Sentados en una sala de Cinépolis Centro en Morelia, Michoacán, justo en el estreno nacional de la película Roma de Alfonso Cuarón, los asistentes atestiguaron una función muy especial, primero porque estuvieron presentes el director y el elenco, pero también porque esa sería la única ocasión en que esta cadena de cines comerciales proyectaría la cinta de la que todos hablan hoy.

Fue una excepción, pues el Festival Internacional de Cine de Morelia coexiste con Cinépolis, pero una vez terminado este, el trato se terminó. Ni esta cadena ni Cinemex —la otra más grande del país— proyectarían Roma por ser una producción en contrato con Netflix. El conflicto puede resumirse a una incompatibilidad en esquemas de negocio: las cadenas comerciales piden que una película que proyecten en sus salas debe esperar 90 días antes de que se ponga en streaming y Netflix ya tenía pactado su estreno para el 14 de diciembre. Las cadenas pedían aplazar el lanzamiento en línea y no hubo acuerdo.

Conclusión: Roma solo sería exhibida en cines independientes y de centros culturales.

Consecuencia: hubo muchas personas ávidas de ver Roma, pero con la frustración de no alcanzar los boletos que se agotaban en minutos, pues los cines que no pertenecen a una cadena son menos y algunos tienen poca capacidad.

Solución: abrir más foros para verla, desde teatros hasta auditorios y recientemente la casa de los expresidentes de México que ahora es el Complejo Cultural de Los Pinos, donde más de 3 mil personas acudieron a un acto antes inimaginado.

Un punto importante que acercó más la película a los mexicanos fue que varias de las funciones de noviembre donaron parte importante de la taquilla a causas como la caravana migrante, los damnificados por los sismos de 2017 y organizaciones sin fines de lucro.

La democratización del cine

En el Twitter de Alfonso Cuarón se ha vivido paso a paso cómo su película Roma ha ido creando un fenómeno social. Primero, el director difundía los lugares del país donde podía verse su película, después pidió que más salas independientes se sumaran a proyectarla. Su voz ha resultado ser tan fuerte como su arte y el eco llegó gobierno locales como el federal escucharon sus peticiones y abrieron más alternativas.

Roma es además “una película que México necesita ver”, como la han calificado muchos usuarios de las redes sociales. Sutilmente, la trama hace una reivindicación al papel de las empleadas domésticas que a veces fungen de nanas, critica al clasismo y racismo que impera entre nosotros, nos regala un viaje a la capital del país en los años 70 con todas sus revueltas así como su belleza que cobra mayor brillo a la distancia.

Es verdad que la película está disponible ya en Netflix y “cualquiera” puede verla ya, sin tener que ir a un cine, sin pasar frustraciones por encontrar siempre las funciones agotadas. De hecho, México es uno de los países que más consume esta plataforma de streaming en el mundo (72% de los usuarios de internet en el país posee una cuenta). Sin embargo, también tenemos 53.4 de mexicanos viven en pobreza y 9.4 millones en pobreza extrema, es decir el 51.2% de la población total. Con esto puede intuirse que más de la mitad población no tenga recursos para ver Roma en una computadora o smart tv, que además debe tener pagado el servicio de Netflix; que no pueda comprar una entrada al cine o simplemente no haya un cine en su localidad.

De lo anterior surgió otra iniciativa llamada Cinemóvil Roma. “Si no todos los caminos llevan a ROMA, ROMA llega a ti. Muy próximamente, CINEMÓVIL”, anunció el director chilango. En un acto por democratizar el cine, ideó un plan que busca que su película llegue hasta a los lugares que parecieran más recónditos en el país.

Alfonso Cuarón pasó de pelar espacios a abrir los propios. Ahora también ha llamado a sumarse al #ROMATON, una idea que surgió de uno de sus seguidores con la que invita a la gente a proyectar Roma —usando una sábana como pantalla— en sus casas, escuelas o comunidades. Esto mueve a crear cines improvisados, con la intención de hacer una experiencia colectiva. También pide compartirla en fotos o videos mediante las redes sociales con el hashtag asignado.

Tras la promesa de que habrá premios para las mejores fotos o videos, seguro esto hará que su película esté más aún en la conversación.

Este fenómeno de Roma ha sido más visible en México, pero al menos la parte del veto en cines comerciales ha sucedido en otros lados. En Francia, por ejemplo, la película tenía que exhibirse en esas salas para poder participar en el Festival de Cannes, y esto no ocurrió.

El ruido que mueve a Roma

Alfonso Cuarón junto con Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu son los tres directores más destacados en México y que disputan las mejores producciones en el mundo. Cada uno con su línea y con sus talentos nos han regalado películas entrañables.

Con The Revenant y Brid Man, González Iñárritu hizo una revolución en Hollywood. Aunque ninguna pertenece al cine mexicano, aquí no paraba de hablarse de él y su trabajo. Sucedió lo mismo con Gravity de Cuarón.

A finales de 2017 e inicios de 2018, The shape of water así como su creador Guillermo del Toro fueron el tema de conversación. El ruido que se hizo versó en la belleza de la película, en la genialidad del cineasta, en los premios que ganó, en el valiosísima frase legado de memes “porque soy mexicano”.

En ninguna de las cintas anteriores la exhibición en salas —o la imposibilidad de verla— fue un tema. Claro, ninguna de las anteriores había pactado con Netflix como sucedió ahora con Roma. Ninguna se había enfrentado al conflicto entre una plataforma de streaming versus las cadenas comerciales de cines. Lo hará próximamente Del Toro con la versión de Pinocho.

Roma pinta también para llegar fuerte a la temporada de premios, ya está nominada a tres Globos de Oro y va a competir por una nominación al Oscar de Mejor película en lengua extranjera. Pero tal vez lo más valioso que nos ha dejado esta historia es en lo que se ha convertido: las discusiones que ha generado su guion, analizar las actuaciones de un elenco poco común en México, cuestionarnos qué tan racistas o clasistas somos y también cómo un conflicto entre empresas quedó opacado por ese movimiento tan grande que se ha hecho al rededor de una sola película.