“No fue mi vestimenta, ni mi manera de caminar, ni mi maquillaje o calzado”, dice Siomara. “No puedo describirles la sensación de no poder decir nada o correr por no saber qué te harán", cuenta también Eunice, ambas son jóvenes que transitan por la Ciudad de México y decidieron compartir en Facebook a detalle la historia de cómo hombres intentaron secuestrarlas.

Ambas publicaciones se han compartido miles de veces (la primera más de 14 mil y la segunda más de 7 mil); el temor es real y palpable, pues un problema de seguridad cada vez más contado en las redes sociales. Sin embargo, aún es una cifra negra tanto en la capital como en todo el país.

Según datos de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en 2017 se levantaron solo 40 carpetas de investigación por secuestro, tanto de hombres como de mujeres, mientras que en 2018, solo 35 casos. En una ciudad con más de 9 millones de habitantes, y que tiene una zona metropolitana de más de 21 millones, se pueden leer muchas más historias de secuestros al año en las redes sociales que estas cifras.

Siomara

“Mi rumbo era directo al metro Coyoacán, caminaba sobre Av. Coyoacán para dar vuelta en la calle Martín Mendalde. Un chico a mis espaldas me hablaba (cabello negro, tez morena, como de 1.70 mts, un poco llenito, de sudadera gris y jeans azules) y aceleró su paso cuando, creo yo, sintió que estaba comenzando a incomodarme. De reojo ví cómo llamaba por teléfono y en voz alta dijo “POR ESTA NOS VAN A DAR BUEN BILLETE”. Sentí esa clase de miedo que te paraliza y te deja atónita. No tenía a dónde meterme, solo me quedaba correr para dar la vuelta en la siguiente calle”, cuenta Siomara en una confesión abierta en su Facebook.

En su relato describe cómo después de comenzar a caminar más rápido, un segundo hombre con el rostro cubierto ya la esperaba en la esquina. Este la tomó tan fuerte del brazo que le dejó moretones. Ella comenzó a gritar hasta que un policía de uno de los edificios cercanos salió en su auxilio.

Aunque el hombre encapuchado alegaba que era su novia, el policía no le creyó. Siomara ya iba a ser encaminada hacia las puertas abiertas de una camioneta blanca, tipo van. “No tenía placas, estaba en mal estado. Dentro, habían dos tipos más. Yo comencé a gritar aun más y mirando hacia atrás, no sé en qué momento el otro sujeto desapareció. No había nadie que pudiese ayudarme. Así que solo nos encontrábamos él y yo”.

Al final el policía logró ahuyentar al hombre que se subió a la camioneta y se marchó, así frustró lo que parecía un secuestro.

“El guardia se apresuró a ayudarme a parar del piso y yo me solté a llorar. Enseguida llegó su compañero preguntando qué había pasado. Me llevaron hacia el edificio de donde salieron y ya ahí me contaron que justo había pasado lo mismo hace una semana con otra chica. Ya tienen identificados a los sujetos, pero como siempre y pareciera tradición, la autoridad no hace nada”, concluye Siomara, quien pretende que su historia sirva para alertar a las mujeres de cómo operan estos posibles secuestradores y también a las autoridades, para que haya más delitos.

La gente que me conoce sabe que no tengo automóvil para trasladarme y que la profesión que ejerzo, implica moverme por...

Posted by Siomara Cox on Monday, January 28, 2019

La publicación está acompañada de fotografías que muestran las heridas que le hicieron en el que pareció ser un intento de secuestro.

De verdad, pongamos atención a esta clase de alerta, nos están desapareciendo poco a poco. No fue mi vestimenta, ni mi manera de caminar, ni mi maquillaje o calzado.

—Siomara

Eunice

Otro testimonio similar fue difundido hoy por Eunice, quien tuvo un episodio aterrador dentro del metro de CDMX, en la estación Boulevard puerto aéreo.

“Estaba esperando a que llegara el metro y un joven de entre 20 y 25 años se me acercó muchísimo y sentí que recargó algo en mi costilla (no estoy segura si era un cuchillo o una pistola), al principio creí que me iba a asaltar, pero me dijo: ‘Vas a salir conmigo y verás una camioneta blanca, te vas a subir y si alguien te dice algo dices que es tu Uber’. Me quedé paralizada y comenzó a darme un ataque de ansiedad, por lo que empecé a llorar y una señora me dijo: ¿Estás bien?, no pude contestarle y se dio cuenta de lo que estaba pasando que empezó a gritar: ‘Fuego, fuego’. Y la gente empezó a vernos y un policía se acercó; fue así como el joven me soltó y se dio a la fuga”, cuenta Eunice.

Pues ahora me tocó a mi. Hace un rato me encontraba en la estación del metro Boulevard puerto aéreo, estaba esperando...

Posted by Eunice Alonso on Tuesday, January 29, 2019

Las secuelas de una experiencia así

La usuaria @Fanysitaa, cuyo hilo sobre un intento de secuestro se hizo viral en febrero de 2018, explicó a mexico.com cómo es que cambia la vida de una mujer luego de vivir una experiencia así.

—¿Cómo ha cambiado después de la experiencia que tuviste?

Cambio todo en mi vida, TODO. Mi vida personal, profesional, familiar, social, en salud. Fue un giro drástico para mí en todo. Desde que pasó esto yo ya no puedo salir sola a ningún lado, y hasta cuando estoy acompañada. No puedo estar después de las 6:00 pm en la calle, tengo miedo de todo, me diagnosticaron con depresión y ansiedad y estoy en tratamiento psiquiátrico desde entonces. Dejé de ir a clases en la escuela que me daban después de las 4:00 pm, para regresar con luz de día a mi casa. La verdad fue la cosa más horrible que me pasó en la vida

—¿Sientes que sirvió de algo dar tu testimonio?

Justo hoy tuve cita con el psicólogo y justo le hablé de que sentía que no había servido de nada todo lo que he pasado, lo he dicho, sufrido, porque la vida sigue. Con o sin nosotras, la vida sigue. Pero también es injusto que haber pasado por este tipo de violencia sistemática contra nosotras, nos hace acreedoras de una responsabilidad que en realidad no tenemos. Esperaría que esto que me pasó —y exponer que fui víctima de acoso y de dolor—, haya servido de algo, y si sirvió está bien, pero creo que ni yo ni las otras mujeres víctimas les debemos al mundo “algo”, el mundo nos lo debe a nosotras, porque jamás nos debió haber pasado esto.

—¿Qué podemos hacer las mujeres para cuidarnos?

Pasa que sentimos que tenemos la obligación de arreglar el mundo, es parte de encontrarle un propósito a una situación horrible y también, creo, es un tipo de socialización femenina. Creo que la frustración de saber que no somos las últimas, nos agüita más, y no es justo.