre de Una Isu. Simboliza fuerza, unión entre mi comunidad y un ser guerrero. Usar este nombre es conectarme con mis raíces”.

Una Isu representó para él voltear eso y decir: “Si soy indígena, si soy mixteco, debo estar orgulloso de ello”.

El primer tema que lanzó se llama Mixteco es un lenguaje: "Es una postura diciéndole a todos que nuestra lengua no solo es un dilecto, sino que representa a nuestros pueblos, nuestra cosmovisión, la lluvia... Y creo que no existe eso, de ahí yo vi la necesidad de hacer esto”.

Las rimas, la migración

Las letras de este rapero mixteco tratan sobre resistencia indígena, pero también de temas migratorios. “Los integrantes de los pueblos indígenas migramos mucho: a las ciudades de los estados, a la capital, a Estados Unidos. Yo hablo de la lucha de un mixteco que se encuentra en otro lado, en mi caso, en Fresno, California. Hay muchos mixtecos que trabajan en la agricultura, en la cosecha y son indocumentados, entonces hay mucho racismo. Yo quiero fortalecer nuestra identidad, para no negar de dónde venimos, porque somos discriminados por ser indígenas, pero también por no tener documentos”.

Actualmente, Una Isu tiene un disco al que llamó Desangrando el tintero y trabaja en La reconquista, un disco en el que abordará temas como las colonizaciones en América, la preservación de Tierra y la motivación para elevar la autoestima en las comunidades indígenas. La producción contará con DJ Survive, un indígena zapoteca también oriundo de Oaxaca.

Miguel además estudia Lingüística para preservar su lengua, documentando su escritura y oralidad, para también enseñar a los niños —y a la gente en general— que no tuvieron la oportunidad acceder a este tipo de educación. Como el rap aún no le da para vivir, trabaja en Fundación de Asistencia Legal Rural de California desde hace dos años, “Me gusta porque trabajo con la gente, con personas que llegaron como yo. En mi comunidad muchos migraron a Fresno, California, y ahí necesitan que les ayudemos a conseguir sus papeles, a buscar una residencia, poder trabajar, defenderse legalmente”.

El rap indígena, un mix natural

Una Isu, parece un caso aislado —y no solo por la distancia—, pero en realidad forma parte de una comunidad cada vez más grande de jóvenes que hacen rap indígena. Aquí ya hemos conocido a Za-Hash, una chica que canta rimas en mazahua, o a Juan Sant, que rapea en totonaco. Ante esta generación que combina lenguas originarias de México con ritmos como el hip hop, le preguntamos a Una Isu ¿por qué se llevan tan bien estos dos?

"Los pueblos originarios hemos podido conectar con el rap porque nos permite expresarnos oralmente. Creo que el hip hop y el rap no están muy lejos de los cantos que hacemos en los pueblos. Un ejemplo, el hip hop tiene cuatro elementos: el rap con un MC, el grafiti, el break dance y el DJ. Nosotros también tenemos oradores, grafiti (que son los códices mixtecos), danza similar al break e instrumentos tradicionales que son como un DJ.

“No es casualidad que nosotros hagamos rap, que nos adecuemos bien a él, porque el hip hop son ritmos de comunidades de raíces africanas y latinas, que tienen tradición oral y pueblos nativos como nosotros. Hemos podido conectar con el rap porque nos ha permitido desahogarnos, expresarnos, pero sin pedirnos mucho”.

Junto con ellos hay más exponentes del rap indígena, ha crecido bastante en los últimos años. “Cuando yo comencé, no pensé que hubiera otros haciendo lo mismo que yo, fue hasta que entré a las redes sociales y a YouTube que empecé a encontrar a más raperos indígenas, no solo de México, sino de otros países. Ahí me di cuenta de que esto apenas comienza”, cuenta Una Isu.

Tan solo en la Ciudad de México, él está en contacto con cinco que rapean en náhuatl, ixcateco, cuicateco, mazahua y mazateco. “Eso me causa mucha felicidad porque esto apenas comienza, el rap es una herramienta, un lugar donde tenemos una postura, que nos ayuda; ya no nos vamos a dejar humillar, la música nos fortalece, alienta a los niños que van creciendo a sentirse orgullosos de sus raíces”.

Para este rapero mixteco, toda cultura merece una plataforma visible y ellos hasta ahora no la habían tenido, el rap les ha permitido ser visibles no solo en sus comunidades originarias o a donde migraron, sino por medio de Internet o las radios comunitarias.

“Mientras tengamos rap indígena, los jóvenes van a querer seguir hablando su lengua, porque van a ver que está bien hablarlo en público, que no es nada malo ni nada menos, al contrario, es algo milenario que lucha contra una cultura dominante donde todo es español o inglés. Aquí estamos y vamos a seguir resistiendo con esta música”, concluyó Una Isu.