Si todavía no ves Nanette, el show de comedia de Hannah Gadsby en Netflix, es probable que hayas leído en tus redes conversaciones al respecto. Desde su lanzamiento en la plataforma de streaming, el pasado 19 de junio, muchas personas han recomendado este monólogo de poco más de una hora. Y han hablado del impacto que les ha causado escuchar las palabras de la comediante australiana de 40 años.

Gadsby explica al principio que su show se llama Nanette en honor a una mujer interesante que conoció en un pequeño pueblo. Pero el nombre de esa chica no vuelve a escucharse. La comediante solo parte de allí para contar su historia y reflexionar —entre risas y gritos de rabia— sobre temas como su lesbianismo, la homofobia, el machismo sistémico, el abuso sexual, el arte y la propia comedia.

Las bromas irreverentes sobre su "situación" como lesbiana abren el monólogo. Gadsby confiesa que la bandera gay le parece muy saturada y el desfile del orgullo, demasiado intenso para una personalidad tranquila como la suya. También cuenta la historia de cómo salió del clóset ante su madre, y narra episodios de su infancia y adolescencia en Tasmania, donde la homosexualidad fue un crimen hasta 1997.

Pero el tono cómico se esfuma del todo por momentos. Por ejemplo, cuando Gadsby asegura ante un auditorio repleto –la Sydney Opera House– que está lista para dedicarse a otra cosa después de 10 años como comediante. "Construí mi carrera a base de bromas de autodesprecio y no quiero seguir haciéndolo", sostiene. "¿Saben lo que significa el autodesprecio para alguien que ya existe en los márgenes? No es humildad, es humillación".

La australiana disecciona el funcionamiento de la comedia para construir su tesis. Una broma, explica, solo necesita dos partes para funcionar: una introducción —donde se busca crear tensión— y un remate que termina con la risa. Y ella, después de haber narrado su vida a través de chistes, ahora considera que hace falta contar la otra parte de su historia. Una que no resulta en absoluto divertida, pero sí necesaria para sanar las heridas.

Eso es lo que hace en la segunda parte del monólogo, donde habla a punto del llanto sobre cuestiones tan personales y dolorosas como la lucha contra su propia homofobia, o el abuso verbal y físico que sufrió en muchas ocasiones por su aspecto.

También apela a sus estudios en historia del arte para condenar a creadores acusados de abuso sexual, y cuestionar si realmente se puede separar al hombre de su obra. Algunos de los que menciona son Harvey Weinstein, Roman Polanski, Woody Allen, Pablo Picasso y Bill Cosby.

El show en vivo de Nanette recibió varios premios de comedia en Australia antes de ser parte de la cartelera del SoHo Playhouse de Nueva York y de saltar a la mayor plataforma de streaming del mundo. Gadsby dijo este lunes en Twitter que se siente un poco abrumada por la increíble respuesta y muy agradecida por los mensajes que ha recibido sobre su obra.

Al final, su mensaje está atravesado por lecciones constantes de fuerza, resiliencia, conexión y humanidad. Como decía un tuitero, Nanette puede ser incómoda, pero es más que nunca pertinente.