El octavo largometraje de Alfonso Cuarón, Roma, hizo historia en los premios Oscar 2019 al darle sus primeras estatuillas a una película original de Netflix. La cinta no ganó como Mejor Película, pero generó un debate indispensable en la época actual: ahora que Netflix está jugando en las ligas mayores, ¿debería someterse a las mismas reglas que los otros grandes estudios?

Roma se mantuvo fuera de la mayoría de los cines comerciales tanto en México como en Estados Unidos y otros territorios debido a un estira y afloja nada amable entre la plataforma de streaming y las grandes cadenas. Netflix pedía requisitos como la renta completa de las salas para proyectar únicamente Roma o que los cines adecuaran sus sistemas de audio y de proyección para exhibir la película de la mejor manera posible. Los cines le pedían a Netflix una ventana de exhibición más amplia antes del estreno en línea.

Una semana después de los premios Oscar, un grupo de directores hollywoodenses liderados por Steven Spielberg encabezan un movimiento para frenar a Netflix, bajo la creencia de que está arruinando la experiencia de ir al cine. Incluso algunos medios especializados reportaron que la derrota de Roma en la categoría de Mejor Película ante Green Book se habría debido a la negativa de miembros de la Academia a darle el premio mayor a la plataforma de streaming.

Intereses en común

A pesar de tener modelos de negocio radicalmente distintos, existe la posibilidad de que Netflix se alinee cada vez más con el resto de la industria de Hollywood. En enero de este año, Netflix se convirtió en la primera empresa de streaming en integrarse a la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA por sus siglas en inglés). La plataforma de streaming se une en esta organización a Walt Disney Pictures, Sony Pictures, Paramount Pictures, 20th Century Fox, Universal Studios y Warner Bros.

Esta asociación industrial agrupa a los principales estudios cinematográficos y vela por sus intereses comerciales, como las legislaciones de derechos de autor y contra la piratería. Los primeros pasos rumbo a esa alineación ya empiezan a verse: The Irishman, la nueva película del legendario director Martin Scorsese producida por Netflix, se estrenará en cines antes de llegar a la plataforma.

Según revela The Hollywood Reporter, el director estadounidense quiere que su próximo largometraje, que costó alrededor de 125 millones de dólares, llegue a salas de cine. Para complacerlo, Netflix tendría que encontrar una forma de enmendar su relación con las cadenas comerciales de cine después de ponerles toda suerte de trabas para la proyección de Roma. Incluso tendría que permitirles revelar sus números de recaudación en taquilla, cosa que no permitió con la exhibición de la película de Cuarón.

Esto se suma a la presión de un grupo de nombres poderosos de la industria, liderados por Spielberg. De acuerdo con medios estadounidenses, ellos estarían proponiendo que para que una película sea elegible rumbo a los Oscar deba tener una ventana de proyección en cartelera comercial de al menos cuatro semanas. “Soy un firme creyente de que las salas de cine deben existir para siempre”, dijo sobre el tema Spielberg en una ceremonia de la Sociedad de Audio Cinematográfico, unos días antes de los Oscar.

La conversación es importante para Alfonso Cuarón, quien considera que la experiencia de los complejos de cine se ha gentrificado. “Soy cineasta, creo en la experiencia de ir al cine a ver una película, pero tiene que haber diversidad”, dijo a Variety en una entrevista posterior a la entrega del Oscar. “Tienes un solo tipo de producto con muy pocas variaciones. Es difícil ver películas de arte, es difícil ver películas extranjeras. La mayoría de los cines solo proyectan grandes películas de Hollywood”.

Alfonso Cuarón explicó que al iniciar el recorrido de Roma por el circuito de cine sintió la hostilidad de sus colegas. “Amigos y otros realizadores me decían ‘¿qué estás haciendo?’, como si hubiera traicionado algo. Pero la conversación ha cambiado, creo que más gente está reconociendo que esta película alcanza audiencias a nivel mundial de una forma que solo lograban cintas populares”.

Los posibles resultados de este conflicto se vuelven más relevantes debido a que cada vez más directores talentosos y célebres adhiriéndose a Netflix como estudio de producción. Tan solo en los próximos dos o tres años, la plataforma producirá y estrenará películas de Scorsese, Guillermo del Toro, Steven Soderbergh, Dee Rees y Fernando Meirelles, por mencionar algunos.

Mientras los grandes estudios de Hollywood que han existido por casi un siglo siguen luchando por la estabilidad de su modelo de exhibición y distribución, Netflix se apoya en el poder masivo de su audiencia. Con 139 millones de suscriptores alrededor del mundo, la plataforma le habla de manera directa a una base global más interesada en consumir el producto que en los premios que su película favorita pueda ganar.

La respuesta de Netflix

Ante el posible ataque de Spielberg, la plataforma de streaming utilizó sus redes sociales para decirle al mundo que sí les importa el cine a un nivel artístico, pero que también les importa darle acceso a los contenidos a muchas más personas de las que permite un estreno en salas comerciales.

El tuit dice: “Amamos el cine. Aquí hay algunas cosas que también amamos: Acceso para personas que no siempre pueden costear ir al cine o que viven en pueblos sin salas de cine; permitir que todos disfruten los estrenos al mismo tiempo; darle a los cineastas más formas para compartir su arte. Estas cosas no se excluyen mutuamente”.