Miles de manifestantes participan este sábado en Estados Unidos en defensa de los derechos de las mujeres y contra el gobierno de Donald Trump, aunque esta tercera edición de la Marcha de las Mujeres está marcada por divisiones ante acusaciones de antisemitismo.

Desde temprano en la mañana, varios centenares de personas se congregaron en torno a la Casa Blanca. Muchos de los participantes llevaban gorros rosa, emblema del movimiento.

Se esperan marchas en otros puntos del país, en particular Nueva York y Los Angeles, en víspera del segundo aniversario de la investidura de Trump.

En 2018, las marchas reunieron a más de 500 mil personas, incentivadas por los movimientos #MeToo y Time’s Up contra el acoso y la violencia sexual.

Para marcar estos “dos años de resistencia a la presidencia de Trump”, los organizadores llamaron a una “ola” de manifestaciones, en momentos en que un número récord (131) de mujeres resultaron elegidas al Congreso en los comicios de medio mandato de noviembre último.

El movimiento “comenzó como una manifestación contra Donald Trump pero ahora es más para que se reconozcan los problemas que enfrentan las mujeres en el mundo”, dijo a la AFP Ann-Carolyn, de 27 años.

En Nueva York, Leah Maguire, de 36 años, dijo que participaba en la marcha “por mis hijos y su futuro”.

"Desde su nacimiento, cada vez es más evidente que estamos condenados si no cambiamos", agregó.

Fisuras por acusaciones de antisemitismo

Para Kelly Rosser, la marcha es en oposición al gobierno de Trump, que “representa tantas cosas contra las que luchamos: la discriminación de las minorías, la política antimigratoria y antirefugiados o la marginación de la comunidad LGBTQ”.

Este año, no obstante, la unidad del movimiento sufrió fisuras tras acusaciones de antisemitismo contra varios de sus responsables.

Tamika Mallory, una de las co-presidentas de la marcha, participó en un mitin del líder del movimiento “Nación de Islam”, Louis Farrakhan, de posiciones antisemitas.

La militante palestino-estadounidense Linda Sarsour, otras de las co-presidentas de la organización, rechazó las acusaciones al asegurar que el propósito del movimiento es “combatir el fanatismo y la discriminación en todas sus formas, incluyendo la homofobia y el antisemitismo”.

Pero las diferencias llevaron a varias mujeres a unirse a “March On”, una organización paralela, que este sábado marchaba por separado.

“Me parte el corazón”, dijo Ann-Carolyn, quien agregó que no compartía “los valores de las fundadoras” de la marcha.

Para Nikki Leger, una neoyorquina de 63 años, las divisiones son inevitables en un movimiento tan amplio y lamenta que las diferencias “den pasto a la derecha”.

En Nueva York, la integrante del ala izquierda del Partido Demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez, tiene previsto hablar en ambas manifestaciones para dar una señal de unidad.

“Resistencia judía”, una organización de judíos progresistas, participa en la Marcha de las Mujeres de Nueva York, para rechazar las acusaciones de antisemitismo.

“Es una forma de mostrar que queremos un movimiento fuerte y unido”, aseguró Beth Miller, del grupo Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz).