Fue un sábado en la noche, no había conciertos rivales, era la fiesta del X aniversario, el lugar estaba repleto, tal como podría pasar un día similar a este; los que estaban ahí no tenían la menor idea de que se trataba de la última fiesta que se viviría en El Imperial.

El adiós fue fugaz, pero movió muchos sentimientos: “Estoy conmovido y muy contento, nunca me esperé esto. Se siente como si la gente estuviera despidiéndose de un hermano, de una casa, de una novia”, comenta Atto Attie, uno de los fundadores de El Imperial, en entrevista para mexico.com

El Imperial cerró sus puertas de un día para otro, sin más, dejando un hueco importante tanto para el público como para la escena musical mexicana.

Mauricio Laguna, quien de 2012 a 2017 fue encargado de programar a las bandas que tocarían ahí, afirma que se fueron de una forma increíble: "Me parece que debió ser una decisión muy difícil, pero (ellos) saben en qué momento despedirse y en qué momento cerrar este ciclo”.

La noticia sorprendió tanto a la comunidad musical como a la gente que estaba ahí, que en su mayoría fueron de los más asiduos al lugar, pues el evento era la fiesta del X aniversario al que se permitió la entrada con invitación. La pregunta que a todos nos queda es la misma: ¿por qué cerraron?


Un sueño que se volvió leyenda

El Imperial fue fundado por Atto Attie —músico de Atto & The Majestics— y el promotor Jorge González en 2008, justo en el resurgimiento de la escena musical independiente en Ciudad de México en un barrio que estaba tomando su segundo aire. En palabras de Atto:

Quise poner un lugar donde se le tratara a los músicos como me hubiera gusto que me trataran a mí. [...] Bajo esa premisa siempre quisimos ser muy atentos con las bandas, quienes se rifan la vida tratando de vivir de esto que es muy difícil, más cuando nunca les pagan. Quisimos regresarle esa dignidad a la gente que se dedica a hacer música.

Y lo lograron, porque se convirtió en un refugio de la escena nocturna. "Fue algo enorme, un referente en la ciudad para escuchar música, se volvió un semillero de bandas, muchas de ellas empezaron aquí y ahora llenan Auditorios Nacionales; recibimos a bandas de todas partes del mundo, pero más que nada, lo que me da gusto es que la gente se está despidiendo del lugar como de una comunidad, de una familia, de un lugar como que hizo época”, dice Atto.

Música y fiesta de martes a sábado

Luego de buscar por mucho tiempo el lugar en donde se instalaría El Imperial, Atto y Jorge encontraron disponibilidad en el local en donde estaba El Piraña, un sitio para escuchar música en vivo, por lo que “las condiciones eran perfectas”.

En palabras de Atto, cuando abrieron, él y Jorge sí sentían que había un hueco en la Ciudad de México, sobre todo entre semana. "Yo había vivido en otras grandes ciudades y siempre había música: de lunes a domingo, en varios lugares con distintas opciones y por eso decidí hacerlo así".

El Imperial operaba de martes a sábado por una razón muy simple: los martes y miércoles eran los días dedicados a los proyectos nuevos. "La política era que si era tu primer evento, tenía que ser en martes, así se le daba la oportunidad a las bandas nuevas", comenta Mauricio Laguna, quien durante cinco años se dedicó a encontrar a los talentos que cada noche llenaban de música los dos pisos del local.

Tener una fecha implicaba una oportunidad y hubo gente muy constante que empezó a avanzar para terminar tocando en viernes y sábado. Nos interesaba también lo que hacían fuera de El Imperial, era ir creciendo con ellos de la mano; era saber si habían empezado a desarrollarse.

Laguna recuerda las primeras tocadas de Reyno, la primera visita de Caloncho: "Me acuerdo muy bien cuando Abraham —su manager e integrante de Technicolor Fabrics— me presentó el proyecto, le tuve mucha fe. También recuerdo mucho a Mon Laferte, la vi machetearle muchísimo; la vi con diferentes proyectos y tardó un tanto en encontrar su sello”. En abril, ambos se embarcaron en una gira por 18 ciudades de Estados Unidos acompañando a Juanes. Los resultados se pueden comprobar fácilmente con la fama creciente que han ganado.

Otro punto que distinguió a El Imperial de otros lugares del circuito es que no “fue nada más la parte de las bandas en el escenario sino también los DJs que tocaban, que se quedaban después de los shows en vivo de cada noche”, agrega Lagunas.


“Bailé hasta que me sangraron los pies”

¿El Imperial fue un lugar importante para los DJs? "La verdad es que sí, yo tengo un par de fechas ahí que para mí son legendarias”, comenta Chuck Pereda, quien días antes del cierre del lugar se presentó como Tineyers junto a El Negro Hipólito y el autor de Trainspotting, Irvine Welsh.

Chuck recuerda "una noche noventera que estaba tocando con Bonnz. El line-up éramos: en la parte de arriba, Anna Stephens y Bonnz, y yo abajo. Terminé con los pies sangrados porque las botas me rasparon por tanto bailar".

A pesar de que El Imperial seguía recibiendo mucha gente los fines de semana, no era igual los demás días, señala: “Honestamente, la gente que se está quejando de que cerraran, ya no estaba yendo. Es lógico porque esa gente tiene que levantarse temprano a trabajar en jueves, tienen hijos y van creciendo y los únicos que seguimos en la fiesta somos los DJs, porque somos los que vivimos de eso. El resto de la gente va creciendo y nos va dejando”.


La familia que creó la música

Uno de los personajes de El Imperial fue El Dragón, el stage manager del lugar durante nueve años, quien dejó su puesto —junto a gran parte del staff original— por un recorte de personal hace más de un año.

Con tantos años en este medio te das cuenta de muchas cosas y los antros no son eternos, también pasan de moda. En 10 años cambió mucho la escena [...] es un poco triste porque era un espacio para bandas y también significaba un lugar de trabajo para la gente del medio, por eso es triste perder un lugar.

El Dragón considera que El Imperial "ya había cumplido su ciclo de vida" y más considerando la serie de gastos que implica mantener un lugar que pudiéramos pensar, solo funciona de noche, pero la realidad es que tiene una oficina con personal durante el día.

Éramos 33 personas, fácil nos fuimos 25. Entre oficina, dos gerentes, cajeras, bartenders, meseros, garroteros... De audio, yo, porque el ingeniero no pertenecía a El Imperial, el audio era rentado. Sin contar a los de seguridad. Éramos casi 50 personas para operarlo, todo eso suma gastos y es una nómina muy grande.

Por su parte, Atto comenta que en efecto "es complicadísimo mantener un lugar así [...] El éxito fue que nunca escatimamos en tratar de que el lugar siempre estuviera a la vanguardia. Pudimos haber bajado el nivel y habernos ahorrado muchísimo dinero o haber cortado los martes y miércoles de propuestas de algunas bandas nuevas que no traían mucha gente, pero seguimos trabajando profesionalmente".


En paz con la comunidad

Al preguntarle sobre el cierre por problemas económicos o con probables conflictos con las autoridades, Atto asegura que para él simplemente se cerró un ciclo: "Llevábamos 10 años haciendo esto y queríamos emprender nuevas aventuras, tener nuevos propósitos, nuevas carreras y la verdad es que por eso decidimos cerrar con la frente en alto, con el lugar lleno, con el lugar funcionando bien".

Y así fue, por eso, ese sábado en la noche todo mundo creyó que estaba invitado a una fiesta de aniversario, no a la despedida.

Nunca convertimos el lugar en un after, nunca quisimos que estuviera fuera de lo que la ley marcaba. Nunca tuvimos clausuras, nos guiamos bajo las leyes. Somos de los pocos lugares que no tuvieron ningún problema en tantos años, siempre mantuvimos todo en orden.

El Imperial se despide por un simple ciclo natural que envuelve tanto a la economía actual como a las costumbres de su público ya ocupado en otras actividades. Atto se dice conmovido y muy contento por su labor, "nunca me esperé esto", explica, "aquí se generó comunidad, se hicieron muchas amistades, se generó un circuito de gente que nos dedicamos a la música y que nos hicimos una familia", añade.

Mientras seguimos recordando este lugar, la gente que formó parte de cada una de las noches en El Imperial se despide y conserva el recuerdo de este club nocturno con cariño.

Como bien lo dijeron esa noche Jorge y Atto, por una década, El Imperial se volvió parte del soundtrack de esta ciudad.