No necesitas ser humano para triunfar en Instagram.

En esta red 100% pet friendly, es común que las mascotas compartan su día a día, se sigan entre sí e intercambien Me Gusta.

Al menos eso es lo que nos contaron los dueños de los perros Óscar, Yoda, Ophelia y Marthina, y la cerdita Chata.

Cada animal tiene una historia propia y todos han llegado a la vida de sus familias para transformarla, e incluso algunos aprovechan el alcance de sus mensajes para ayudar a su comunidad.

Él es @oscarelboxer

Cristina, Benjamín y Thiago son la familia de Oscar, un boxer que llegó a la vida de Cristina cuando lo recibió como un regalo cuando estaba viviendo en Argentina “nunca pensé que me fuera a cambiar la vida en la manera que lo hizo”.

La dueña de @oscarelboxer —que tiene este hombre por referencia al boxeador Oscar de la Hoya— trabajaba en línea, por lo que siempre estaba con él “y se convirtió en mi animal de apoyo emocional. Empecé a cambiar los lugares cerrados para ir a lugares abiertos para poder llevarlo”.

Muchísima gente conoce a Oscar por su conmovedora historia: Cristina regresaría a México con su esposo Benjamín, pero era muy complicado subir a Oscar en la bodega de un avión por la condición física que dificulta la respiración de los perros de su especie, por lo que debía viajar en avión de cargo, lo cual les costaba “entre 4 y 5 mil dólares”. Grabaron un video que se viralizó.

Oscar pudo viajar a México gracias al apoyo de la gente que conoció su historia y actualmente vive en Piedras Negras, Coahuila. Su dueña dice que “le gusta ser parte de la familia. Cuando tuve a mi bebé entró a la habitación y ahora a todos los gusta verlo con su hermano humano, Thiago, que es muy tierno”.

Sobre el hecho de tener un perro famoso, Cristina dice que “el cariño que uno les tiene a los perros te hace querer compartirlo”.

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Él es @thecorgiyodais

En la temporada del Mundial de Rusia 2018, se viralizó la triste historia de un perro que se comió el álbum Panini de su dueña, tal era la desgracia que llegó a oídos de la gente de la marca, cuyos representantes le repusieron el álbum y las estampas que con tanto trabajo —e intercambios— habían llenado las páginas que este travieso lomito se comió.

Su nombre es Yoda y es el corgi de Cristina y Alejandra, quienes buscaron un perro de esta especie por casi dos años, hasta que encontraron un criadero en Veracruz. “Nos lo dieron en abril y tenía tres meses, le pusimos Yoda por enano y orejón", nos cuenta Alejandra.

Yoda es un perro travieso, tanto que “se encariñó muy rápido con los muebles y se los comió, así fue como se comió el álbum cuando tenía cinco meses. Le estaban saliendo los dientes y buscaba con cualquier cosa para rascarse, así se encontró las patas de la mesa, el sillón, el álbum...” agregando que tiene un gusto especial por el papel.

Alejandra considera que “los perritos al ser tan tiernos sí te dan un alivio en el día, además no sabes qué vas a encontrar, los animales son impredecibles”. Crearon @thecorgiyodais en Instagram para compartir la ternura de su mascota con el mundo y no solo con sus amigos.

Ellas son @ophelia_and_marthina_

Ophelia y Marthina son las perritas de Esther, quien desde 2015 adoptó un boxer francés que estaba en Tulum y buscaba una familia. “Una amiga me avisó que una perrita estaba buscando una familia entonces hicimos el traspaso, la pusimos en un avión y la fui a recoger al aeropuerto”. Así fue como Ophelia llegó a su vida, mientras que Marthina se unió al clan “en febrero de este año. Un amigo me dijo que si quería una pug y yo muy casual le dije que sí y me la dieron”.

Esther dice que creó la cuenta de Instagram de Ophelia porque cuando llegó a su vida “le tomaba fotos cada tres minutos y se las mandaba a todo mundo. Tenía tantas fotos que decidí crear una cuenta para subirlas, cuando llegó Marthina —que es un perro demasiado hermoso— y empecé a subir las fotos porque tener otra cuenta era demasiado”.

Los seguidoras de estas perritas son otros animales de Estados Unidos y de Brasil, luego de varios meses de convivencia ya entendieron que cada una tiene sus cosas, pero Esther comenta que como “Marthina es un bebé y tiene demasiada energía entonces no entendía que no se podía dormir arriba de Ophelia o que no le podía perseguir su colita, cuando la veía la perseguía”.

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Ella es @lachatapig

Ángel es el dueño de un personaje de la colonia Roma: La Chata, un cerdo negro que muchos hemos visto pasear por las calles del barrio en CDMX. Cuando @lachatapig llegó a la vida de Ángel como un regalo que él no pidió “le conté a mi novia de un jeque en Arabia Saudita que tenía cerdos de mascota. Me preguntó que si me gustaría uno y yo no le contesté. A mi siguiente cumpleaños llegó La Chata a mi vida, yo en realidad quería un galgo. Yo no quería a un cerdo porque es un animal de granja y no tenía las condiciones para vivir con ella”.

Le pidió a su novia que se la llevara pero la cerdita terminó conquistándolo aunque vivir juntos no ha sido tan fácil. “Cuando recibí a Chata tenía 30 días de nacida, era del tamaño de mi zapato, tenemos cuatro años 8 meses, casi cinco años viviendo juntos. El primer problema que nos topamos fueron las burlas de la gente: nos gritaban chicharrón con patas o tocino ambulante, ha sido una gran aventura. Conforme ha crecido Chata han crecido las responsabilidades y los problemas”, uno de ellos que vivían en un departamento en un cuarto piso sin elevador.

La popularidad de la cerdita la llevó a tener sus perfiles en redes sociales y a un camino de apoyo a otras personas. En uno de los paseos de la puerquita, un niño se acercó a ella para platicar durante un largo rato. “era un niño con cáncer y me dijo que se identificaba con Chata porque era alguien como él, porque era diferente y lo trataban distinto. Se hicieron amigos y empezamos a ir a visitar a más gente con cáncer, trabajamos con ellos, con niños violentados o que están pasando por una situación vulnerable”.

A pesar de que Ángel terminó acostumbrándose a Chata, no recomienda tener cerdos en casa porque “son muy inteligentes” y considera que “mucha gente abusa de la ingenuidad de las personas” al vendérselos con mentiras como que siempre serán pequeñitos.