Algunos eran de tal confianza que guardaban las llaves de la casa de Eric Trump. Conocían tan bien su oficio, que sabían que cuando Donald Trump pedía alitas de pollo, tenían que servirle dos órdenes en un plato.

Pero el 18 de enero, aproximadamente una docena de empleados del Trump National Golf Club en el condado de Westchester, Nueva York, fueron convocados, uno por uno, para hablar con un ejecutivo de recursos humanos.

Durante las reuniones, fueron despedidos porque son inmigrantes indocumentados, según varias entrevistas con los trabajadores y su abogado. Los trabajadores despedidos son de latinoamérica.

Los inesperados despidos —que anteriormente no se denunciaban— se suman a las revelaciones del año pasado sobre los empleos de personas indocumentadas en un club Trump en Nueva Jersey, donde posteriormente se despidió a los empleados. Los despidos muestran que el negocio de Trump dependía de trabajadores indocumentados, incluso cuando el presidente exigía un muro fronterizo para mantener alejados a esos inmigrantes.

La exigencia de fondos por parte de Trump para construir el muro fronterizo llevó al cierre del gobierno que terminó el viernes después de casi 35 días.

En el condado de Westchester, a los trabajadores se les dijo que la compañía de Trump acababa de auditar sus documentos de inmigración, los mismos que habían presentado años antes, y que se habían dado cuenta de que eran falsos.

“Desafortunadamente, esto significa que el club debe terminar su relación laboral con usted hoy”, dijo el ejecutivo de Trump, según una grabación que un trabajador hizo de su despido.

“Comencé a llorar”, dijo Gabriel Sedano, un extrabajador de mantenimiento, originario de México que estaba entre los despedidos. Trabajó en el club desde 2005. “Les dije que debían considerarnos. Trabajé casi 15 años para ellos en este club y le di lo mejor de mí a este trabajo”.

"Empecé a llorar", dijo Gabriel Sedano, un migrante de México que fue despedido del club, donde trabajaba desde 2005.
"Empecé a llorar", dijo Gabriel Sedano, un migrante de México que fue despedido del club, donde trabajaba desde 2005.

“Nunca había hecho nada malo, solo trabajo y trabajo”, agregó. “Dijeron que no tenían ningún comentario que hacer”.

Los despidos masivos en el club de golf de Nueva York, que según los trabajadores acabaron con casi la mitad del personal de invierno del club, son parte de la historia que publicó The New York Times el año pasado donde se mostraba a un trabajador indocumentado en otro club Trump en Bedminster, Nueva Jersey.

Después de ese reportaje, la compañía de Trump despidió a trabajadores indocumentados en el club Bedminster, según los extrabajadores. El presidente Trump aún posee sus negocios, que incluyen 16 campos de golf y 11 hoteles en todo el mundo y ha dado el control diario de los negocios a sus hijos Donald Trump Jr. y Eric Trump.

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En un comunicado enviado por correo electrónico, Eric Trump dijo: “Estamos haciendo un gran esfuerzo para identificar a cualquier empleado que haya entregado documentos falsos y fraudulentos para obtener empleo de manera ilegal. Donde sea identificado, cualquier persona será despedida de inmediato”.

Agregó que es una de las razones por las que “mi padre está luchando muy duro por la reforma migratoria. El sistema está roto”.

Eric Trump no respondió a preguntas específicas sobre cuántos trabajadores indocumentados habían sido despedidos en otras propiedades de Trump y si la compañía había realizado, en el pasado, auditorías similares sobre documentos de inmigración de sus empleados. Tampoco respondió si los ejecutivos sabían con anterioridad que empleaban a trabajadores indocumentados.

Este club de golf Trump no aparece en la lista de participantes del gobierno en el sistema E-Verify, que permite a los empleadores confirmar que sus empleados están en el país legalmente. Eric Trump no respondió si el club se uniría al sistema.

La Casa Blanca tampoco respondió a una solicitud de comentarios enviada el viernes pasado.

Los despidos ponen de relieve una fuerte tensión entre la postura pública de Trump sobre la inmigración y la conducta privada de sus negocios.

“No dijeron absolutamente nada. Nunca dijeron: ‘Su número de seguridad social no está bien’ o ‘Algo está mal’”, dijo Margarita Cruz, una empleada doméstica de México que fue despedida después de ocho años en el club. “Nada. Nada. Hasta ahora.”

En junio de 2016, Trump pronunció un discurso de campaña en el club de Westchester y contó cómo había abrazado a madres y padres cuyos hijos habían sido asesinados por inmigrantes ilegales.

“En cuanto a la política de inmigración, ‘America First’ significa proteger los empleos, los salarios y la seguridad de los trabajadores estadounidenses, ya sean de primera o décima generación”, dijo Trump en su discurso. “No importa quién seas, vamos a proteger tu trabajo porque, déjame decirte, nos están arrebatando los empleos de nuestro país como si fuéramos unos bebés”.

Premio del empleado del mes a un migrante sin documentos que trabajaba en el club de golf de Trump.
Premio del empleado del mes a un migrante sin documentos que trabajaba en el club de golf de Trump.

Para documentar los despidos en el campo de golf, Washington Post habló con 16 trabajadores actuales y anteriores del campo, el cual se ubica en casas lujosas en Briarcliff Manor, Nueva York, unos 45 km al norte de Manhattan. Los reporteros se reunieron con exempleados para entrevistarse durante varias horas en un apartamento en Ossining, Nueva York, una ciudad aledaña que se encuentra al lado, conocida por la prisión estatal de Sing Sing.

Entre esos trabajadores, seis dijeron que habían sido despedidos el 18 de enero. Ellos y su abogado confirmaron los otros despidos.

Otro trabajador dijo que todavía tenía empleo en el club en el momento de la purga a pesar del hecho de que sus papeles eran falsos. Pero su indulto no duró mucho. Su abogado dijo después que había sido despedido esa noche.

Los trabajadores trajeron recibos de sueldo, premios y uniformes para respaldar sus argumentos. Dijeron que iban a hacerlo público porque se sentían hechos a un lado: después de trabajar tanto tiempo para la compañía de Trump, dijeron que fueron despedidos sin previo aviso.

“Tómennos en cuenta”, dijo Cruz, dirigiéndose a Trump y al país.

Las entrevistas fueron organizadas por un abogado, Anibal Romero, que también representa a los trabajadores indocumentados del club de Trump en Bedminster.

La Organización Trump ha mostrado “un patrón y una práctica de contratación de inmigrantes indocumentados, no solo en Nueva Jersey, sino también en Nueva York”, dijo Romero. “Estamos exigiendo una investigación completa y exhaustiva de las autoridades federales”.

Los trabajadores eran en su mayoría de México, más algunos de otros países. La mayoría dijo que cruzaron la frontera sur de los Estados Unidos a pie y luego compraron documentos falsos de inmigración. Muchos compraron los suyos en Queens, Nueva York.

Dijeron que los jefes de la Organización Trump no parecían revisar estos documentos detenidamente cuando fueron contratados.

Edmundo Morocho con su uniforme de empleado en el campo de golf Trump National.
Edmundo Morocho con su uniforme de empleado en el campo de golf Trump National.

Edmundo Morocho, un trabajador de mantenimiento ecuatoriano, dijo que fue contratado alrededor del año 2000 con una tarjeta verde y una tarjeta de seguridad social que dijo que compró en Queens por unos 50 dólares (mil pesos). La tarjeta verde que mostró a The Washington Post dice que expiró en 2002, pero pasó una década antes de que el club Trump le dijera que necesitaba reemplazarla, dijo.

Morocho compró una nueva tarjeta. Tenía una fecha de nacimiento diferente a la primera, pero el club Trump no le hizo preguntas. El Post vio ambas tarjetas y no estaba claro si eran falsificadas o robadas.

“El contador tomó copias y dijo: ‘Está bien, está bien’”, recordó Morocho. “No dijo nada más”. Eric Trump no respondió sobre el proceso del club para revisar los documentos de inmigración de los empleados.

Otro empleado, Jesús Lira, un chef de banquetes de México, dijo que en dos ocasiones en 2008, un contador del club Trump rechazó sus documentos porque eran falsos y le pidió que obtuviera otros mejores.

Uniformes de un empleado que fue despedido / Washington Post / Carolyn Van Houten
Uniformes de un empleado que fue despedido / Washington Post / Carolyn Van Houten

“Ella dijo: ‘No puedo aceptar esto, vuelva y dígales que los hagan mejor’”, recordó Lira. Dijo que regresó a Queens por tercera vez y obtuvo documentos que el club aceptó. Eric Trump tampoco respondió sobre este caso.

The Post habló con dos exgerentes del club sobre las cuentas de los empleados. Uno de ellos, quien habló bajo condición de anonimato, dijo que el club confiaba en su departamento de contabilidad para examinar los documentos de inmigración y que el departamento rechazó a alrededor del 20% de los solicitantes cuando les hicieron preguntas sobre inmigración.

El otro exgerente dijo que la Organización Trump ponía mucho más énfasis en encontrar mano de obra barata que en deshacerse de los trabajadores indocumentados.

“No importaba. No les importaba (el estado migratorio), dijo. “Era, ‘consigue la mano de obra más barata posible’. La fuente agregó que pensaban que las autoridades de inmigración probablemente no apuntarían a los clubes de golf para realizar redadas en masa.

En el club, los trabajadores indocumentados dijeron que les molestaba la certeza de que nunca serían promovidos a la gerencia. Pero muchos tenían buenos recuerdos de las interacciones con los miembros de la familia Trump, que visitaban el club para fiestas y fines de semana.

Sedano, el trabajador de mantenimiento mexicano, dijo que tenía un juego de llaves de una casa que Eric Trump usaba en el campo, porque él era responsable de sacar la basura y hacer las reparaciones.

Sedano recordó haber limpiado las barandillas un día en la entrada principal del club cuando Donald Trump se le acercó.

“Me preguntó cuánto tiempo había trabajado allí. En ese momento, habían pasado unos cinco años”, recordó Sedano. Trump notó el anillo de bodas de Sedano y le entregó 200 dólares (4 mil pesos).

“Dijo: ‘Lleve a su esposa a cenar’", comentó. "Nunca olvidaré eso”.

Alejandro Juárez, originario de México que había trabajado como mesero y corredor de alimentos en el club desde 2007, dijo que Eric Trump lo saludó por su nombre en una fiesta en diciembre.

“Estaba sirviendo entremeses”, recordó Juárez, “y él me dijo: ‘Gracias, Alejandro. Gracias por todo, ¿vale?’”

Este mes, Sedano y Juárez estuvieron entre los despedidos. La esposa de Sedano, ama de llaves en el club Trump, dijo que fue despedida el mismo día.

Los despidos comenzaron a las 10 de la mañana. Cruz, la ama de llaves despedida, sabía lo que venía antes de que ella llegara a trabajar, porque había escuchado a otros empleados que ya habían sido despedidos. Sentía que los trabajadores estaban sentados allí “como corderitos, alineados para el matadero”. Ella presionó el botón “grabar” en su teléfono antes de que comenzaran a disparar.

Deirdre Rosen, una ejecutiva que se identificó como la jefa de recursos humanos de la Organización Trump, comenzó a leer los documentos que tenía enfrente, dijo Margarita Cruz. Un intérprete, escuchando en el altavoz, tradujo sus palabras al español.

Tradujo la declaración de Rosen de que, después de una auditoría de la Organización Trump, el papeleo que Cruz presentó en 2011 “no parece ser genuino”. Luego tradujo la pregunta de Rosen: “¿Actualmente está autorizado para trabajar en los Estados Unidos?”.

“Um, no”, respondió Margarita Cruz.

“No”, tradujo el hombre del teléfono.

Rosen continuó: “Por ley, el club no puede seguir empleando a un individuo sabiendo que el individuo no está o se ha convertido en no autorizado para el empleo”, le dijo Rosen. “Desafortunadamente, esto significa que el club debe terminar su relación laboral con usted hoy”.

Cruz les dijo que era una madre soltera con dos hijos y le preguntó por qué no le habían dado alguna advertencia, para poder buscar otro trabajo.

“La ley dice que en cuanto sepamos que no tiene autorización para continuar con su empleo. Por eso”, dijo Rosen. Cuando Cruz se fue, Rosen dijo: “Que tengas un buen día”.

Rosen no pudo ser contactada para hacer comentarios.

“Solo estamos trabajando. ¿Cómo pueden cobrar nuestros impuestos, cobrarnos esto o aquello y no darnos ningún derecho?” Dijo Cruz. “Cuando toman nuestros impuestos, sí contamos como personas. ¿Por qué no contamos en otras cosas?”

“No existimos”, dijo.

Alice Crites, Tom Hamburger y Philip Bump del Washington Post contribuyeron a este reportaje.