¿Quién iba a imaginarse que es posible sentirse en Oaxaca estando en Los Ángeles, California? La Guelaguetza (3014 Olympic Blvd) es un restaurante de comida oaxaqueña que desde 1994 se ganó el corazón (y el estómago) de los angelinos.

No solo es uno de los mejores restaurantes mexicanos de California, sino que lleva el sello de aprobación de una auténtica oaxaqueña: Yalitza Aparicio, actriz mexicana nominada al Oscar por su participación en Roma.

Entrar a La Guelaguetza es como cruzar un portal desde el bullicioso Barrio Coreano en Los Ángeles a un restaurante tradicional en la capital de Oaxaca. Lleno de mesas con manteles de plástico impresos con motivos florales, este espacio familiar ofrece una experiencia mexicana completa con todo y grupo versátil (La Güera Chakaloza y sus 4 Animales) amenizando la comida con covers de El Tri y Vicente Fernández.

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Fuimos el sábado antes de la 91ª ceremonia de entrega de los premios Oscar y en la caja regalaban pósters con el rostro de Yalitza Aparicio, quien recomendó el restaurante en su cuenta de Instagram en uno de los viajes que hizo a Los Ángeles para promover Roma. Aquí, Aparicio es una estrella y los carteles (diseñados por el artista urbano Ernesto Yerena) se esfuman en menos de una hora: todos quieren un pedacito de Yalitza.

El ‘American dream’

La Guelaguetza es una historia de éxito del sueño americano. Sus fundadores son Fernando López y María Monterrubio, inmigrantes oaxaqueños que llegaron a vivir a Los Ángeles con sus hijos a principios de los años 90. Hoy en día, Fernando y María ya están jubilados y el restaurante es administrado por sus tres hijos: Bricia, Paulina y Fernando Jr.

Con más de 20 años como un imperdible de la zona, los López Monterrubio se han convertido en embajadores culturales de Oaxaca en Estados Unidos. Bricia en particular es parte muy activa de la comunidad mexicoamericana en California y es promotora de sus raíces y legado oaxaqueño.

‘I love mole’

Aunque absolutamente toda la carta de La Guelaguetza está para chuparse los dedos, destaca su mole negro. La receta ha estado con la familia desde la abuela de María Monterrubio y su sabor auténtico es una de las razones por las que este restaurante se hizo popular, primero entre los migrantes mexicanos que reencontraban aquí los sabores de casa y luego entre los residentes de la zona.

Enmoladas de pollo en La Guelaguetza (Marcela Vargas)
Enmoladas de pollo en La Guelaguetza (Marcela Vargas)

El menú es amplio y cubre todo tipo de platillos tradicionales. Hay una buena variedad de tlayudas (la vegetariana está particularmente bien servida, a 14.50 USD), enmoladas de pollo (servidas con arroz y queso fresco, a 18.50 USD), consomé y tacos de barbacoa (a 16.50 USD) y muchos más. Estos platos pueden acompañarse con aguas frescas (jamaica, horchata o tamarindo a 3.75 USD el vaso mediano) o aguas de especialidad como la de chilacayota o la de horchata con tuna y nuez (ambas a 4.50USD).

Chocolate de agua, ideal para el postre (Marcela Vargas)
Chocolate de agua, ideal para el postre (Marcela Vargas)

Si todavía tienes espacio para el postre (porque todo lo anterior viene en porciones grandes), recomendamos una humeante taza caliente de chocolate de agua que viene acompañada por un bollito de pan blanco dulce (4.50 USD).

Arte oaxaqueño

Ubicado en el centro del Barrio Coreano, por fuera el edificio de La Guelaguetza pareciera más una pagoda que un restaurante mexicano. Pero sus muros de color naranja brillante cuentan una historia netamente oaxaqueña. Los encargados de crear estos murales son Rosario Martínez y Roberto Vega, del colectivo oaxaqueño de arte urbano LaPiztola.

Los López Monterrubio conocieron a LaPiztola en uno de sus viajes por Oaxaca y en 2013 los llevaron a Los Ángeles para que dejaran su huella en las paredes externas de La Guelaguetza. Desde los muros, un niño y una niña miran a la concurrencia, intercambian maíz y un pollo. A unos metros se ve la silueta de un músico tocando el acordeón. Ese ambiente de fiesta que pintó LaPiztola sobre las paredes de Olympic Blvd. es la descripción gráfica de la esencia de este restaurante: familia, autenticidad y puro sabor oaxaqueño.