El éxito de la película Roma, de Alfonso Cuarón, se debe no solo a este director y guionista mexicano, sino al equipo de trabajo que logró reunir para entregarnos el largometraje que acapara premios en todo el mundo. Uno de esos secretos que han dado belleza a la cinta es el diseño de producción, que fue culpa total de Bárbara Enríquez y Eugenio Caballero (uno de los mejores del mundo para este trabajo).

Roma es la historia de una familia de clase media que vive en la Ciudad de México a principios de los años 1970. Cleo (Yalitza Aparicio), una de las dos trabajadoras domésticas de la familia, es quien estelariza la trama, pero sus relación con Sofía, la madre de familia (Marina de Tavira), los niños (que representan a Alfonso Cuarón con sus hermanos) la abuela Teresa (Verónica García), así como esa vida íntima fuera de esta casa, es lo que desenvuelve esta hermosa película.

En Roma “se encontraron el hambre con las ganas de comer, porque ahí estaba el meticuloso con otro igual. Estábamos realmente metidos”, explicó Eugenio Caballero para mexico.com en una breve entrevista durante el estreno en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Uno de los retos más grandes que tuvo Eugenio Caballero fue volver el tiempo atrás a como era la capital del país hace casi 50 años. “Tuvimos que entender cómo íbamos a recrear esa ciudad ya perdida. La Ciudad de México ya no es igual a lo que era (en los años 1970) y vinieron grandes cosas como construir grandes sets de calles como Insurgentes o Baja California”, explica el director artístico.

Durante cada escena, el trabajo de Enríquez y Caballero se observa minucioso, sobre todo en la casa donde se desarrolla la mayor parte de la trama. Libreros, juguetes, muebles, cortinas, los azulejos, el piso del patio, cada objeto transporta a la época cuando Cuarón era de niño.

Solo observar los escenarios de Roma provoca recuerdos a esas épocas donde la tecnología no permeaba nuestro entorno.

Y aunque Roma es aparentemente una historia sencilla, con escenarios que parecen muy cotidianos (en comparación con lo que hizo en El laberinto del fauno con Guillermo del Toro), Caballero agrega que el trabajo con Cuarón tuvo su grado de complejidad.

“También fue un reto recrear las memorias de Alfonso en una casa muy contenida que es como una máquina de hacer cine, porque es una casa totalmente transformada a la que se le abrían las paredes y estas cosas para poder iluminar, meter cámara y demás”, explica.

Cuarón contó en la conferencia de prensa del FICM que entre él y Caballero tuvieron que ver muchísimas fotografías y evocar recuerdos para reconstruir banquetas de calles como Insurgentes, para dar detalles exactos de las tiendas, hospitales, todo con ayuda de una búsqueda incansable de objetos y también de efectos visuales. “Los billetes de Lotería son los mismos que aparecían el día en que estaban ese día”, recuerda el cineasta.

Entre los hechos que dan contexto a Roma está La Masacre del Jueves de Corpus —mejor conocida como El Halconazo— (esta ocurrió antes de Caballero naciera); también se pueden ver las calles de la ciudad repletas de cables de luz, con coches de lámina pesada transitando sobre ellas, esos viejos palacios cinematográficos... es una vuelta a los tiempos antes de la revolución tecnológica del internet. Esto permite que se puedan apreciar mucho más las cosas sencillas.

“Creo que esta película que además de ser una carta de amor a sus mujeres y a sus memorias, es una carta de amor para la Ciudad de México y a sus barrios en donde yo también crecí", nos confiesa Eugenio Caballero, quien añade: "Para mí es una especie de guiño a mi familia”.

La deuda del cine mexicano

A sus 46 años, Eugenio Caballero es ya un experimentado en el diseño de producción ha sido también diseñador de producción, decorador, director de arte, ha realizado productos en la publicidad y videoclips musicales, en los Juegos Paralímpicos de Invierno en Sochi y recientemente en Luzia de Cirque Du Soleil.

Sus créditos cinematográficos incluyen cerca de 30 películas tanto de cine mexicano como internacional, 20 de ellas como director artístico (Romeo + Julieta, Santitos, Un monstruo viene a verme por las que ganó un Goya). Ha sido nominado siete veces para el Premio Ariel de la Academia Mexicana de Cinematografía, de las cuales ha ganado dos.

Tanto él como Emmanuel Lubezki y “los tres amigos” (Cuarón, del Toro y González Iñárritu) han sido los mexicanos más destacados con su trabajo en el cine. En comparación con producciones de Cuarón como Gravity o Children of men, con Roma no solo volvió a filmar en México, sino que es una producción hecha en español y con una historia que retrata fielmente a la Ciudad de México, con su aspecto de antaño, sus problemas, costumbres, bellezas y complejidades.

Entonces, con Roma, se puede hablar nuevamente de Cuarón en el cine mexicano, uno revolucionado que está en una industria muy distinta a la de Y tu mamá también (2001).

Caballero explica que la industria cinematográfica nacional ha tenido un avance muy importante: “A mí me parece que el cine mexicano ha avanzado mucho. Cuando yo hice mi primera película en 1992, hicimos seis películas en el año, ahora estamos haciendo 160, de las cuales además hay voces muy interesantes (autorales, comerciales). La visión que hay de los cineastas mexicanos fuera ha cambiado radicalmente en los últimos 12 o 15 años. Antes era bregar mucho más, ahora de muchas formas hay apertura de lo que está viniendo de nuestro lado”.

Si existe una deuda del gobierno y la sociedad mexicana hacia ese arte, señala Caballero, es esta: “Al cine mexicano le hace falta exhibición, que le den la oportunidad de que se vea más”.