Su vida se convirtió en un infierno porque salió una noche vestido de mujer. Maltratado por la policía y denigrado en las redes sociales, Chafik Lafrid quiere irse de su país, Marruecos, donde la homosexualidad es delito y se considera una vergüenza.

“Tenía de Marruecos la imagen de un país que respeta la diferencia. Pero lo que ha pasado me ha hecho cambiar de opinión”, lamenta este agente administrativo de 33 años, que se reivindica homosexual pero que hasta ahora había vivido su orientación sexual discretamente.

La escena humillante, que tuvo lugar en Nochevieja, fue vista millones de veces en internet. En ella se ve a un hombre esposado que camina descalzo, con un vestido azul ajustado, rodeado de policías y de una multitud de curiosos que lo graban y lo insultan, sin que las fuerzas de seguridad reaccionen.

Unos minutos antes, Chafik Lafrid conducía por una avenida muy concurrida de Marrakech, después de asistir a una fiesta organizada en esta turística ciudad marroquí. Una moto chocó contra su coche.

Un policía le pidió salir de su vehículo y él se negó, alegando que podía haber “problemas” con el enjambre de curiosos atraídos por el accidente, ya que llevaba un vestido azul de encaje, una peluca e iba maquillado, explica.

“La policía rompió el cristal con su macana y me extrajo del auto a la fuerza. Me quitó la peluca, me lanzó al suelo antes de ponerme las esposas”, recuerda Chafik Lafrid. Un medio local autorizado a seguir la ronda de los policías grabó la escena.

En la comisaría, un agente le tomó una foto y reveló su identidad. Después pudo regresar a su casa puesto que la multa solo se refería el accidente de tráfico.

‘Miedo a ser reconocido’

Al día siguiente, las imágenes de su detención, las fotos de la policía y sus documentos personales se hicieron virales en las redes sociales y los medios locales. El suceso suscitó una avalancha de comentarios.

La dirección policial sancionó a cuatro "responsables de la prefectura de policía de Marrakech" por "incumplimiento de las obligaciones profesionales" y por haber difundido sus "datos personales".

Pero Chafik Lafrid sigue “humillado” y “conmocionado”: “Mi vida ha dado un vuelco”, cuenta, asegurando que está “preocupado” por su seguridad. “Mi dirección actual fue difundida en internet, cualquier integrista puede venir a atentar contra mi vida”, advierte este propietario de un apartamento en Marrakech.

Su relación con sus padres, que ignoraban su vida secreta, "se rompió". Está de baja por enfermedad, incluso si su jefe, sus colegas y los pacientes de la clínica privada donde trabaja le enviaron mensajes de apoyo.

Desde aquella noche, vive con el “miedo de ser reconocido”, aunque vaya vestido de hombre y con gorra.

OjO AQUÍ: 🔍🔍 10 países en donde ser transexual es más que peligroso

Actualmente Chafik Lafrid quiere irse "allí donde las opciones individuales de cada uno son respetadas" y se ha puesto en contacto con el Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (Mali) para que le ayuden.

“Esta agresión representa la homofobia reinante que existe en Marruecos y más todavía la homofobia del Estado”, denuncia Ibtissam Lachgar, cofundadora del movimiento.

“El artículo 489 del código penal condena las relaciones homosexuales y los representantes del Estado presentes esa noche reflejan esta homofobia ya que humillaron a Chafik y difundieron sus imágenes”, insiste esta activista desde su casa de Rabat, bajo una bandera arcoíris —símbolo de la comunidad LGTB— colgada en la pared.

El código penal marroquí sanciona con penas de seis meses a tres años de cárcel “los actos libertinos o contra natura con un individuo del mismo sexo”. Aunque la homosexualidad está menos reprimida que en otros países de la región, en 2017, un total de 197 personas fueron investigadas por este motivo, según cifras oficiales.