La primera vez que Yalitza Aparicio se reunió con Liboria Rodríguez, encontró a una mujer pequeña, delgadita, de cabello corto y ojos grandes. Libo le contó que, aunque el tono de su piel se veía más clara porque ya no se exponía tanto al sol, en el pasado su color había sido moreno intenso, como el de ella.

Esas fueron algunas de las primeras palabras que Yalitza escuchó de Libo, a quien el cineasta Alfonso Cuarón dedica su galardonada Roma. La mujer de origen mixteco, oaxaqueña. La empleada doméstica que se encargó de su crianza, y la de sus hermanos. Libo, en quien se basa el personaje de Aparicio en la película: Cleo.

Varios años atrás, Liboria migró de Tepelmeme —al norte de Oaxaca— a la capital mexicana. A Yalitza le compartió los inconvenientes a los que se enfrentó por ser mujer, indígena y pobre.

“La admiras, ha pasado por cosas tremendas”, enfatiza la actriz, pero prefiere no narrar detalles. “Tuvo motivos para irse de su comunidad y contarlos le corresponde a ella, pero a cada momento me decía que estaba orgullosa de sus niños, Alfonso y sus hermanos. Ese afecto se ve en la película”.

Yalitza Aparicio durante la entrevista en el hotel Four Season en la Ciudad de México
Yalitza Aparicio durante la entrevista en el hotel Four Season en la Ciudad de México

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Yalitza fuera de Roma

Desde niña, Yalitza Aparicio ayudó a su mamá Margarita con los gastos en casa y escuela. La acompañaba a sus labores de empleada doméstica. Sus papás se separaron y, en secundaria, la protagonista de Roma también efectuó ese trabajo en la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Oaxaca, y en Putla, donde cursó y se graduó de la licenciatura de profesora de preescolar en una escuela normal.

Su mamá continúa ejerciendo el mismo empleo y Aparicio, hoy de 25 años, opina sobre las condiciones deplorables que prevalecen (mostradas en Roma), aunque celebra que recientemente la Suprema Corte haya otorgado derechos laborales a las trabajadoras domésticas.

“Es relevante que los empleadores abran los ojos y se den cuenta de que ellas son tan importantes en la casa como alguien más de la familia. Mis respetos para ellas. Suben, bajan y no se cansan. Trabajan desde horas muy tempranas, terminan cuando las familias ya descansan. Es indispensable otorgarles derechos”.

Yalitza enumera un par: salario justo, jornada laboral de no más de ocho horas, como la de cualquier empleado.

El cambio, dice, debe venir de ambas partes: “La trabajadora también debe exigir los derechos que le corresponden, porque abandonan a su familia, dejan a sus hijos en sus comunidades y dan todo por otros. Yo he charlado con mujeres que trabajan en casas y dicen que, como no estudiaron, no merecen recibir el salario de un oficinista, por ejemplo. Ajá, pero ¿a qué hora entran y salen? ¿Cuánto trabajo hacen? ‘Produces lo doble, mereces más’, les digo”.

Still de la película 'Roma', donde Yalitza Aparicio interpreta a Cleo
Still de la película 'Roma', donde Yalitza Aparicio interpreta a Cleo

Yalitza Aparicio trae el cabello suelto y porta una blusa color rosa. En el salón del hotel Four Seasons, cuenta que la fama, ser protagonista de una película que recibe elogios o ganar el Hollywood Film Award, no se comparan con aquellos momentos en que compartía un helado con sus cuatro hermanos en las calles de Tlaxiaco.

“Aunque mi mamá ganaba poco, fui muy feliz de niña. Aunque claro, eran muchas dificultades”.

Margarita Martínez, su mamá, no salía de casa sin dejar indicaciones: “Me voy, pero, por favor, coman y obedezcan a su hermana”. Como su lugar de trabajo estaba a unas calles, cada que podía regresaba a verificar que sus hijos estuvieran bien.

“En alguna época, para mi mamá era doloroso tener que irse a trabajar. Vivíamos juntos ella, mi hermana mayor Edith, quien también trabajaba, y mis tres hermanos pequeños. Siempre estaba con el pendiente de que nos quedábamos solos”, cuenta Aparicio.

Margarita se aparecía en casa: “Me dieron esto de comer y se los traje”. “Mamá, tú no has comido”, clamaba Yalitza. “Me duele sentarme a comer porque no sé si ustedes ya lo hicieron”.

“Presenciar eso, fue muy doloroso”, subraya la actriz. La familia vivía entonces en la colonia Flores Magón, cerca del centro de Tlaxiaco. Hace menos de cinco años compraron un predio a cinco kilómetros de ahí y levantaron una vivienda.

“Es más complicado. Ahora madruga más, regresa más noche”, refiere Aparicio sobre la actual vida de Margarita, de 45 años. “Tras vivir todo esto, me pongo a pensar. No es solo ella. ¿Cuántas mujeres salen de madrugada? Dejan a sus hijos en guardería, con la vecina o donde puedan. Vuelven tarde, recogen al bebé que ya duerme. Esa es la rutina, todos los días”.

Yalitza Aparicio junto con sus padres en la alfombra roja de 'Roma' en el Festival Internacional de Cine de Morelia
Yalitza Aparicio junto con sus padres en la alfombra roja de 'Roma' en el Festival Internacional de Cine de Morelia

Machismo y racismo

En el encuentro, Yalitza es acompañada por su amiga Nancy García, quien interpreta a Adela en Roma y fue además su maestra de mixteco para poder hablarlo en la película.

Yalitza y Nancy comparten ser de familias numerosas y pobres. Si deseaban estudiar, tenían que trabajar. No había lujos, debían administrar cada centavo y, si se podía, apoyar a sus hermanos.

Aunque son del mismo distrito y ambas mixtecas, crecieron con diferentes tradiciones. La comunidad de Nancy se rige por usos y costumbres. En cambio, en donde vive Yalitza, más próximo a la ciudad, no se habla mixteco ni se porta ropa típica.

En su lugar de origen, prevalecen las ideas machistas, dice Nancy, de 24 años: “Limitan a las mujeres, se afirma que solo somos aptas para ciertas cosas. Ahí se cree, y hasta yo lo creía, que pertenecer a un pueblo indígena es sinónimo a ser inferior a alguien que vive en la ciudad. Lamentablemente, no se valora esa riqueza cultural heredada por antepasados”.

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Nancy García y Yalitza Aparicio en el Four Seasons durante la entrevista
Nancy García y Yalitza Aparicio en el Four Seasons durante la entrevista

Yalitza retoma: “Además de la escasez de dinero, están las nulas oportunidades. La gente piensa que no tienes derechos por no tener un color de piel claro. En ocasiones me tocó que me dijeran que, por ser mujer, no podía seguir adelante”.

No hace tanto tiempo, la cuestionaban: “¿Por qué estudias? Te vas a casar”. Yalitza no se callaba: “Sí, es probable que me case algún día, pero tengo derecho a estudiar, a hacer lo que quiera”.

“Aunque en mi caso”, reflexiona, “tengo la dicha de tener una familia que me apoyó”.

Aparicio recuerda a sus abuelos. Se regían por usos y costumbres, pero siempre la animaron. “Me decían: ‘Hija, no te tienes que quedar en casa a lavar. Trabaja, cómprate tu ropa. Cásate, no pasa nada, pero no queremos ver que termines la primaria y al segundo te cases’”.

Margarita también alentaba a sus dos hijas: “Nos enseñaba sus manos percudidas. ‘¿Así las quieren tener? ¿No quieren estudiar?’. O nos decía que trabajar en una casa era muy pesado. Mi familia, sin duda, me motivó”.

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La vida en Tlaxiaco

Aparicio explica cómo es ser adolescente en Tlaxiaco. Significa abrir los ojos, enterarte de lo difícil que será seguir estudiando. Comienzas a priorizar: si gastas en una golosina, no te alcanzará para las copias fotostáticas. Comprendes los sacrificios de tu mamá y que el entorno te va a poner toda clase de trabas porque eres mujer.

—¿A qué edad identificaste el machismo y misoginia?

—Desde primaria. Si mal no recuerdo, en quinto. Los maestros nos decían a las niñas que no por ser mujeres estábamos determinadas a casarnos. Hablaban de machismo. Pienso que nos enseñaron eso porque muchas niñas habían dejado la escuela para casarse. Al paso del tiempo, suceden cosas y relacionas esos conceptos que aprendiste, pero ya no son solo conceptos: lo vives, sobre todo si te topas con gente que dice que, si eres mujer indígena, no tiene caso estudiar.

Nancy también comparte su historia:

—En secundaria, comencé a trabajar en abarrotes. No eres tan independiente, pero valoras tu dinero. Te das cuenta de que antes te limitaron, por ser mujer y depender de tu familia. Fue cuando me di cuenta de que, de alguna manera, podía mantenerme, estudiar, aunque muchos tíos me dijeran que no. Así es como empiezas a desafiar las limitantes que te ponen.

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Raíces indígenas

Roma es un éxito entre el público y avanza en su camino al Oscar: la película de Cuarón está en la lista preliminar de la categoría de Mejor Película Extranjera. Mientras tanto, Yalitza habla de la relevancia de hablar en lengua indígena en la trama y de lo orgullosa que se siente de tener sangre mixteca (de parte de su papá) y triqui (del lado de su mamá).

“De ambas culturas he aprendido, aunque las mezclo, pero se trata de ir aprendiendo poco a poco, observar las diferencias. A pesar de que están en el mismo estado, tienen tantas diferencias en sus costumbres, en la vestimenta, en el idioma”, expresa. “Ojalá que de pequeña me hubieran dado la oportunidad de aprender ambas lenguas”.

No fue posible. Una de las razones por las que no domina ninguna es porque en su casa sabían que hablar en lengua indígena te hace propenso a ser discriminado.

Su papá lo padeció. Cuando vivía con sus hijas e hijos les contaba que “no lo bajaban de indio” cuando migró a la Ciudad de México y lo difícil que fue aprender hablar español. Raúl Aparicio no quiso que padecieran eso.

“Se creó una burbuja para cubrirnos, pero, al mismo tiempo, no nos dieron la oportunidad de enriquecernos con nuestras culturas”, concluye Yalitza, quien ahora mira con agrado cómo Roma ha comenzado una conversación sobre este tipo de temas y pueda, tal vez, generar un cambio en esas costumbres tan dolorosamente arraigadas en México.