La orden ejecutiva que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, firmó el miércoles para acabar con la separación de familias migrantes no reunirá de manera inmediata a los 2 mil 342 niños que se ya encuentran apartados de sus padres.

Altos funcionarios de la administración de Trump dijeron que la orden no estipulaba que los menores que fueron separados de sus familias se reunirían inmediatamente con ellas, reportó The Washington Post.

Además, un alto funcionario del Departamento de Justicia estadounidense dijo a periodistas que el gobierno de Trump tiene pocos recursos legales para liberar a las familias después de 20 días, a menos que un juez otorgue la exención a un acuerdo judicial de 1997 y fallos posteriores que limiten la detención de niños.

Y una verificación de hechos realizada por el diario estadounidense señala que "la propuesta del gobierno con el decreto es básicamente mantener a los niños en detención migratoria por más tiempo de lo que actualmente se permite".

Los tribunales han dictaminado que el Departamento de Seguridad Nacional debe liberar a los niños migrantes bajo su custodia en un periodo de 20 días. Y deben estar alojados en un entorno lo "menos restrictivo” posible.

La orden ejecutiva de Trump encamina al Departamento de Justicia para que solicite la aprobación de un tribunal con la finalidad de mantener a los niños detenidos por más de 20 días cuando sea necesario.

Pero los tribunales podrían negar la solicitud de Trump, lo que pondría una llave en su plan.

La firma del decreto ocurrió después de un día de reuniones constantes en la Casa Blanca, mientras los abogados del gobierno hacían todo lo posible por producir un documento legalmente sólido para resolver el dilema político de Trump.

El presidente había comenzado a dudar de su estrategia. El martes por la noche, le dijo en privado a los legisladores republicanos que las imágenes de los niños aislados eran un “mal asunto” para el Partido Republicano.

El rumbo del plan Trump no está claro

El miércoles temprano, Trump sorprendió a sus asistentes al pedirles que redactaran una orden ejecutiva que quería firmar antes de partir hacia Minnesota, a pesar de que el viernes anterior había dicho a la prensa que dicha orden no sería posible.

El jefe de gabinete, John Kelly, y el asesor de la Casa Blanca, Donald McGahn, habían rechazado esa medida y Trump había hecho lo mismo en los últimos días; por ello, el asunto provocó un debate entre el presidente y sus asistentes.

Kelly instó a Trump a seguir presionando al Congreso para que aprobara una ley y argumentó que la firma de una orden no resolvería el problema. McGahn cuestionó la legalidad del mecanismo. Sin embargo, muchos asistentes del mandatario, incluidas Ivanka Trump y Kellyanne Conway, consejera de Donald Trump, lo instaron a poner fin a las separaciones de familias migrantes. Finalmente, después de una serie de reuniones, ideas y borradores, McGahn dijo que el producto final podría ser legal.

La naturaleza improvisada del documento fue evidente, pues no aclara la situación de los niños separados de sus padres. La orden ejecutiva no pone fin a la “política de cero tolerancia” del Departamento de Justicia de enjuiciar a todos los adultos que son detenidos ingresando ilegalmente a Estados Unidos, ya sea que crucen la frontera solos o con sus hijos.

El Departamento de Seguridad Nacional reportó el martes que 2 mil 342 niños han sido separados de sus padres desde mayo. El Departamento de Salud y Servicios Humanos indicó que no recibió nuevas órdenes sobre cómo manejarlos.

Por si fuera poco, debido a una gran acumulación de casos de migrantes en la frontera, no hay jueces ni espacio suficientes para albergar a las familias y los fondos son limitados, por lo que sin una acción del Congreso estadounidense, o sin la renuncia de Trump a su “política de cero tolerancia”, estos problemas plantearían una pesadilla logística para el plan del presidente.

Según el texto de The Washington Post, los altos funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional tenían poco o ningún conocimiento de lo que la orden ejecutiva les pediría que hicieran, o cómo alteraría la política que se les ordenó defender públicamente durante las últimas semanas.

El episodio dejó desconcertados a muchos empleados de la Casa Blanca.

“Todos en la Casa Blanca se sienten aliviados con el resultado tal como está”, dijo un alto funcionario, que habló bajo condición de anonimato. “Pero todos estamos completamente confundidos sobre por qué hicimos este ejercicio”.