Los protagonistas de Chicuarotes, Cagalera y Moloteco, son expertos en meter la pata. Este par de jóvenes rebeldes vive en el pueblo de San Gregorio Atlapulco en la alcadía de Xochimilco. Aunque el barrio forma parte de la Ciudad de México, su entorno es prácticamente rural y parece negado a cualquier forma de progreso económico. Para huir de ahí, los dos amigos ponen en marcha un plan que de salir mal podría acabar no solo con sus esperanzas de mejorar su situación económica, sino someterlos a un linchamiento público letal.

Chicuarotes es el segundo largometraje dirigido por el mexicano Gael García (Déficit) y se estrena en México el 27 de junio. La cinta fue aplaudida en el pasado Festival de Cannes y cuenta con un elenco joven y talentoso integrado por Benny Emmanuel (quien acaba de ganar un Ariel a Revelación Actoral por De la infancia), Gabriel Carbajal (actor no profesional) y Leidi Gutiérrez (Las elegidas). A estos chicos los acompañan Dolores Heredia (Capadocia), Enoc Leaño (Colosio: El asesinato) y Daniel Giménez Cacho (Zama).

Cagalera (Emmanuel) y Moloteco (Carbajal) trabajan como payasos en el transporte público de la ciudad, pero con lo que ganan en sus recorridos no les alcanza ni para un pastelito de la tienda. Harto de la situación, el enérgico pero ingenuo Cagalera empieza a acercarse al crimen, primero improvisando un atraco en un microbús y poco a poco dando pasos más definitivos que ponen en riesgo su vida y la de Moloteco, su mejor amigo, un chico inocente que parece no estar tan molesto con su estilo de vida.

La violencia que los rodea en San Gregorio es más compleja que los delitos cometidos por ellos mismos y por sus vecinos. Es un tipo de violencia que podemos encontrar a diario en todos los rincones de México: la pobreza, la miseria, la falta de oportunidades laborales, el nulo acceso a recursos de salud, la negligencia de las autoridades después de una tragedia, el abandono económico y social en el que viven cientos de miles de personas en este país.

Esta miseria no es gratuita ni del todo ficticia. El guion de Chicuarotes es de Augusto Mendoza (Abel), originario de Tulyehualco, Xochimilco, un pueblo cerca de San Gregorio Atlapulco. Hace 16 años, Mendoza ya tenía el primer borrador de esta historia y con los años lo fue puliendo hasta que llegó a las manos de Gael García. Como Mendoza le contó a mexico.com en entrevista, esta historia nació de las anécdotas que se escuchaban en su barrio.

“Desde niño crecí oyendo historias del pueblo, de personajes, y de pronto vi que se podía escribir una película con esos elementos”, explicó. “Inventé muy poco, simplemente tomé esas historias del pueblo… mezclarlas, acomodarlas para que fueran una sola y de forma dramática para que fuera una historia conjunta”.

Aunque es cierto que Chicuarotes cojea un poco hacia su tercer acto, tiene un inicio sólido que plantea la crudeza de una vida en la que se te han negado todas las oportunidades. Desde las mujeres víctimas de violencia de género hasta los niños que crecen para descubrir que sus opciones son delinquir solos o con el crimen organizado, los personajes que transitan por Chicuarotes tienen algo en común: una tristeza infinita que ni el desahogo a través de la violencia puede aplacar.

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¿Qué es un chicuarote?

En el título de esta película hay mucho más que una palabra curiosa. Los chicuarotes son un tipo de chile que se siembra en San Gregorio y que le da su gentilicio a las personas originarias de esta región de Xochimilco. “Viene de un chile endémico de la zona que es muy resiliente, muy duro y muy picante”, contó Gael García a la agencia AFP durante su paso por Cannes. Este nombre refleja el carácter de sus personajes: recios, tercos, luchadores.