El equipo de Cuatrovientos junto con la productora audiovisual Clayton & Brown ascendieron al Iztaccíhuatl, la tercera montaña más alta de México, para apreciar uno de los amaneceres más impactantes que se pueden ver en el país. Relatan su travesía en este pequeño texto y el siguiente video:

Son apenas las 3 de la mañana y desde nuestra tienda de campaña escuchamos que otro equipo se aventura a empezar a subir la cordillera en plena lluvia torrencial. “Están locos” pienso, pero suficientemente pronto llegará nuestro turno de ascender. McFly, mi acompañante por el día está ansioso, da vueltas dentro de nuestro refugio y sé que la naturaleza le llama, ambas literal y figurativamente. Por suerte la lluvia ha cesado, salimos de la tienda y no hay nada más que cielo negro impregnado de puntos hiper brillantes. Me pregunto si volveremos a ver a ese equipo aventurado. Pensamientos mórbidos en son de comedia para aligerar el comienzo de nuestros pasos hacia la cima.

A eso de las 4 de la mañana todo sigue oscuro, lo único que veo frente a mí son ramas, piedras y arbustos secos iluminados por una pequeña lámpara que va ajustada a mi frente. Pero a lo lejos se distingue bien el filo de la montaña, la cordillera volcánica que roza con el cielo y la cual es nuestro destino. Los caminos empinados son como un golpe al estómago, me consume una sensación juvenil, esa de besar por primera vez al primer amor: no se puede respirar. Cada paso es más difícil y mientras ese border collie que es mi amigo se desliza con frescura por la montaña, para mí cuesta un poco más.

Cuando la nieve comienza a pintarse de anaranjado y el firmamento de añil, sé que queda poco tiempo para el amanecer, el sol está por salir y apura todos los planes. No he caminado, caído y deslizado por cinco horas para experimentar el alba entre montañas, hay que encumbrar. Con lo que resta de pulmones llegamos a las rodillas y es, como no podía ser de otra manera, el instante justo. Este es el segundo momento de la madrugada en la que me quedo sin aliento, solo que con otros matices. Ya no es una presión o un nerviosismo, sino una inflamación del pecho y una exaltación del alma. Hay que ver esa salida de sol para creerla.

De vuelta, aunque cuesta, todo es mucho más sencillo. McFly baja ya exhausto y yo exhilarante, lleno de adrenalina por lo vivido. Pero no importa, él me impulsó hasta la cima, yo lo guiaré de regreso a casa.