Hace 55 años que el Nobel de Física no lo obtenía una mujer. La última en conseguirlo fue Maria Goeppert-Mayer, en 1963, por su propuesta del modelo de capas del núcleo de los átomos. Antes de ella, la primera ganadora fue la polaca Marie Curie en 1903 por sus aportaciones a la investigación de la radiación. En 2018, la científica canadiense Donna Strickland lo consiguió por sus estudios y logros en el campo de los láser. De hecho, el premio señala el primer artículo científico publicado por Strickland en su carrera académica.

Strickland nació en Guelph, Canadá, en mayo de 1957, y es profesora asistente en la Universidad de Waterloo. La física comparte el Nobel con los científicos Arthur Ashkin, de los Laboratorios Bell en Estados Unidos, y Gérard Mourou, de la Escuela Politécnica de Francia. El trabajo de Strickland y Mourou “pavimentó el camino para conseguir las pulsaciones láser más cortas e intensas creadas por el ser humano”.

En una entrevista para el sitio web del Premio Nobel, Strickland aseguró que su primera reacción fue pensar que alguien le estaba jugando una broma cruel. A la pregunta de qué opina sobre el hecho de ser la tercera mujer en recibir el premio, Strickland tuvo esta reflexión: “No sé cómo responder porque no soy una de esas mujeres que miran estos premios y se preguntan por qué no reconocen a más mujeres, pero sé que mucha gente sí lo ve así”.

Sexismo en las ciencias y la academia

De acuerdo con un estudio publicado a principios de 2018 por el Pew Research Center, hay una importante presencia de sexismo en el área STEM (siglas en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Según este estudio, la mitad de las mujeres con puestos profesionales en estas áreas aseguran haber experimentado discriminación por su género en el trabajo.

La misma Marie Curie, en 1903, estuvo a punto de no ser considerada para su primer Nobel (ganó uno de Química en 1911) por ser mujer. El comité del Nobel únicamente había considerado a Pierre Curie (su esposo) y a Henri Becquerel para el premio, pues la Academia Francesa de Ciencias solo los nominó a ellos. Fue la intervención del matemático Magnus Goesta Mittag-Leffler la que obligó al comité a reconocer el trabajo de Curie en su momento.

115 años después de que Curie casi fuera ignorada por el Nobel (como sí le pasó a la astrofísica Lise Meitner), Strickland reforzó la importancia de que mujeres como la polaca y Goeppert-Mayer hayan abierto brecha para las mujeres en la ciencia. “Goeppert-Mayer ni siquiera tuvo un empleo remunerado por mucho tiempo… ¿cómo pudieron pasar 20 años en su vida desde que hizo sus primeros descubrimientos relevantes hasta que se le reconoció por ello? Pero creo que los tiempos han cambiado”.

“Necesitamos celebrar a las mujeres físicas, porque están ahí afuera… me honra ser una de esas mujeres”, aseguró.