El 20 de agosto de 2016 murió Ignacio Padilla. Todos le llamaban Nacho y era uno de los mejores escritores de México. Tenía 47 años, libros publicados en dos docenas de idiomas, premios como el Juan Rulfo y, sobretodo, una colección a punto de terminar terminar: la Micropedia.

La colección de cuatro volúmenes de cuentos había quedado inconclusa. Antes de morir publicó "Las antípodas y el siglo", "Los reflejos y la escarcha” y "El androide y las quimeras”. Quedaba pendiente "Lo volátil y las fauces”, que la editorial Páginas de Espuma publica ahora –junto con los otros tres volúmenes–, bajo la edición de su amigo, el también escritor Jorge Volpi.

Volpi y Padilla se conocieron en la preparatoria, tras un concurso de cuento en el que ambos resultaron entre los ganadores. A partir de ahí, fueron amigos toda la vida. Juntos crearon –con otros escritores como Pedro Ángel Palou, Eloy Urroz y Ricardo Chávez Castañeda – la Generación del Crack: un movimiento literario mexicano de finales de los 90 que buscaba romper con el “postboom latinoamericano”, con autores y obras que ellos llamaban “folcloristas”.

Eran tan amigos que Volpi era el albacea, el guardián del tesoro de Padilla: su obra literaria. Eran tan amigos que a la muerte de Padilla se terminó el Crack.

A su muerte, Volpi comenzó a revisar los archivos de su amigo y encontró los cuentos que hoy conforman el cuarto volumen de la Micropedia, algunos publicados por separado, pero muchos otros sin publicar. Los compiló para poder completar el legado y la obra de su amigo en el proyecto que llevaba tantos años creando.

Hay cuentos que tienen 20 años y muchos otros más recientes, pero todos conforman un mismo universo. Volpi ha señalado en entrevistas que esta es la obra maestra de Padilla "por su complejidad, su vasta arquitectura y ambición”. Junto con el editor de Páginas de Espuma logró concretar ese mundo literario que durante décadas creó Padilla.

Es, más allá de una obra maestra, un último abrazo entre dos escritores que fueron amigos toda la vida.