Con tanto festival y concierto en la Ciudad de México, cuesta trabajo creer que hace unos 40 años, el rock era uno de los peores enemigos de la autoridad. En 1973, el gobierno de Luis Echeverría se encargó de prohibir el rock en México y este solo sobrevivió gracias a la clandestinidad. El Tutti Frutti, un club underground fundado en 1985, se convirtió en el templo donde una generación de mexicanos vio resucitar al rock y sus derivados. Hoy, Réplica Films produce un documental para rendir homenaje a este espacio clave de la música y la rebeldía mexicana.

“Es una parte histórica muy olvidada, ya sabes que este país sufre de amnesia en muchos aspectos”, cuenta en entrevista Alex Albert (Me llamaban King Tiger), director de Tutti Frutti: El templo del underground, el largometraje que busca recordarle a los melómanos mexicanos que la osadía de sitios como el Tutti Frutti hizo posible que hoy exista un Vive Latino o un Corona Capital. “Es un buen aprendizaje para nuestra generación y generaciones futuras: aprender de dónde venimos y hacia dónde vamos y dar gracias que lo que tenemos viene de ahí”.

Danny y Brisa, fundadores de Tutti Frutti (Fotos: Cortesía Réplica Films)
Danny y Brisa, fundadores de Tutti Frutti (Fotos: Cortesía Réplica Films)

El Tutti Frutti estaba ubicado en el predio del restaurante Apache 14 en la Avenida Politécnico Nacional, en el norte de la Ciudad de México. Hasta allá llegaban los fans del rock que no encontraban otro foro para escuchar a las bandas que les gustaban y que vieron nacer ahí a los pilares del rock mexicano contemporáneo. “De ahí surgen nuestras bandas de estadio como Café Tacvba, Caifanes, Maldita Vecindad... los únicos que tenemos en el país que llenan estadios nacionales e internacionales, empezaron tocando ahí”, agrega Albert.

Tutti Frutti: El templo del underground está en proceso de producción, pero ya puede verse un primer avance prometedor. Con el apoyo de Brisa Vázquez y Danny Yerna, fundadores del local, los directores han podido explorar cada rincón de la memoria de un sitio que marcó definitivamente a una generación de melómanos chilangos. A ellos se unieron fans del lugar y, poco a poco, los mismos músicos que iniciaron sus carreras ahí, como algunos integrantes de Santa Sabina y otras bandas emblemáticas del rock nacional.

Para tener un panorama más completo de la historia del Tutti Frutti, tanto Albert como la productora Laura Ponte (tres veces ganadora del Premio Nacional de Periodismo) han hecho un llamado público a quienes vivieron de primera mano el apogeo de este bar. Especialmente, a las mujeres que formaron parte de la escena y cuyas voces les interesa reflejar.

"Todavía está en tela de juicio la voz de las mujeres y de otros grupos discriminados. Imagínate, si en el 2019 todavía tenemos esos problemas, pues en el 85 cómo estarían las cosas”, dice Alex Albert. “Por eso es importante contarlo desde la perspectiva femenina que tuvo mucha participación pero que a lo mejor no se notó tanto porque el rock tenía ese arraigo machista todavía”.

El rock es rebelión y aunque hoy en día hacen falta solo un par de clics para encontrar nuestros discos favoritos, la necesidad de recuperar espacios para la cultura y el arte es una batalla permanente. Ese espíritu es una de las metas principales del documental. “Queremos crear un poquito de conciencia de que hay que pelear por estos espacios, hay que apropiarse de estos espacios. Hay que hacer arte y música más consciente”, dice el director. “El rock y el punk nunca van a morir. Siempre habrá grupos contestatarios y grupos inconformes, porque desgraciadamente en este mundo siempre tendremos que pelear por algo”.

Réplica Films lanzó una campaña de fondeo para completar el rodaje, postproducción y distribución de Tutti Frutti: El templo del underground. Si quieres ayudarlos a terminar este documental, puedes hacerlo en su IndieGogo y a cambio obtendrás algunos souvenirs de este honorable bar.