Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 y murió el 14 de abril de 1986, pero sus pensamientos que sentaron bases en el feminismo y encendieron la lucha por los derechos de las mujeres son tan actuales que aún hoy lucen avanzados para el mundo en el que vivimos.

Un claro ejemplo es su texto al que tituló Las 343 sinvergüenzas, el cual fue publicado en Le Nouvel Observateur el 5 de abril de 1971 y recoge un manifiesto por el aborto legal; este fue firmado por 343 mujeres que habían interrumpido su embarazo. Por la época, puede imaginarse el escándalo que fue, de ahí que las llamaran "sinvergüenzas”.

El punto de luz de tal protesta fue que en 1975, la denominada Ley Veil, en referencia a la ministra de Salud del gobierno de Giscard d’Estaing, permitió en Francia el aborto legal y gratuito.

Y aunque este país europeo ya goza de ese derecho, en México y muchos otros países aún no es una realidad nacional, de ahí que recordar la forma de pensar de Simone de Beauvoir sea tan refrescante y empoderador aún en estos días.

Aquí 10 puntos del manifiesto que cualquier feminista aplaudiría de pie.

1. Aborto, un bandera feminista

Esta palabra (aborto) expresaría y limitaría, de una vez por todas, la esencia del combate feminista. Ser feminista es luchar por el derecho al aborto libre y gratuito.

2. El aborto, un tema exclusivamente femenino

Al parecer este asunto sería una cosa de mujeres. Al igual que la cocina y los pañales, es decir algo sucio por definición. Luchar por el aborto libre y gratuito pareciera ser, además, una cosa tan irrisoria y mezquina…Porque siempre debe haber un olor a hospital, a cocina, o a caca detrás de las mujeres.

3. Mi cuerpo, mi decisión

A diferencia de los otros seres humanos, nosotras no tenemos el derecho a disponer de nuestro cuerpo. Sin embargo, el vientre es nuestro. El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental.

4. El cuerpo esclavizado

De frente a la Historia nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna, como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado solo los esclavos han conocido.

5. Sentir orgullo por el cuerpo

El aborto libre y gratuito significa: cesar en el acto de avergonzarse de su cuerpo, poder por fin sentirse libre y orgullosa de él (al igual de todos aquellos que tienen un buen un empleo). Dejar de sentirse avergonzada por el hecho de ser mujer.

6. El estigma por querer abortar

Un ego desmenuzado, desperdigado, hecho añicos: esta es la impresión íntima que resiente una mujer cuando debe hacerse un aborto clandestino.

7. Ser siempre una misma

No sentir más el miedo a ser ‘tomada’, a ser aprisionada en una trampa. A sentirse desdoblada, impotente, con esa especie de tumor incrustado en nuestro ser. La idea de librar este combate me estimula. Si lo gano, a partir de ese momento comenzaré a sentirme dueña de mí misma. Y no del Estado, de una familia, o de un niño que no deseo.

8. Tres puntos sobre ser madres por elección

1) Yo haré un niño, si tal es mi deseo y no sufro ninguna presión moral. Ninguna institución, o imperativos de orden económico, deberían obligarme a hacerlo. Esta prerrogativa constituye mi poder político. Al igual que otros agentes productores, yo puedo, si la situación lo exige, presionar a la sociedad con mi producción (huelga de nacimientos).

2) Yo haré un niño si considero que la sociedad, en la cual nacerá, me conviene. Y si esta misma sociedad no hace de mí una esclava de este niño, su nodriza, su sirvienta, su “cabeza de Turco”.

3) Yo asumiré la responsabilidad de concebir un niño si este es mi deseo, y si esta sociedad me conviene a mí como a él. Es decir una sociedad sin riesgos de guerras y sin trabajo esclavizador.

9. No a la libertad vigilada

El aborto terapéutico exige una “buena “razón para obtener el “permiso” de abortar. Esto significa que debemos merecer el derecho de no tener niños. Al igual que antes seguimos siendo desposeídas de nuestro derecho a dar la vida o no.

10. Hacer lo que queramos con nuestro cuerpo

El uso de nuestro cuerpo no debe ser reglamentado en absoluto. Nunca aceptaremos excepciones; restos de lo que los otros seres humanos disfrutan desde su nacimiento: la libertad de hacer uso de su cuerpo a su antojo.

Si quieres leer completo Las 343 sinvergüenzas, de Simone Beauvoir, puedes hacerlo aquí.