La documentalista Jennifer Fox dirige a Laura Dern (‘Big Little Lies’) en ‘The Tale’, una película sobre su propio abuso sexual a los 13 años de edad.

Hay muchas formas de romper un corazón y para la adolescente Jennifer Fox (Isabelle Nélisse) el fin de su primer noviazgo es también la primera vez que su corazón se hace pedazos. A modo de cierre para ese episodio en su vida, Jenny escribe una historia sobre su romance para la clase de inglés. Casi 40 años después, una Jenny adulta (Laura Dern) redescubre esta historia y, confrontada por su madre, se obliga a escarbar en el pasado para aprender a procesar su experiencia como víctima de abuso sexual por parte de su entrenador de atletismo, un hombre 30 años mayor.

The Tale es la primera película de ficción de Jennifer Fox, cuyo documental Flying: Confessions of a Free Woman (2006) la inspiró a contar su propio trauma. Las historias de mujeres que narró en Flying detonaron en Fox la necesidad de encontrar una vía para explorar sus propios demonios. La directora construyó esta película a partir de un cuento que escribió a los 13 años en el que narraba cómo su entrenadora de equitación y su entrenador de atletismo trabajaron juntos para seducirla y obligarla a mantener una relación sexual con al menos uno de ellos.

Isabelle Nélisse como Jenny a los 13 años
Isabelle Nélisse como Jenny a los 13 años

La cinta tuvo su estreno latinoamericano durante el XXI Festival Internacional de Cine Guanajuato, donde el productor Lawrence Inglee charló con la audiencia acerca del proceso de realización de la película. Al finalizar la función, los organizadores del festival ofrecieron al público atención psicológica gratuita ante el impacto de una historia tan intensa y sobrecogedora.

“Fue una película muy difícil de hacer”, comenzó Inglee. “Empezó muy humildemente hace muchos años, y no solo no sabíamos si lograríamos terminarla, ni siquiera estábamos seguros de que hubiera una audiencia para verla”. El panorama en Hollywood después del movimiento #MeToo ha conseguido mayor apertura para estos temas, especialmente para escuchar las voces de las víctimas, quienes por sus propias razones y circunstancias han elegido distintos momentos de su vida para abrirse al respecto.

En el caso de Fox, como muestra la película, fue hasta sus cuarentas que logró procesar ese recuerdo embellecido de un primer amor por lo que fue verdaderamente: abuso sexual infantil. “Casi todo lo que ocurre en pantalla es exactamente como sucedió en la vida real”, agrega Inglee. “El proceso de hacer The Tale empezó para Jennifer a los 13 años de edad, con la historia que escribió para la escuela. Pero fue hasta su mediana edad que pudo describir su propia experiencia como abuso. En su mente y en su memoria había sido una relación amorosa y le tomó mucho tiempo y esfuerzo procesar los recuerdos”.

Jason Ritter como Bill y Elizabeth Debicki como la Sra. G
Jason Ritter como Bill y Elizabeth Debicki como la Sra. G

Uno de los cuestionamientos que más comúnmente enfrentan las víctimas de abuso al contar su historia es por qué no hablaron antes, por qué no denunciaron, por qué no metieron a la cárcel a su abusador. “Hay un estatuto de limitaciones que hace imposible que Jennifer demande a su abusador”, explica Lawrence Inglee. “Cuando se podía, ella no estaba en un lugar en el que pudiera procesar esa relación. En cierta forma, esta película es la demanda; la conversación que surja a partir de esta historia real es el equivalente a esa demanda”.

La construcción del arco dramático de Jennifer Fox en The Tale muestra cada paso de su proceso: desde la negación absoluta hasta una catarsis que se siente como si la autora y sus alter egos en pantalla tuvieran el destino de un ave fénix consumida por el fuego pero que renace de entre las cenizas.

La doble presencia de Jenny a cuadro, como una niña de 13 años y una adulta de 48, es una de las mayores fortalezas de la película. Este diálogo entre la mujer del presente y la niña que fue en el pasado deconstruye las capas de un personaje por quien es difícil no sentir empatía. La vulnerabilidad de Fox es evidente en ambas versiones detrás de su máscara de creadora: la niña escribe para escudarse del dolor, la adulta filma documentales para ahondar en vidas ajenas y no en sus propias heridas.

Fuera de la pantalla, la Jennifer Fox de la vida real acudió a este mecanismo para hacer pública su versión de los hechos. Mediante la ficcionalización de los momentos más difíciles de su vida, la autora abre su corazón y su alma. Quizá con la esperanza de que alguien en el público conecte y se inspire para revelar su propio caso, en una reacción en cadena que impida que alguien allá afuera vuelva a romperle el corazón y el espíritu a una niña (o niño) que confía sus sueños a la persona incorrecta.