Las altas temperaturas ya están aquí y, con ellas, revive el eterno debate lingüístico sobre si se dice el calor o la calor.

Todos conocemos a alguien que mira con desprecio (y a veces hasta regaña) a quienes osan decir “la calor”, pues según su percepción, está mal empleado y fonéticamente suena horrible.

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Sin embargo, tanto la forma femenina como la masculina están bien empleadas, según la propia Real Academia Española (RAE), aunque el uso de ambas tiene algunos matices que, con el tiempo, han derivado en este lío.

En su acepción general, calor es definido como “la sensación que se experimenta ante una elevada temperatura”. Por tanto, el sustantivo calor es eso: una sensación, una palabra en femenino.

Incluso, la propia Academia reconoce la existencia de sustantivos ambiguos en cuanto al género, los cuales son, generalmente, seres inanimados que admiten su uso en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado. Ejemplos de ello son los sustantivos mar, armazón, vodka y, por supuesto, calor.

Sin embargo, la mayoría de los diccionarios actuales —incluido el de la RAE— privilegia emplear “el calor”, pues su uso es más formal tanto en la lengua oral como escrita. “La calor”, por otro lado, se considera vulgar y debe evitarse.

No obstante, más allá de que los órganos institucionalizados estimen que actualmente es una forma vulgar, muchas personas en el mundo hablantes del español utilizan la forma en femenino desde hace siglos.

Muestra de ello, es que el propio tomo II del Diccionario de Autoridades de la RAE, publicado en 1729, reconocía a “la calor” como un uso común y bien empleado.

Con el tiempo, “la calor” cayó en desuso y comenzó a ser considerado como una forma vulgar del lenguaje. Sin embargo, en infinidad de textos literarios antiguos es posible encontrar este arcaísmo.

Para el caso de México, la Academia Mexicana de la Lengua reconoce la frecuencia en el uso de “la calor” en vez de “el calor". Sin embargo, advierte que esta variación no modifica el significado, por lo que no hay necesidad de aclarar qué forma es la correcta en los diccionarios generales.

Entonces, cuando tu amigo miembro de la policía lingüística intente corregir a alguien por decir “la calor”, respóndele que, más allá de sonar como alguno de tus tíos, esta forma es correcta y no se está cometiendo ningún error.