Juan García tiene 23 años, vive al oriente de Ciudad de México y ha tenido al menos siete trabajos temporales de todo tipo, como vendedor o ayudante general. Él ha querido tener un puesto más formal, como auxiliar administrativo o capturista, sin embargo, en esos lugares le han dicho que carece de experiencia o inclusive le han negado el trabajo por no ser religioso.

“Por mi vestimenta nunca me han dicho nada, pero por experiencia sí. En esos casos donde piden experiencia te lo dicen luego luego y sales por tus propios pies”, cuenta Juan, quien hace dos años dejó la prepa abierta, aunque dice que la terminará porque le gustaría estudiar diseño gráfico.

Una vez me pasó que por no ser alguien religioso o considerarme católico ya ni siquiera me entrevistaron”, narra García, quien considera que es frecuente que los empleadores desconfíen de los jóvenes.

Alex Loria, de 25 años, egresó de la carrera de comunicación de la Universidad Iberoamericana en diciembre pasado, pero hasta el momento no ha logrado conseguir un trabajo, mientras tanto solventa sus gastos con algunas tareas como freelancer.

“Me acuerdo que había una vacante de cuentas junior en una agencia de publicidad y pedían que tuvieras menos de 25 años, carrera ya cursada y tres años de experiencia. Entonces si haces las cuentas no sale. Como tal no te dicen por qué no te contratan, pero ponen demasiado requisitos”, dice Loria.

Tanto Juan como Alex solo buscan una oportunidad en el mundo laboral, pero el panorama no es alentador. Poco más del 60% de la población adulta que participó en la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 considera que “la mayoría de las y los jóvenes son irresponsables”, un prejuicio que dificulta que este sector de la población obtenga un puesto de trabajo, un ascenso, algún crédito de vivienda, un préstamo o una tarjeta.

El documento dado a conocer por el INEGI, el Conapred, la UNAM y la CNDH refiere que 16.3% de adolescentes y jóvenes —de entre 12 y 29 años— percibieron haber sido discriminados ya sea en la escuela, el trabajo, servicios médicos, oficinas de gobierno, centro comercial, banco, calle, transporte público o redes sociales.

Además de los prejuicios, los jóvenes respondieron que enfrentan diversas problemáticas: falta de empleo (14%), falta de oportunidades para seguir estudiando (20.5%) y adicciones como el alcohol, tabaco o drogas (33.9%).

La encuesta agrega que “uno de los factores que incrementan el riesgo de sufrir discriminación es la pertenencia a un grupo sobre el que existan prejuicios y actitudes negativas reiteradas en el conjunto de la sociedad”.

Tanto influyen los prejuicios que 38% de las personas entrevistadas respondieron que no rentarían un cuarto a una persona simplemente por el hecho de ser joven.

La mayoría de los jóvenes que no estudia y no trabaja considera que la población los percibe como “flojos”. Esta autopercepción se mantiene a pesar de que el Conapred ha informado que “una persona joven con poca o nula educación, con escasas oportunidades de acceder a empleos o con sus derechos políticos constantemente obstaculizados enfrentará dificultades para entender la vida social e integrarse en ella porque se sentirá desde el principio marginada, rechazada o incluso criminalizada sin razón”.

Ejemplo de ello es un video del conferencista mexicano Arturo Villegas, quien se define como experto en gestión laboral y asegura que los jóvenes sin estudio y sin trabajo están en esa situación porque son irresponsables.

“(Los ‘ninis’) dicen que no hay trabajos de gerente para mí, y de entrada lo que estamos provocando los malos padres es que estos hijos irresponsables (estén en) esas condiciones (...) si mi papá me agarra en ese momento y me lleva arrastrando a la primera construcción de albañil, te prometo que a los dos días de trabajar de albañil te dan un chingo de ganas de estudiar y bien decían los abuelos: ‘pesa menos un lápiz que una pala’”, dice el conferencista en el video que ha alcanzado más de 20 millones de reproducciones en Facebook.

Recién egresado de la Ibero, Alex Loria dice que en gran medida los prejuicios se dan porque los empleadores aún no han entendido las dinámicas de las nuevas generaciones, pues en muchos casos los jóvenes no necesariamente quieren hacer carrera dentro de una sola empresa.

“Yo no sé si no nos den trabajo por considerarnos irresponsables, lo que creo es que nuestra generación es vista como que quiere todo inmediato. O sea, que quieres un trabajo muy bueno al salir de la escuela, quieres ganar muy bien y si no te gusta el puesto pues te sales. Creo que lo que la empresa quiere es que la inversión que haga en un trabajador sea redituable y que no te vayas al mes porque no te gustó. Pero también creo que se trata de una brecha generacional: quien está contratando quizá acabó su carrera en 2002 y él sí vivió esa parte de crecer dentro de una empresa y buscarse su lugar, pero los millennials no, somos más independientes”, dice Alex.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 agrega que en Michoacán, Guerrero, Sinaloa, Nayarit y Colima son los estados donde hasta el 64.5% de la población considera que los jóvenes son irresponsables. La información obtenida con este trabajo “contribuirá al diseño de políticas públicas orientadas al fomento de una sociedad más igualitaria y libre de discriminación”, dice el documento de la encuesta.