Han pasado dos años desde que se encontraron por Tinder. Se conocieron como mujer bisexual y mujer lesbiana, pero ahora son una pareja simplemente queer. Jan ha hecho carrera en la industria editorial, pero su vida la ha llevado a hacer activismo por la comunidad LGBT y en especial a plantearse el género binario.

Cuando conoció a Susana, Jan se extrañó de haber hecho clic tan rápidamente. Esa química que sintió era especial, pues “con las lesbianas no me llevo bien, nunca he tenido muy buena vibra porque dicen que yo soy un agente doble”, cuenta.

La 40 marcha del orgullo LGBT+ en Ciudad de México es el escenario donde Susana se presenta por primera vez como Gustavo. Y Jan como pareja de un hombre. “Si hace dos años me hubieran dicho que esto sucedería, me habría reído”, dice Jan, al mismo tiempo que suelta una carcajada.

La trama de La chica danesa puso en el mapa de la cultura popular ese proceso de transición de género cuando se está en pareja. Tanto la versión película de Tom Hooper como la novela homónima de David Ebershoff, retratan la vida de la pintora Lili Elbe, la primera mujer transgénero en someterse a una cirugía de reasignación de sexo, pero también nos presenta a la retratista Gerda Wegener, esposa del entonces Einar Wegener.

Más apegada a nuestra época y a nuestra realidad como mexicanos, existen también estas historias que aún son poco visibles. Jan nos cuenta la suya pese a lo difícil que ha sido para ella y su pareja, también nos narra los detalles divertidos y lo mucho que ha aprendido —de Gus y sí misma— en esta su nueva faceta.

En voz de Jan

Yo me defino como una mujer bisexual; mi orientación sexual es algo muy fijo y así ha sido por más de dos décadas. No es el mismo caso de mi pareja. Hace un año en la UNAM se ofrecieron charlas de visibilización para las personas trans y de género no binario. Me empeñé en que Susana fuera a escucharlas, porque hay cosas que se sienten, se intuyen, y sabía que ella encontraría reveladores esos testimonios.

Hasta ese punto ella se definía como lesbiana pero no era del tipo “butch” súper masculina; algo me decía que nunca había estado entre personas de género no binario como para saber que esa era su gente.

Habíamos tenido pláticas al respecto, de hecho, me contó que tenía sueños recurrentes donde se veía a sí misma como hombre y me preguntaba “¿a ti también te ha pasado?”, pero no, no era mi caso. También me confesó de diversas ocasiones durante su infancia, adolescencia y adultez donde se había sentido extraña en su cuerpo, ajena de tener experiencias femeninas; eso, aprendimos, son signos de disforia (trastorno de identidad de género). Después, algunas veces, en momentos de fiesta o como juego, comenzamos a hablarnos en masculino, donde yo le decía “estás borracho” o “mi gordito”.

En este punto, ya no era una sospecha sino una certeza: ella no era lesbiana, jamás lo fue. Su realidad era otra mucho más compleja.

Jan y Gus en la 40 marcha del orgullo LGBT+
Jan y Gus en la 40 marcha del orgullo LGBT+

Cambio social y físico

La muerte de mi madre nos unió más a las dos y también a mí con su familia. Logramos tal grado de cariño y confianza que empezó a plantearse hacer ciertos cambios de manera física y social.

Buscó alejarse de cosas estereotípicamente femeninas y comenzar a utilizar pronombres en masculino. Hacer un cambio del tipo social, pues. El cambio físico también se está dando de forma paulatina. Se cortó el pelo (algo que suele ser muy importante para personas con identidad de género diferente a la asignada al nacer), usa ropa sin marcajes obvios femeninos o masculinos, y está en el punto de plantearse más cambios físicos para alinear su cuerpo y realidad con la persona que realmente es.

Aparentemente fueron modificaciones simples a la vista, aunque tienen un punto más profundo. Él me dijo que ese corte de pelo es el que siempre había querido tener, pero que no se había atrevido a portar; y que esa era la ropa que siempre había querido usar, pero no se animaba a ponerse de forma exclusiva.

En la comunidad LGBT+, las personas que descubren que tienen una identidad de género diferente o comienzan una transición suelen verse enfrentadas a la soledad, porque esto provoca situaciones que para sus parejas son demasiado complejas de enfrentar.

Tengo una amiga que se casó en matrimonio heterosexual, pero cuando declaró su intención de transicionar, su pareja terminó con la relación y se divorciaron. En su caso no hubo una intención de acompañamiento y eso es algo muy destructivo para la comunidad trans y de género no binario, porque no solo se tiene que tomar una decisión muy difícil sobre quién eres, sino cómo la gente a tu alrededor va a relacionarse contigo a todos los niveles.

Toda la gente que nos conoce dice que él cayó en blandito porque soy bisexual, simplemente porque amo a la persona, y esto no tiene relación al género con el que se identifica.

Esta marcha LGBT+ 2018 fue la primera donde Jan y Gus ondearon la bandera trans
Esta marcha LGBT+ 2018 fue la primera donde Jan y Gus ondearon la bandera trans

La vida ni en rosa ni en azul

Hemos tenido que adoptar una dinámica distinta. No solo se trata de un cambio de pronombres o ropa, sino de modificar nuestros roles como pareja. Algunas veces es extraño pensar en él como alguien en constante cambio y que todavía no tiene todas las certezas necesarias para definirse, si es que alguna vez decide hacerlo. Dice que no tiene intención de ser “un hombre” y eso me reconforta. Lo decimos en broma, pero es curioso que yo, tan queer, y que jamás quise una relación hetero, estoy casi en una que podría verse así. Como bisexual, se me define por la persona con la que estoy, lamentablemente.

Él se está convirtiendo en otra persona, una rica y más auténtica. La mujer con la que yo estaba —que nunca lo fue del todo— se está transformando en un hombre —que nunca lo va a ser del todo. Es estar en una constante área gris.

Ser hombre es tan restrictivo como ser mujer. Nos hemos dado cuenta de que el rol de hombre, culturalmente incluye actitudes más “agresivas” o “duras” con las que tampoco se identifica al cien por ciento. La realidad es que no sabemos ser “algo”, todo lo imitamos. Mis amigas trans se han dado cuenta de que ser mujeres tampoco es fácil, ya que no las socializaron para ello. Incluso las cosas menos agradables, como sentirse vulneradas, o cosas que hacemos por seguridad, como avisar cuando llegamos bien a casa, les son ajenas.

"Su camiseta dice 'My body. My rules', el mensaje es que en identidad y cuerpo, cada uno decide"
"Su camiseta dice 'My body. My rules', el mensaje es que en identidad y cuerpo, cada uno decide"

Una redefinición de identidad de género implica ver a la persona que quieres evaporándose frente a tus ojos. Y el resultado puede ser o no compatible con quién eres y lo que deseas. He tenido suerte porque yo me enamoro de la persona, no del género, pero personas totalmente heterosexuales, enfrentadas a situaciones como esta, pueden decidir no estar en parejas que no las llenan o les causan conflicto, según sea el caso.


A mí no me importa lo que vayan a decir los demás. Pero no por eso ignoro que este cambio puede significar rechazo, discriminación, inseguridad, e incluso problemas familiares.

Mi pareja tiene una sobrina de cuatro años que toda la vida ha visto a su tía como tío. Es una niña que no sabe nada, pero sabe todo al mismo tiempo. Entonces, para hablar de este tema con la familia, ella ha sido un vehículo para llegar a un entendimiento.

Escenarios habituales cuando alguien en una pareja transiciona

• El choque inicial es de rechazo y sentirse traicionada, porque son noticias fuertes y muchas veces inesperadas.

• La pareja no siempre tiene todas las respuestas a las preguntas que una nueva identidad de género ocasiona, no sabe lo que está pasando en su cuerpo y en su mente.

• Una vez que lo comprendes, es fácil entender quién necesita más apoyo. El enojo inicial rescinde y pierde relevancia.

• Es válido preguntarse ¿por qué decidiste salir de ese clóset conmigo? A veces tiene que ver o no con la pareja con quien se esté, pero no es universal. Hay algunas que logran transitar juntas estas dinámicas, y otras que se separan antes de que eso ocurra.

Su presente

Hay muchas preguntas cuyas respuestas ni él mismo tiene y que hace dos años, cuando nos conocimos, no existían. También hay certezas que surgen cada día.

Ambos tuvimos la fortuna de encontraros. Al estar conmigo le fue más fácil enfrentar la posibilidad de no definirse según un género, y pienso que de no habernos conocido, tal vez no lo habría hecho nunca. Anteriormente intentó comportarse más femenina para encajar, pero nunca lo sintió natural. En nuestra relación, el género definido jamás ha sido una condición; entendemos que es fluido y puede cambiar, no es un contrato firmado.

Este pride lo vamos a ser una pareja muy especial: una persona de género no binario y yo, una mujer cis que lo adora.

Tenemos una tradición para cada marcha de hacer camisetas, esta en especial es la primera donde nos uniremos a los contingentes trans y genderqueer, como también se le conoce a la identidad de género no binario. Su camiseta dice “My body. My rules”, el mensaje es que en identidad y cuerpo, cada uno decide. Después de este sábado habrá más colores en nuestras vidas.

Ha sido divertido jugar con estos roles de género; cuando me trae flores le digo que es “mi dueño”, o les cuento a amigos que “mi marido me llevó a cenar”. Es un juego para paliar esta nueva realidad y burlarnos de los roles rígidos y marcados que se viven en relaciones heterosexuales.

Es una situación que muchas parejas jamás se proponen vivir. Pero yo tengo una oportunidad súper valiosa al tener a mi lado a una persona de la que puedo enamorarme más de una vez.

*Si te identificas con el caso de Jan y Gustavo, no dudes en buscar apoyo. En Centro Cultural Border, en Horizontal o La Gozadera existen charlas y terapias de acompañamiento que ayudan a las personas y parejas a entender estos cambios.